La Crucifixión y El Apocalipsis, de Antonio Berni

Pocos meses antes de su muerte, en 1981, Berni realizó dos pinturas monumentales para una capilla de General Las Heras. Más de cuatro décadas después, siguen en su emplazamiento original.
Por Martín Sassone

 

Dos enormes murales cargadaos de figuras, colores intensos y escenas dramáticas dominan las paredes de una pequeña capilla de la ciudad bonaerense General Las Heras. A cada lado del altar, La Crucifixión y El Apocalipsis llevan la firma de Antonio Berni y forman un conjunto excepcional dentro de su producción: fueron realizadas especialmente para ese lugar en 1981, pocos meses antes de la muerte del artista.

Las obras se encuentran en la capilla del Instituto San Luis Gonzaga, una construcción de líneas austeras cuya sencillez potencia el impacto de las imágenes. Allí Berni desplegó su particular lectura de dos grandes temas de la tradición cristiana y los pobló con personajes de rasgos contemporáneos, cuerpos tensos y rostros expresivos. Las escenas religiosas quedaron así atravesadas por algunos de los asuntos que recorrieron toda su obra: la violencia, la desigualdad, el sufrimiento y la esperanza.

La historia de los murales nació a partir de una iniciativa del padre Hipólito Pordomingo, rector del establecimiento perteneciente al Obispado de Mercedes e impulsor de la creación del colegio, inaugurado en 1961 para cubrir la necesidad de educación secundaria en la localidad. El sacerdote promovió años después la construcción de la capilla, concebida con espacios destinados especialmente a recibir obras de arte.

Para concretar el proyecto recurrió al pintor local Esteban Semino, amigo de Berni, quien actuó como intermediario para acercarle la propuesta. El artista aceptó el encargo y comenzó un proceso que se extendió durante varios años entre estudios, dibujos, apuntes y la ejecución de las grandes telas, pensadas desde el comienzo para las dimensiones y la iluminación del templo.

La Crucifixión y El Apocalipsis fueron finalmente inauguradas el 21 de junio de 1981, día de San Luis Gonzaga, durante los festejos por el vigésimo aniversario del instituto. Pintadas con acrílicos y montadas sobre bastidores, las obras ocupan alrededor de 15 metros cuadrados y quedaron instaladas a ambos lados del altar, donde todavía permanecen.

Berni partió de imágenes reconocibles de la iconografía cristiana y las trasladó a su propio universo. En La Crucifixión, el Calvario aparece rodeado por una multitud que convierte el episodio bíblico en una escena colectiva marcada por el dolor. El Apocalipsis presenta una composición todavía más agitada, poblada por figuras y gestos que expresan el enfrentamiento entre el bien y el mal. La tradición religiosa adquirió así los rostros y las tensiones sociales de finales del siglo XX.

El proyecto tenía prevista una tercera obra. Berni debía pintar La última cena para el sector ubicado detrás del altar y había comenzado a elaborar ideas para esa composición. La escena iba a incorporar personajes ligados a su universo artístico, entre ellos Juanito Laguna y Ramona Montiel, junto con trabajadores y habitantes de Las Heras. La muerte del artista, ocurrida el 13 de octubre de 1981, dejó inconcluso aquel plan.

Nacido en Rosario en 1905, Antonio Berni fue una de las figuras fundamentales del arte argentino del siglo XX. Pintor, grabador, dibujante y creador de collages y objetos, desarrolló una producción profundamente vinculada con los conflictos sociales de su época. Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos de sus personajes más célebres, le permitieron retratar la pobreza, la marginalidad, el consumo y las desigualdades a través de materiales recuperados de la vida cotidiana. Su búsqueda atravesó distintas técnicas y lenguajes hasta sus últimos meses de vida.

Las obras de General Las Heras adquirieron con los años una dimensión patrimonial que trascendió al instituto. En 2002 fueron declaradas Patrimonio Cultural de la provincia de Buenos Aires y en 2023 la Cámara de Diputados de la Nación las declaró de interés, con un reconocimiento que alcanzó también al padre Pordomingo, a Semino, a la artista Graciela Lemmo y a la comunidad que contribuyó a su conservación.

Más de cuatro décadas después, dentro de aquella capilla de General Las Heras, a unos 90 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, permanece uno de los últimos grandes trabajos de Berni, una obra en la que imágenes nacidas hace siglos volvieron a cobrar vida con los rostros, las angustias y las esperanzas de su propio tiempo.

 

 

 

 

 

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