Nora Aslan: "Siento que nada se queda quieto"

Artista visual, consagrada y premiada; ha expuesto ininterrumpidamente desde mediados de la década del setenta hasta la actualidad. Del arte textil y las instalaciones, pasando por los collages y la fotografía, su recorrido artístico alcanzó reconocimiento internacional.
Por María Paula Zacharías

 

La obra de Nora Aslan se amplía en un nuevo repertorio de sentidos. Con fotografías que ella toma construye su paleta, y la despliega en collages temáticos o texturados. También ensambla y resignifica objetos encontrados. No es clasificable. Del arte textil Aslan ha saltado a todas las disciplinas posibles. 

Los modos de ver, la desarticulación de las apariencias, su acercamiento exploratorio a las realidades y la oposición entre proximidad/lejanía y apariencia/realidad constituyen el núcleo conceptual de su trabajo. Entre 1975 y 1984 trabajó el arte textil y mereció el Premio Konex en 1982 y 1992, el Primer Premio América ‘92 en el CAYC, el Primer Premio del Salón Municipal de Tapices en 1979 y el Primer Premio del Salón Nacional de Tapices en 1978. En los 90 incursionó en objetos e instalaciones para luego centrarse en el collage. En 1997, presentó la serie consagratoria Alfombras en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 2019, el Museo Emilio Caraffa de Córdoba le dedicó una exposición antológica.

En la muestra Caleidoscopio, que presenta en Gachi Prieto –donde transcurre esta entrevista–, reúne obras realizadas durante la pandemia. Bucea en su propio archivo para indagar en la incertidumbre del entorno. "Caleidoscopio es un recorrido a través de tesoros escondidos, hallazgos imposibles, testigos, e imágenes que cambian de sentido y generan relaciones sorpresivas", escribe en el texto curatorial María Alejandra Gatti.

 

–Después del encierro, ¿cómo fue volver al taller?

–Me mudé al centro, y mi taller está en Beccar. Cuando pude volver, me encargué los bastidores más grandes que había. Me di cuenta de que en la pandemia la gente miraba álbumes, volvía a ver fotos de cuando eran jóvenes, de su historia, de sus abuelos o de sus hijitos. Estaban metidos en su interior. Y decidí hacer algo con eso y con los elementos que tengo porque no podía salir a hacer fotos e imprimirlas. Tenía restos de mis collages de distintos momentos, de la época en que yo usaba imágenes apropiadas y las de ahora, cuando sólo uso mis propias fotos. Había de todo. Entonces, empecé a sacar. Son bastidores con dos paneles, que parecen álbumes. Uno es el plano de la incertidumbre del momento y otro es el señalador, que marca algunos puntos. No suelo pintar, lleno el plano con collages, pero acá empecé pintando planos de color y busqué imágenes que sintiera que en ese momento necesitaba poner. Al comienzo, con imágenes ajenas, de fuegos, Adán y Eva, serpientes, mis personajes que son testigos que quieren ver y que no quieren ver, y los Yokais que se burlan de los dioses. No se termina de llenar este plano, que es la espera. Cuando lo terminé, empezaron los incendios de los bosques: me puso la piel de gallina. 

 

–¡Tiene llamas por todos lados! Un cuadro premonitorio. Después hiciste tres más.

–Escuchaba la radio y sucedía esto. Como estos personajes, no sabían a dónde ir. Encontré paneles de un cuadro anterior sobre juegos de azar antiguos: qué viene, qué no viene, qué va a pasar. Los libros donde está explicado todo. Los dioses. Hice un cuadro sobre los animales, cuando estaban volviendo a las ciudades. Los animales son parte de todo mi programa. Uso fotos sacadas en los museos de ciencias naturales. Muestran el horror de cómo se les explica a los niños qué hermosos son los pájaros a través de animales pinchados, con los ojos sacados, muertos. Aprenden de la naturaleza de una manera perversa.

 

–En otro cuadro no hay animales sino libros.

–La cultura. Saqué fotos en un monasterio de Córdoba, donde se guardan biblias incunables. Hay lectores, están los que se duermen mientras leen, Joyce, páginas de libros, bibliotecas…

 

–También trabajás en objetos o instalaciones. La muestra puede pensarse como toda una gran instalación.

–Cuando llegué a la galería Gachi Prieto había una muestra de paredes blancas y cuadros en la pared. Y yo pensé en romper esa pared, hacer que se vaya hacia atrás y romper el paralelepípedo. Entonces, tomo los colores de los cuadros y los traslado a la pared opuesta. Se establece un diálogo. Fui a la feria de Dorrego a ver cachivaches y hacer retratos de muñecos. Encontré budineras antiguas o moldes para hacer muñecos e hice unas vírgenes suicidas. En realidad, los niños ven, juzgan, los muñecos también, los payasos se ríen de nosotros. Están los que ven demasiado. Están los que no quieren ver y dan las espaldas. Están los que padecen. Están las mujeres que han sido cosas. Están las estatuas que las acompañan y se horrorizan. Están los pájaros que se han desarmado. Está lo que queda de todo. La mujer fuerte que tiene una piedra en la cabeza. La peste. Los inocentes. Los animales que tienen ternura y se acercan. 

 

–Un caleidoscopio.

–Siento que nada se queda quieto. Todo el tiempo tengo la sensación de que el caleidoscopio se mueve constantemente y que cada uno que lo mira ve de una manera distinta y no hay una determinada forma de mirarlo. Si te movés un poquito, ves otra cosa y si yo te presto el caleidoscopio para que veas qué linda figurita vi y moví la mano, ya no vas a ver eso.

 

–Todo depende del cristal con que se mire.

– Exacto. De repente me di cuenta que la capa del rey que yo había hecho hace varios años tenía sentido y venía cuento, y se relacionaba con esta cosa que las mujeres hemos hecho en el arte textil tantos años en la Argentina sin ser demasiado reconocidas. Por suerte ahora lo empiezan a hacer. Entonces pensé que era hora de sacar al rey desnudo y mostrar qué pasa que el único que dice que está desnudo es el niño, mientras todo el mundo lo aplaude. Es una obra de los 80, de la última vez que yo me presenté en un salón nacional.

 

–Vos vivís adentro de un caleidoscopio, mirando una enorme cantidad de imágenes que acopiás. Son tu paleta.

–¡Sí! Eso es lo que sostiene todo. Es una manera de no dejar de ver nunca. Para mí el tema es dar a ver: que los demás vean un mundo que no conocen. 

 

 

 

 

 

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