Entre los senderos arbolados del Parque Tres de Febrero, en el cruce de la avenida Infanta Isabel y Coronel Marcelino Freyre, a metros del lago, se alza una de las esculturas más sugestivas del patrimonio artístico de la ciudad: La Cigale. Tallada en mármol de Carrara por el escultor francés Félix Maurice Charpentier (1858–1924), la obra fue inaugurada en 1908 y desde 2019 ostenta la declaración de Monumento Histórico Nacional.
La escultura representa una figura femenina apoyada en el tronco de un árbol, con el cuerpo relajado y la mirada perdida, como suspendida en un estado de éxtasis. La escena evoca sensualidad, abandono y ensueño, rasgos que remiten de manera directa al espíritu del Art Nouveau, movimiento que a comienzos del siglo XX impregnó las artes visuales con líneas ondulantes, simbolismo naturalista y una exaltación del cuerpo y la emoción.
El tratamiento del mármol revela un cuidadoso contraste: mientras el cuerpo femenino aparece modelado con una superficie tersa y delicada, el cabello y el árbol presentan una resolución más esquemática y rítmica. A sus pies, un arpa —cuyas cuerdas originales fueron realizadas en hierro— introduce un elemento musical y simbólico, además de evidenciar la valoración de los materiales industriales que caracterizó al Art Nouveau. El conjunto transmite un clima intensamente sensual y material, propio de la Belle Époque europea.
La Cigale llegó a Buenos Aires adquirida en París, como muchas de las esculturas que enriquecieron el espacio público porteño a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Su compra se vincula con el ambicioso proyecto de embellecimiento urbano impulsado por la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en sintonía con los modelos parisinos. En ese contexto, la figura del paisajista Carlos Thays resultó clave: formado en Francia y protagonista de las transformaciones urbanas de la capital argentina, Thays trasladó a Buenos Aires el ideal de la “Ciudad Luz”, integrando arte, naturaleza y planificación.
El 3 de enero de 1949, mediante el Expediente 57-P-947 y el Decreto N.º 61, la obra fue emplazada en su ubicación actual, consolidándose como un hito escultórico del parque. Desde entonces, La Cigale se integró de manera natural al paisaje, convirtiéndose en un punto de referencia para visitantes y especialistas.
Su autor, Félix Maurice Charpentier, fue una de las figuras más destacadas de la escultura francesa de la época. Nacido en Bollène, en el sur de Francia, se formó en la École des Beaux-Arts de Avignon y luego en París, donde estudió con maestros como Pierre-Jules Cavelier y Amédée Doublemard. Influido por Auguste Rodin, Charpentier combinó la precisión anatómica de la tradición clásica con una fuerte carga expresiva y psicológica.
Durante la Belle Époque alcanzó amplio reconocimiento en el Salon des Artistes Français, con obras como Le Repos du Moissonneur, Le Jeune Faune y Les Lutteurs, esta última distinguida con la Medalla de Honor y adquirida por la ciudad de París. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1892 y desarrolló, además, una activa vida cívica como alcalde de Chassant, cargo que ejerció hasta su muerte en 1924.
A más de cien años de su inauguración, la escultura nos pone en contacto de forma directa con la sensibilidad estética de la Belle Époque, y es una prueba irrefutable de la influencia del arte europeo en la construcción de la identidad cultural porteña.




















