Sus grafismos exploran los límites de la comunicación, el dibujo y la escritura. El lenguaje abstracto de sus cuadernos se erigió como un gesto único de vanguardia conceptual tanto en el ámbito lingüistico como en tiempos de censura.
Dermisache desarrolló una obra caligráfica a través de “escrituras ilegibles”. Su producción se encuentra entre la plástica y la escritura, e incluye libros, cartas, diarios y postales, con los que experimentó las posibilidades de expresión del trazo sobre el papel.