Mirtha Dermisache y las escrituras ilegibles

Sus grafismos exploran los límites de la comunicación, el dibujo y la escritura. El lenguaje abstracto de sus cuadernos se erigió como un gesto único de vanguardia conceptual tanto en el ámbito lingüistico como en tiempos de censura.  
Por Olivia Grimoldi

Tú que me lees, ¿Estás seguro de entender mi idioma?

                                                         Jorge Luis Borges

 

Mirtha Dermisache (1940 - 2012) nació en Buenos Aires y al terminar su educación secundaria, se inclinó por las artes plásticas e ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Sus primeros trabajos fueron realizados a partir de 1966, un año de tensiones políticas con el golpe militar producido por Juan Carlos Onganía, y a la vez, de plena vanguardia. La eclosión simultánea del pop, los happenings, el minimalismo y los comienzos de lo que luego se llamó conceptualismo, la colocaron en este contexto de experimentaciones artísticas con sus grafismos. Entre 1966 y 1967, realiza su primer libro de quinientas páginas, en el que muestra un gran interés por las nociones de lenguaje y escritura, entendidos según la artista, como grafismos. Esta base será posteriormente una gran dificultad, característica de toda su carrera. Sus primeras realizaciones llevan a pensar en las fronteras entre el dibujo y la pintura, así como la exploración de los límites de la comunicación. 

Esta inclinación por los cuestionamientos del lenguaje surge en una época muy marcada por el giro lingüístico y la imposibilidad de la libre expresión. La obra de Dermisache se acercó a una constante dialéctica entre lo que ocultaba y lo que permitía ver. No solo demostró un gran afán por los desarrollos semánticos, sino que también derivó en sus inquietudes respecto de la educación y el aprendizaje. Posteriormente, se abocó por completo a la etapa de docencia y creó el Taller de Acciones Creativas (TAC), un espacio para la experimentación y la expansión creativa en adultos. 

En los grafismos de Mirtha Dermisache hay un orden para que su comprensión sea asimilable con la literatura. La artista establece un control a través de reglas de los formatos literarios, estas reglas son definidas por los pensadores del movimiento estructuralista como estructuras. Todo tipo de escritura ya sea la novela, el cuento, la poesía, responde a una estructura ya pactada que se repite y así se establece como reconocible. En sus grafismos, se encuentran las estructuras que forman parte al control del discurso que otorga la artista para que el espectador las asocie con géneros ya conocidos, con la aparición de espacios determinados para los títulos, párrafos y sangrías. Con las escrituras consideradas asémicas, se observa cómo las palabras oscilan en un péndulo entre dos lugares. El primer oscilamiento ocupa el lugar de la ausencia; esto se debe a que el sentido del lenguaje no aparece, se manifiesta en forma de garabatos abstractos. Por otro lado, las palabras se exhiben en un segundo oscilamiento ocupando el lugar de la presencia. Al respecto, ella dejó varios interrogantes sobre el significado de sus escrituras. En un primer intento de interpretación, podría pensarse que son palabras cuyo sentido está oculto o codificado. Al sumergirse más en estas obras, surge la dualidad cuestionando lo legible-visible y determinando si estas escrituras son para leer o mirar. 

De manera análoga, muchos artistas de las vanguardias históricas explotaron el campo de la lingüística. El constructivismo ruso con los afiches de El Lissitzky (1890-1941), y el juego de palabras en los poemas dadaístas como Verse ohne worte de Hugo Ball (1886-1927) o los Poèmes nègres de Tristan Tzara. En un sentido más complejo, y vinculado con los grafismos de Dermisache, Henri Michaux (1899-1984) bordea los límites de la escritura y el dibujo creando lecturas incomprensibles para desfuncionalizar y estetizar el discurso. Uno de los mayores antecesores que privilegiaba la forma sobre el sentido, fue el poeta francés Stéphane Mallarmé (1842-1898) en su poema Un coup de dés jamais n'abolira le hasard.

En cuanto a la realización de la obra Libro nº1 (1967) parece ser un libro reconocible dentro del género literario. No obstante, al acercarse más, llama la atención la falta de título, autor, editorial o cualquier formato que aparece en un libro, por lo que no hay ninguna comunicación —a primera instancia— comprensible. El libro está compuesto por manuscritos de diferentes tipos y de diferentes colores. La variedad técnica también se encuentra presente ya que utiliza tinta y marcadores para las escrituras, por lo que, prevalece la realización manual. Hay líneas, curvas, ritmos de colores y de espesores en los trazos, formas más abiertas y otras más cerradas. Se puede observar una gran variación del color que nunca se encuentra mezclada en la misma página. En cada parte, se mantiene una misma sintonía cromática, ya sea el color verde, otra página amarilla, otra violeta y así sucesivamente. Otro de los juegos visibles es el de la contraposición entre la línea y la mancha, en algunos casos le otorga mayor importancia a las líneas verticales con tinta y una herramienta fina para destacar su valor de contorno. 

Al querer difundir sus grafismos, no obtenía mucho reconocimiento en Argentina —ni mucha comprensión por parte del público— por lo que, ella misma cuenta cómo la ayudó el cineasta Hugo Santiago en 1969: “Bueno acá nadie va a entender lo que estás haciendo. El único que lo puede entender es Jorge Luis Borges, pero Borges está ciego, así que no tenés ninguna posibilidad”. Este mismo le pidió uno de los libros editados para llevarlos a París y dárselos a conocer a Roland Barthes

En 1971, uno de los acontecimientos de mayor importancia fue la categorización que hizo el reconocido lingüista francés describiendo sus grafismos como “escrituras ilegibles”. Esto terminó de darle un lugar a Dermisache quien tomó las palabras de Barthes como su carta de presentación. Este fue el año definitorio para reconocer que, lo que estaba haciendo eran efectivamente escrituras. En consecuencia, el autor de Fragmentos de un discurso amoroso quedó fascinado con los grafismos ya que él había estudiado, a lo largo de su carrera, los esquemas del lenguaje hasta despojarlos al grado cero. Los define de esta manera: “Me permito simplemente decirle cuán impresionado estoy, no solo por la gran calidad plástica de sus trazos (esto no es irrelevante), sino también, y sobre todo, por la extremada inteligencia de los problemas teóricos de la escritura que su trabajo supone. Usted ha sabido producir una cierta cantidad de formas, ni figurativas, ni abstractas, que se podrían ubicar bajo la definición de escritura ilegible, lo que lleva a proponer a sus lectores, ni puntualmente los mensajes ni tampoco las formas contingentes de la expresión, pero sí la idea, la esencia de la escritura”.

Sosteniendo esta dificultad, Dermisache investiga también los medios de comunicación con la producción de su Diario 1, Año 1 realizado en 1972. En este sentido, el diario se preserva porque, se acerca a manchas o trazos más abstractos que legibles y, por consecuencia, se salva de fáciles interpretaciones: puede circular en una época de plena censura. Dermisache utiliza un lenguaje abstracto para hacer circular libremente sus escritos en un contexto de represión feroz, lo que supone el gran gesto de vanguardia de su trayectoria: la realización de escrituras sin comprensión receptora y por lo tanto sin censura. 

 

 

 

 

 

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