Luz, humo y movimiento por Anthony McCall

Participó de la vanguardia cinematográfica de la London Film-makers' Co-op en los setentas. El cruce de múltiples disciplinas lo han llevado a explorar la naturaleza de la luz y las propiedades del cine a lo largo de cinco décadas.
Por Aldo Montaño

Dibujante, cineasta, escultor; el espíritu inquieto de Anthony McCall lo define irremediablemente como un artista interdisciplinario. Nacido en Londres y radicado en New York desde los setentas, McCall es reconocido por lo que dio en llamar “luz sólida”. Se trata de intervenciones en las que haces de luz forman estructuras geométricas en movimiento con ayuda de una neblina que flota en el ambiente. Son obras en tres dimensiones que modifican su forma de acuerdo a la intervención del público y el paso del tiempo, en las que se usan siempre dos reflectores: uno que proyecta un haz plano y triangular, y otro que hace lo propio con un cono elíptico.

En sus inicios, McCall comenzó experimentando en performances con fuego en lugares cerrados. En un momento, se dio cuenta que había algo de la experiencia única que implicaba esas performances que se perdía al no quedar documentada, por lo que comenzó a filmarlas y a meterse en el movimiento de cine avant garde. En esa relación con el cine y las proyecciones de su material le llamó la atención el haz de luz que llevaba las imágenes desde el proyector hasta la pantalla. Hubo algo en ese cono lumínico que fue la génesis de su idea. 

La primera obra de luz sólida fue Line Describing a Cone (1973), en la que una forma volumétrica compuesta por la proyección de un haz de luz evoluciona en el espacio tridimensional lentamente. En aquel entonces utilizaba un proyector de dieciséis milímetros y también el humo de los cigarrillos de sus amigos y el polvo del lugar para terminar de darle espesor a la luz proyectada. Con el tiempo, cuando fue ganando nombre y era invitado a instituciones prestigiosas, McCall comprobaría decepcionado que eran lugares demasiado pulcros y que no lograba el mismo efecto. Ahora usa scripts de computadora, máquinas de humo, y proyecciones digitales para perfeccionar el resultado. 

En algunos casos también ha incorporado espejos, que le dan un significado dinámico a sus obras ya que copia y duplica el contenido, dando lugar de esta manera a dos tipos de luz que viajan por direcciones distintas. En ese acto de duplicación aparecen por un lado la luz que actúa en el mundo real, y por el otro la que aparece en la realidad reflejada. En esas obras, lo interesante pasa por discernir cuál de las dos luces es la que se ve.

En la obra de McCall hay una fuerte importancia de la relación física e inmersiva que existe en el vínculo del público con la instalación. Cada persona se acerca y se queda el tiempo suficiente para conectar con la experiencia. Algunos hablan de espiritualidad, otros de ciencia ficción. Es la intervención del público lo que le termina de dar espesor a la obra de McCall, generando nuevas formas, volviéndolas únicas y efímeras. Quizás ahí resida el secreto del encanto por la luz sólida: poder evolucionar en movimiento y ser cada vez, con cada intervención, nueva e irrepetible. 

A lo largo de los años, McCall ha realizado más de treinta obras y sus instalaciones fílmicas se han proyectado en galerías y museos de Europa y Estados Unidos, como el MoMA y el Whitney Museum of American Art de Nueva York, el Centro Pompidou de París y la Tate Gallery de Londres.

 

 

 

 

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