Tuvo una librería mítica en Alejandría y en Milán. Conoció a Breton, Duchamp y fue el responsable de que los ready-mades entrasen en los museos. El último gran testigo del arte del siglo XX.
Pionero del futurismo italiano, capturó el movimiento de lo cotidiano desde la percepción moderna de un mundo que comenzó a girar más rápido de lo que el ojo humano podía procesar.
¿Qué implica trabajar en un campo donde no hay objeto definido ni meta clara, donde todo puede fracasar y donde, incluso si se triunfa, no se sabe muy bien en qué consiste ese triunfo?
Si la utopía de las vanguardias ha sido consumada en una seductora forma de estetización del mundo, ¿Qué encrucijadas nos plantea hoy el capitalismo artístico?