La bienal de la ciudad más grande de China se suma a las tendencias posthumanas occidentales, con una apuesta por la escucha y la desaceleración antes que el espectáculo tecnológico.
El artista belga utilizó 58 litros de pintura verde y realizó una línea de casi 24 kilómetros, emulando la "Línea Verde" que atraviesa Jerusalén, demarcación que se estableció en el armisticio árabe-israelí de 1949.