Mónica Heller: "El sueño es un lugar creativo que sigue trabajando"

Es la artista elegida para representar al país en el Pabellón de Argentina en la 59ª edición de la Bienal de Venecia. Sus inquietantes videos toman recursos de la animación amateur, el DIY y los modelos CGI de bibliotecas en Internet.
Por María Paula Zacharías

Nacida en 1975, en Buenos Aires, desarrolla su obra a través del dibujo, la pintura, animaciones 2D y 3D, con un despliegue de narrativas densas y personajes antropomorfos y objetos sumergidos en un mundo simbólico. En el dossier que comparte su galería, Piedras, se explica: "Sus personajes salidos de cuentos o fábulas asumen roles adultos en relaciones complejas que vinculan al espectador con representaciones cercanas en desplazamiento constante de sentido. Los principales recursos de su obra provienen de la transacción entre un imaginario fantástico como medio de interpretación y sublimación de lo real como experiencia inaprensible. Toma elementos retóricos y recursos del dibujo animado, la pintura narrativa, el video game y el cómic entre otros. Su obra se centra en el impacto emocional, social y existencial de imaginarios atravesados por el uso de la tecnología, los recursos de la animación amateur, el DIY, modelos CGI de bibliotecas en Internet, el diseño y la edición. Gran parte de su práctica se deriva del aprendizaje de las técnicas de ejecución y creación". 

Su propuesta para la Bienal de Venecia es una video instalación multicanal de animación 3D y tiene a Alejo Ponce de León como curador. Cuando recibió la noticia, dio un pequeño discurso donde adelantó detalles del envío: "Es una video–instalación donde un conjunto de personajes se construyen, deconstruyen y destruyen a sí mismos y se transforman a partir de su propio entorno y desde su deseo. Estos seres que provienen de un mundo fantástico y de mi imaginación, existen en un espacio y un tiempo que les son propios, pero que de alguna manera espero que logren contagiar al tiempo y al espacio del pabellón argentino en Venecia".

En la entrevista que sigue, cuenta sobre sus comienzos, su formación, el desarrollo de su obra y sus sueños.

 

–¿Cómo fue tu paso por la academia? 

–Estudié el Magisterio de Bellas Artes en San Isidro y luego estudié el Profesorado de Pintura en el IUNA. Ahí pasé por todas las disciplinas. Siempre me gustó dibujar y pintar, como a todos los chiques. Para mí era bastante esperado el momento en que empecé a estudiar arte porque realmente lo quería. A los quince años empecé a hacer taller de pintura, aunque quería desde antes. 

 

–¿Por cuál disciplina sentís más amor/placer?

–La pintura me encanta, es algo muy directo y me da bastante placer. La animación tiene una dificultad, es muy exigente en cuanto técnica porque está más mediada. Hay que aprender bastante de programas, de edición, y hay que hacer mucha práctica. Son distintas, las dos me dan mucho placer, pero para mí están muy vinculadas.

 

–¿Cuál nunca experimentaste?

–Como artista, con mi obra personal, no volví a hacer grabado ni escultura. Aunque ahora de repente la espacialidad y los objetos que tienen que ver con el video sean un lugar a desarrollar próximamente, porque me interesa esa realidad entre el video y el objeto.

 

–¿Cómo llegaste al video?

–Llegué al final de la Pueyrredón (que en ese momento estaba en transición de ser el IUNA), cuando en Historia empezamos a llegar a las vanguardias, que en ese momento era lo más contemporáneo a lo que se podía llegar en conocimiento académico. Empecé a conocer a Duchamp, Fluxus, y distintos movimientos relacionados con otro tipo de disciplinas. Me empezó a interesar el video, el sonido. Me fui metiendo de a poco a ver de qué se trataba y a ver artistas.

 

–¿Cómo aprendiste esta técnica?

–Cuando tuve mi primera computadora, y básicamente, Internet, fui aprendiendo. Me interesaba aprender herramientas digitales. Estaba alerta. Se usaba en ese momento Flash, que permitía animar, y esa fue mi entrada a la animación. Desde entonces sigo investigando y aprendiendo a usar programas para trabajar la imagen y el sonido. Es una parte importante en mi obra. 

 

–¿Qué te permite la animación?

–Trabajar el tiempo y situaciones, comportamientos, que son totalmente fantásticos y que están totalmente despegados de la realidad en cuanto al cuerpo, la materia y las lógicas del mundo real. En una animación puede pasar cualquier cosa, los cuerpos se pueden transformar, los objetos pueden volar, se deforman... una cantidad de acciones que en la pintura y el dibujo están, pero son una sola, fija. En cambio, el movimiento, las transiciones y los comportamientos son muy propios de la animación.

 

–¿Cómo definís la animación?

–Específicamente, está en un lugar intermedio entre el cine experimental y el videoarte, hay medio una nebulosa ahí. La animación se fue abriendo paso durante mucho tiempo en relación a las artes visuales. Su desarrollo en 2D, 3D o stop motion está vinculado al avance de nuevas tecnologías.

 

–¿Cómo sentís que es la visibilidad de estas obras?

–Ahora es mayor que nunca. Hay mucho desarrollo de animaciones en distintos formatos, tanto en YouTube como en artistas muy reconocidos. Creo que hoy la animación está bastante aceptada en las artes como una más.

 

–¿Hay dificultades para su exhibición?

–Ahora es mucho más sencillo, porque la tecnología es más accesible. Recuerdo en el 2006, una de mis primeras obras de animación 2D con After Effects era un recorrido de oficinas interminables de imágenes que había bajado y había compuesto por Photoshop y luego animado, un video muy sencillo, un paneo sin fin de oficinas vacías y mi idea era poder proyectarlo en escala real en relación al cuerpo, para crear una situación espacial entre el video y el espectador, y en ese momento parecía una locura estar pidiendo un proyector. Hoy es todo muy sencillo, y esas cosas se fueron simplificando. 

 

–¿Cómo llegás a Venecia?

–Mi primer acercamiento fue preguntar cómo era para ir a Venecia. Empecé como un juego, para ver cómo es, qué mecanismos en las artes visuales funcionan para poder llegar a un lugar así, de máxima visibilidad. Empecé a preguntar, y salió la primera convocatoria y me presenté: ya poner en el aire este deseo tenía alguna fantasía de que podía ser real. La primera vez no quedé. Pero me volví a presentar sola. Esta vez fue todo muy rápido, la convocatoria, el cierre. Tenía una idea, trabajé en un proyecto, y fue elegido. 

 

–¿Soñabas con estar ahí?

–Fue muy gracioso porque en el momento en que tuve la idea y tenía que proyectarla de manera escrita, desarrollarla, tuve una visión. Me levanté a las cinco de la mañana con la imagen de la muestra y me puse a escribir las ideas que habían aparecido en ese sueño. Lo visualicé. No creo que sea nada místico, sino la cabeza funcionando: el sueño es un lugar creativo que sigue trabajando. Así que sí, soñé con la instalación, y fue muy lindo, la verdad. El tema de la muestra está vinculado con los sueños. 

 

–¿Qué podés adelantar de la obra de la Bienal?

–Se relaciona con el surrealismo, una deriva de lo que fue alguna vez una vanguardia que abrió un montón de posibilidades en relación a desarmar el lenguaje, especialmente los poetas surrealistas y el dadaísmo. Me interesa la metafísica, también, es un lugar donde me siento cómoda. Un ida y vuelta entre lo que aparece, las asociaciones, los personajes, las acciones. La animación permite la fantasía total, el humor, el absurdo. Me interesa correrme de las relaciones más obvias y el sentido común. Ese corrimiento es a lo que apunto.

 

–¿Qué expectativas tenés respecto de la Bienal?

–Estoy tratando de ir día a día porque hay mucho para hacer. Estoy concentrándome en la animación, los personajes. Terminamos de diseñar la instalación, que llevó mucho tiempo. Ahora estoy enfocada en los videos, que son el corazón del proyecto. Son varias pantallas de distintos formatos, proyecciones, televisores LCD y mapping. Me queda bastante por hacer. Trato de no adelantarme y ver lo que depará la situación, un poco esperada y un poco inesperada. Las dos situaciones conviven. Nunca fui a Venecia. Me concentro en la obra, y lo demás llegará solo. Es lo que siempre pensé. Alejo Ponce de León, el curador, está trabajando conmigo, con un equipo muy increíble que se armó especialmente para esto. Mis galeristas de Piedras, Rafael Beltrán y Santiago Gasquet, están trabajando muy bien, de manera sostenida, ya hace varios años y sin su apoyo y gestión no hubiera sido posible llegar a esta instancia.

 

 

 

 

 

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