Karina El Azem: “Nuestra percepción opera como la relación entre el microcosmos y el macrocosmos”

Es parte de una camada de artistas surgida a mediados de los noventa, también conocida como estética del Rojas. Su obra discurre en torno a obras ornamentales y abstractas, donde la repetición de patrones y su carga simbólica, crean nuevas percepciones en el espectador.
Por María Paula Zacharías

Karina El Azem lleva décadas de trabajo con unidades mínimas, como municiones de diferentes calibres o mostacillas (ahora también, píxeles), para hablar en contra de la violencia, reflexionar sobre la ornamentación, revisitar ídolos populares y señalar injusticias. Su obra estará pronto compilada en un escrito por Florencia Battiti y Florencia Qualina, diseñado por Fabián Muggeri y editado por Fundación Tres Pinos. Participó en la primera parte de la muestra Espejismos. Un ensayo sobre los 90 en Fundación Cazadores (ahora se puede ver la segunda parte, con obras de Juan José Cambre, Marcela Cabutti, Fabián Burgos, Jane Brodie, Sergio Bazán, Silvia Gai y Daniel García), y su calendario de muestras continúa en octubre, cuando tendrá una exposición individual en MUNTREF, Sede Hotel de Inmigrantes, curada por Diana Wechsler. En marzo, expone en el Museo Caraffa, con curaduría de Patricia Rizzo. Y hay más: "Tenemos el proyecto de volver a la televisión con Alberto Passolini, creo que pronto será un hecho", cuenta.

 

–Has trabajado con muchos tipos de materiales. ¿Cuál es el que te cautiva ahora?

–Veo que a lo largo de los años mi trabajo se ha ido desarrollando de una forma circular, especialmente en el uso de los materiales. Suelo retomarlos una y otra vez. En este momento estoy haciendo una obra con casquillos de balas 22, aunque lo que más me entusiasma es trabajar con patterns de cuentas en la computadora, armar los cuadros que luego imprimo. Esa técnica la usé por primera vez en los años 90 y la retomé con muchísimo interés en 2018 y me da cada vez más posibilidades. Ahora estoy trabajando en NFTs y realidad aumentada con Felipe Duran –UXart–. Es algo muy orgánico, viniendo del arte digital desde hace más de dos décadas.

 

–¿Qué problemas te están ocupando a la hora de ponerte a crear?

–En muchas obras, me centro en la idea de superficie, patrón y repetición al ocupar el  espacio dado, como un medio para internarme en la percepción del espectador de la  escala, la proporción y el límite dentro de un espacio arquitectónico. En los últimos trabajos, focalizo en la imagen, en la grilla, en la construcción utópica a partir del cruce de líneas, interesada en las implicancias culturales de la idea de que pueden existir líneas rectas, noción que sabemos que es una creación humana, ya que la naturaleza construye en espiral. Haciendo foco en la construcción virtual de la realidad y la producción cultural, el conjunto de premisas sociales que toda decisión de escala, lugar, dimensión o límite implican desde un sentido tanto estético como ético. Actualmente estoy centrada en nociones vinculadas a la geometría fractal propuesta por Mandelbrot. Si bien ellos se definen por responder al principio de “autosemejanza”, es decir, cada parte contiene la semilla para recrear el conjunto, con cada nivel de aumento surgen diferencias del original. 

 

–¿Alguna idea sobre la belleza?

–Desde la antigüedad los humanos hemos asociado la belleza y lo sagrado de algunas formas en el  arte y la arquitectura a los fractales, y el físico Richard Taylor encontró una conexión en el arte de Jackson Pollock. Los fractales introducen el caos, contienen ruido y orden. Cuando nuestras mentes reconocen un patrón nos enfocamos en él como si fuera una cosa, tratamos de encontrar patrones que consideramos bellos, pero a fin de sostenerlos en nuestras mentes debemos apartar el resto del fractal. Para comprenderlos limitamos su movimiento, buscamos reconocer un lenguaje, el que permite a los restauradores completar una pieza usando la extrapolación. Nuestra percepción opera como la relación entre el microcosmos y el macrocosmos. Entre el mundo de las ondas, y el mundo de las cosas, lo limitamos y a la vez, le damos existencia.

 

–Integraste la primera parte de la muestra en Fundación Cazadores sobre los 90: ¿Cómo definirías esa década en el arte y en tu obra en particular?

–Me encanta este ciclo de dos exposiciones vinculadas a los 90 que se planteó en Fundación Cazadores con la curaduría de Florencia Qualina. Es una mirada amplia sobre la década que incluye un interesantísimo material audiovisual de archivo, cine, gráfica y extiende la noción de los 90 que se conoce como la estética del Rojas, por resumirlo, hasta las piezas que incluye en las exposiciones que no necesariamente fueron producidas en esa década. Por ejemplo, el Perón pintado con pintura que cambia de color según el clima es del 2008, pero encaja perfecto en la muestra. Los 90 para mí tienen etapas muy diferenciadas: yo egresé de Bellas Artes en 1992, al año siguiente comencé a ir al taller de Monica Girón, una de las primeras clínicas de arte que existieron, después entré en el Taller de Barracas de la Fundación Antorchas, en 1999 participé del envío argentino a ARCO del Fondo Nacional de las Artes que presidía Amalita junto a Leandro Erlich, Elba Bairon, Martín di Girolamo y Raúl Lozza. Los artistas solíamos trabajar con elementos de la cotidianeidad, que fue lo que quedó decantado en “arte light”, contraponiéndose erróneamente al “arte comprometido”. Yo creo que a grandes rasgos somos la primera generación decepcionada de la política e interesada en “el metro cuadrado que me rodea”, como dijo Marcelo Pombo al referirse a su práctica, como una manera de protegernos y a la vez de profesar el cinismo que nos provocaba el entorno. Hay mucho arte y muchos espacios de los 90 por revisar.

 

–¿Cómo son hoy tus días de artista? 

–Produzco mi obra en mi casa. Tengo un espacio en el Polo Cultural Saldías con obras exhibidas donde hago reuniones. Trabajo con bastante organización todos los días, muchas horas al día. Mis hijos van al colegio a jornada completa, así que arranco temprano y aprovecho al máximo el tiempo que podemos compartir, ya tienen ¡catorce y once años! Hay teorías científicas que aseveran que el tiempo está pasando más rápido: estoy convencida de que es así.

 

–¿Qué es el arte en tu vida?

–El arte en mi vida es una necesidad, un quehacer inevitable. 

 

 

 

 

 

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