Mausoleos monumentales, esculturas excepcionales y personajes históricos que marcaron el destino del país lo convierten en una de las necrópolis más célebres del mundo.
Inaugurada en 1984 frente al Centro Cultural Recoleta, la imponente obra de mármol transformó el concepto clásico de monumento urbano, preponderante en la ciudad de Buenos Aires.
Entre geometría, vacío y horizonte, la monumental escultura de acero ubicada frente al Museo Nacional de Bellas Artes, representa de manera abstracta la salida del sol.
Instalada en pleno corazón de Buenos Aires, la obra del escultor italiano aborda la figura de Cristóbal Colón desde una tensión que oscila entre la épica y la crítica histórica.
La estatua del artista uruguayo, que representa al titán griego, sostiene una de las ramas más grandes del histórico gomero de Recoleta, el árbol más antiguo de la ciudad.
Como hace casi cien años de su inauguración, la figura monumental de Ícaro recibe a los visitantes que se acercan al paseo del espigón en la selvática Reserva Ecológica de Costanera Sur.
La figura escultural con aires de la antigua Grecia creada por el artista francés, forma parte del escenario del Rosedal porteño desde principios del siglo XX.
El pedestal de concreto, obra del escultor alsaciano, es el recordatorio mudo de un crimen que nunca se probó, que demuestra como la ausencia también puede ser un monumento.
Entre la historia y la leyenda, la torre modernista erigida hace más de un siglo en el barrio de La Boca, sigue alimentando uno de los relatos más inquietantes del imaginario porteño.
Sensual, musical y profundamente moderna para su tiempo, la figura de mármol es una de las piezas más refinadas del patrimonio escultórico de la ciudad, en el corazón del Rosedal porteño.