Miércoles, 07 Enero 2026

Torre Saint, de Robert Charles Tiphaine

Inaugurada en 1928, es un gran exponente art decó en Buenos Aires. Condensa influencias egipcias, clásicas y góticas en una apuesta arquitectónica tan audaz como poco conocida.
Por Martín Sassone Lunes, 05 de Enero 2026

 

En medio del entramado comercial del barrio de Balvanera, una de las zonas más densas y menos observadas de la ciudad de Buenos Aires, se levanta uno de los edificios más singulares de la arquitectura urbana del siglo XX: la Torre Saint. Construido entre 1925 y 1928, esta obra emblemática del art decó porteño constituye un testimonio de la ambición estética y técnica de una ciudad que, en aquellos años, se proyectaba como una metrópolis moderna a escala internacional.

El edificio fue concebido por encargo del empresario Emilio Saint, heredero de la tradicional fábrica de chocolates Águila, quien impulsó el desarrollo de una construcción residencial de alta calidad en la entonces calle Cangallo —hoy Juan Domingo Perón— casi esquina Paso. Para materializar el proyecto convocó al arquitecto francés Robert Charles Tiphaine y al ingeniero Ítalo Galli, responsables de interpretar las corrientes arquitectónicas más innovadoras del momento en una estructura de hormigón armado de gran complejidad para su época.

La Torre Saint se inauguró en 1928 y rápidamente se convirtió en un hito urbano. Su lenguaje formal se inscribe dentro del art decó, movimiento que emergió entre las dos guerras mundiales y que encontró en Buenos Aires un terreno fértil para su desarrollo. La estética del edificio refleja, además, la fuerte influencia que ejercieron los descubrimientos arqueológicos en Egipto a comienzos del siglo XX, un fenómeno cultural que impregnó al arte, el diseño y la arquitectura de esos años.

Esa impronta se expresa en una profusa y ecléctica ornamentación, donde conviven pilastras de inspiración egipcia, columnas de raíz clásica, contrafuertes góticos, urnas griegas y templetes de tradición sajona, integrados con líneas geométricas propias del decó. El conjunto remata en dos cúpulas gemelas que se orientan hacia el interior de la manzana y que, por su ubicación, resultan difíciles de percibir desde la vereda. Una de ellas sufrió daños a raíz de un incendio ocurrido décadas atrás y permaneció sin restaurar durante largos años.

Más allá de su valor estético, la Torre Saint se destacó desde su origen por la calidad de sus materiales y soluciones constructivas. Mármol, carpinterías y herrerías de origen europeo, junto con detalles poco frecuentes en la vivienda colectiva de la época —como cámaras de aire entre las paredes divisorias para mejorar el aislamiento acústico— daban cuenta de una concepción avanzada del confort residencial y de la vida en consorcio.

En 2018, el edificio fue objeto de una puesta en valor en el marco del plan “Once Peatonal”, impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con el objetivo de recuperar el patrimonio arquitectónico de un área históricamente asociada al comercio mayorista. La intervención incluyó la restauración de las fachadas y de las torres, devolviéndole al conjunto parte del brillo perdido por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Actualmente, cuenta con protección patrimonial a través de la Ley Anchorena (N° 3056), que resguarda a las edificaciones construidas antes de 1941. 

A casi un siglo de su inauguración, la Torre Saint continúa habitada y se mantiene como una pieza clave del patrimonio arquitectónico porteño. En un entorno marcado por el ritmo incesante del comercio, el edificio recuerda una Buenos Aires que apostó a la arquitectura como símbolo de progreso, identidad y proyección cultural.

 

 

 

 

 

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