Homenaje a la democracia de Gyula Kosice

Es uno de los pioneros del arte cinético en Latinoamérica e impulsor de la conjunción del arte, la ciencia y la tecnología. Su monumental obra, que es una de las protagonistas de la 9 de Julio porteña, parece recién aterrizada de una galaxia muy lejana.
Por Ignacio Marchini

 

Una esfera de acero inoxidable, pulida hasta reflejar como un espejo el entorno y las luces que la rodean, flota sobre una fuente de agua de casi cuatro metros de diámetro. La sostienen suspendida dos grupos de columnas de hormigón martelinado de seis metros de largo, que a su vez se encuentran emplazadas sobre un talud de pasto de metro y medio de altura. Tres chorros de agua, que representan la Paz, la Libertad y la Solidaridad, salen de la base de la imponente escultura monumental que asemeja una letra M, compuesta por cuatro barras verticales.

Situada sobre la calle Cerrito en la Plazoleta Tucumán, entre Marcelo T. de Alvear y la Avenida Santa Fe, el monumento llamado Homenaje a la democracia, del reconocido artista Gyula Kosice, fue inaugurado en la Ciudad de Buenos Aires hace más de veinte años por el entonces presidente Fernando De la Rúa. Desplazada de su lugar original (por la llegada del Metrobus) en la intersección de la Avenida 9 de Julio y Marcelo T. de Alvear, la fuente “no representa nada”, explicó su autor el día de su presentación, en mayo del año 2000. “Son símbolos en sí mismos. ¿Por qué nadie se pregunta qué quiere decir el Obelisco? Pienso que hay que sintetizar y poetizar el mundo. Entonces, busqué un diálogo entre la ciudad y el peatón desprevenido. De día y de noche, con sol o lluvia, la obra es muy distinta”, desarrolló el escultor y poeta nacionalizado argentino.

Ferdinand Fallik, conocido por su nombre artístico de Gyula Kosice, nació un 26 de abril de 1924 en la ya extinta Checoslovaquia. Apenas con cuatro años de edad emigró hacia Argentina con sus padres y cuatro años después quedó huérfano. Intenso lector y amante de la poesía, escribió su primera composición a los trece años, en la que ya hablaba sobre “las pisadas del hombre al espacio”, temática que lo acompañaría durante toda su carrera artística. Fue en la década del cuarenta cuando comenzó a incursionar en la producción plástica, explorando la pintura, el dibujo y la escultura no figurativa, es decir, abstracta, no representativa de la realidad física.

Kosice, que eligió su apellido fantasía en honor a su ciudad natal, fue uno de los precursores del arte de vanguardia cinético, lumínico e hidrocinético, además de ser impulsor de la conjunción del arte, la ciencia y la tecnología. En 1944 creó Röyi, la primera escultura articulada y móvil de Latinoamérica y la primera del continente que invitaba al espectador a interactuar con la obra. En los años siguientes fue incorporando el gas neón (de los primeros en hacerlo) y el agua, materiales que se volverían marcas registradas de sus creaciones; éste último, fundamental en Homenaje a la democracia.

Fue uno de los cofundadores, junto a los artistas plásticos uruguayos Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss, del Movimiento Madí, una propuesta que abarcaba todas las ramas del arte bajo los preceptos de llevar al extremo las ideas de “creación” e “invención”, eliminando la correlación directa de la obra con las figuras de la realidad y potenciando el vínculo entre arte, ciencia y tecnología, la tríada que Kosice ponía en el centro a la hora de crear. “Hay que liberar al hombre de toda atadura psicológica y sociológica”, explicaba el artista de origen húngaro, precursor en América Latina del arte cinético, una corriente basada en la estética del movimiento (real o aparente).

El aspecto futurista de Homenaje a la democracia no es una casualidad. “El hombre no ha de terminar en la tierra”, dijo Kosice en 1944 para la revista Arturo. Uno de sus trabajos más conocidos, La Ciudad Hidroespacial, es una muestra originada a mediados de los años cincuenta y compuesta de múltiples piezas pequeñas que representan hogares del futuro, donde la humanidad viviría suspendida a más de mil metros de altura; casas sin habitaciones específicas, fundidas en un único ambiente que rompe con los cánones de la arquitectura tradicional, una de las ideas centrales del artista. “La ciudad espacial es una necesidad biológica. Porque en veinte años va a haber tal cantidad de habitantes en el planeta que habría que intentar ubicarlos. El espacio es inconmensurable, ¿por qué no lo vamos a aprovechar?”, contaba en una entrevista en el año 2010. Los planes actuales de magnates como Elon Musk y Jeff Bezos de colonizar el espacio, setenta años después de la primera exposición de La Ciudad Hidroespacial, parecen darle la razón.

 

 

 

 

 

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