Flavia Da Rin: “Mi trabajo es una manera de digerir el mundo”

Con referencias a la publicidad, el animé y la historia del arte, sus obras cuestionan los estereotipos de belleza femeninos. Protagonista de sus propias piezas, encarna cuerpos de mujeres que retocados digitalmente se desplazan de lo real a ficcional. 
Por Marina Oybin

 

No es tarea sencilla ponerse en la piel de otro: implica sensibilidad y empatía que no todos poseen. Flavia Da Rin, artista argentina con sello inconfundible, hace más de veinte años que lo logra: se pone en el cuerpo y en la piel, claro, de personajes hipnóticos. Se disfraza, diseña el vestuario y la escenografía y se saca miles de fotos que luego retoca digitalmente. Todas esas mujeres son ella y, al mismo tiempo, otras. Sus obras tienen guiños a la historia del arte, la estética de la publicidad, el manga, el animé y aluden también a la sumisión a los estereotipos de belleza femeninos. 

Hay obras suyas en el Malba, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y en colecciones privadas de América Latina, Europa y EE.UU. Su obra formó parte del envío argentino a la Bienal de Busan (Corea del Sur, 2006) y a la Bienal de Cuenca (Ecuador, 2007). El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presentó en 2019 Quién es esa chica, mega retrospectiva de su obra. En la galería Ruth Benzacar, se expuso El misterio del niño muerto y Terpsícore entreguerras, dos inolvidables exposiciones. Realizó trabajos para firmas de diseño como Cartier y Hermès.  

Durante la pandemia la artista indagó en la forma en que los cuerpos aislados por la cuarentena obligatoria aparecían en pantalla: “Me interesó cómo en el contexto de las redes sociales  adoptaban y se multiplicaban muchas veces las poses y manierismos propios de una industria como el porno clásico —heterosexual, dirigido al público masculino—. Me surgió la pregunta de por qué seguimos sosteniendo en las feminidades esas formas, después de tanto trabajo de cuestionamiento y deconstrucción. Me cuestioné si esas formas no eran ya lugares comunes caducos y fuertemente diseñados, que seguimos mecánicamente. Como considero a mi trabajo una manera de digerir —o quizás asimilar— el mundo y pensarme dentro de él, y además trato de entender lo real o lo cotidiano gracias a un desplazamiento hacia la ficción para  verlo mejor, en ese desplazamiento encarno personajes. Y en este caso en particular fueron un grupo de mujeres blandas, sujetas a la ley de gravedad, que también adoptan poses clásicas de este tipo de consumo”, contó la artista de esta serie.

 

—¿En qué estás trabajando ahora?

—Terminé la serie Mujeres blandas, que hice entre fines del año pasado y éste, que está en Instagram. Y estoy dando clases en la clínica y en el Di Tella.

 

—¿Qué características claves tienen las mujeres blandas? 

—Tienen que ver con ciertos clichés del erotismo y de la sexualización: específicamente de los cuerpos femeninos en ciertos lugares de consumo y en las redes. 

 

—¿Cuál fue el estereotipo de belleza femenino que más te interesó satirizar en esta serie?

—Esta serie trata de satirizar cierto estereotipo que me parece que no se sostiene más. Las llamo mujeres blandas: son mujeres cuyos cuerpos están sometidos a la gravedad. Sus pechos están caídos, tienen un poco esas características. Van en contra de lo que usualmente se pone en foco, que es la turgencia, la juventud.

 

—En el momento más crítico de la pandemia, recuerdo que hiciste otras mujeres atravesadas por esa fuerza de la gravedad, como decís. 

—No las considero tanto una secuela. Probablemente tengan que ver con una cuestión vinculada con la pandemia, donde el tema del erotismo pasó mucho por la imagen, y por el intercambio de imágenes entre usuarios: eso es algo que yo pude ver en las redes. Sí, me parece que tiene que ver con cuerpos sobreexigidos o con cuerpos abatidos, que tal vez tengan que ver con la pandemia o con la saturación de ciertas formas. Se relaciona con eso: con seguir repitiendo determinadas formas sin tener en cuenta qué es lo que pasa con el recurso, con el cuerpo. Seguir repitiendo aunque todo esté cayéndose. Seguir repitiendo el cliché de la pose sexy, aunque el estereotipo de lo sexy ya haya pasado, ya esté híper cuestionado. 

 

—¿Hay algún estereotipo de belleza al que le hiciste frente en tu vida?

—De niña y adolescente me costaba mucho identificarme con el estereotipo femenino y eso creo que hacía que me sintiera menos mujer porque había un único estereotipo. La forma de ser mujer parecía que era una sola. Por suerte, eso está cambiando y se están proponiendo otros estilos: otras feminidades y masculinidades. Pero en los ochenta y los noventa había una sola: y si no caías en esa, a veces era un poco incómodo para las infancias y para las juventudes.  

 

—Muchos nos sentimos identificados con los personajes intramuros que hiciste en cuarentena, ¿recibiste mensajes en las redes? 

—La recepción, por lo menos los mensajes que recibía o los que me comentaban algo, se sentían muy identificades, tanto las feminidades como las masculinidades: ambos decían “¡Sí, soy yo este!”. Pero también creo que fue porque la serie tenía algo de comentario de eso que estábamos digiriendo en ese momento. Estaba muy pegada a las cosas que iban pasando semana a semana, que te iban cambiando el panorama: como el consumo de alcohol, el tema del barbijo, el insomnio, todos esos síntomas que nos sucedían a todos. Por eso había mucha empatía con esa serie: era como un comentario en tiempo real. 

 

—Aparecía algo fuerte de la decrepitud también. 

 —Creo que durante ese momento cambió un poco la conciencia del tiempo también y del encuentro con uno mismo. La decrepitud viene un poco por ahí: una decrepitud no sólo de las personas sino del mundo. De darnos cuenta de qué habíamos hecho, que ahora parece que se nos pasó de vuelta. 

 

—¿Cuáles fueron los temas que más te replanteas en el último tiempo?

—A mí me agarra a los cuarenta y pico, y también es una edad de replantearse cómo uno quiere estar en el mundo. Los planteos son muy personales, pero tienen que ver con eso: desde dónde te querés parar ante las cosas que pasan alrededor: pueden ser cosas familiares, sociales, cosas que tienen que ver con el mercado o con lo que sea. Tienen que ver con una cuestión de posicionamiento. Es bueno preguntarse periódicamente quién es uno.

 

 

 

 

 

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