Tuvo una librería mítica en Alejandría y en Milán. Conoció a Breton, Duchamp y fue el responsable de que los ready-mades entrasen en los museos. El último gran testigo del arte del siglo XX.
Sus pinturas neorrealistas de cuadros clásicos camuflados dentro de imágenes pop, dispusieron los insumos del capitalismo por sobre las escenas del museo en un evidente gesto neodadaísta.