Aunque Dinamarca no tiene montañas, en su capital existe desde 2019 una forma poco convencional de escalar o hacer esquí, una pista y una palestra ubicadas sobre el techo de una planta de conversión de residuos en energía. El edificio se llama CopenHill, también conocido como Amager Bakke, y reúne dos funciones que rara vez conviven en una misma construcción: procesar la basura urbana y ofrecer un lugar para hacer deporte al aire libre.
CopenHill se levanta en la isla de Amager, al sur del centro de Copenhague, en una zona portuaria donde conviven depósitos, grúas, instalaciones industriales y nuevos desarrollos urbanos. A pocos kilómetros de las calles históricas de la capital danesa, el edificio se distingue en el horizonte por su silueta inclinada, que contrasta con las chimeneas y las estructuras metálicas del entorno. Desde la cubierta, la vista se extiende sobre los tejados de la ciudad y las aguas del estrecho de Øresund, que separa Dinamarca de Suecia. En un paisaje sin grandes elevaciones naturales, la planta emerge como una montaña insólita entre el puerto y la ciudad.
El complejo fue diseñado por el estudio danés Bjarke Ingels Group (BIG) y con 41000 metros cuadrados, el edificio reemplazó una instalación anterior y convirtió una infraestructura necesaria, pero habitualmente apartada de la vida cotidiana, en un nuevo espacio público.
La idea era aprovechar las necesidades técnicas de la planta para construir una montaña artificial. La disposición de la maquinaria determinó las distintas alturas del edificio y permitió generar una cubierta inclinada, en lugar de un techo plano. Sobre esa superficie se organizó un paisaje transitable que modifica la relación habitual entre una instalación industrial y su entorno.
La pista de esquí tiene unos 450 metros de longitud y está recubierta con un material sintético que permite deslizarse sin depender de la nieve. Cuenta con sectores de distintas pendientes, áreas para principiantes y un espacio de freestyle. Un sistema de remontes facilita el ascenso, mientras que un recorrido peatonal de aproximadamente 500 metros permite caminar o correr por la cubierta. En uno de los laterales, una pared de escalada de 85 metros de altura se integra directamente en la fachada.
El conjunto también incluye sectores verdes, áreas de entrenamiento y un mirador desde el que se observa la urbe más poblada del país. La cubierta vegetal ocupa unos 10000 metros cuadrados y fue concebida para incorporar biodiversidad, retener parte del agua de lluvia y moderar el calor de la superficie.
Desde la calle, la apariencia del edificio refuerza esa idea. La fachada está compuesta por grandes bloques de aluminio apilados, separados por aberturas vidriadas que dejan entrar luz natural al interior. El revestimiento produce una textura geométrica que contrasta con la pendiente irregular de la cubierta. El estudio proyectó, además, que los módulos pudieran funcionar como maceteros y que la vegetación creciera sobre la superficie exterior, integrando progresivamente la construcción con el paisaje.
Pero la actividad recreativa es apenas una parte de CopenHill. Debajo de las pistas funcionan hornos, turbinas y sistemas de filtrado que procesan residuos urbanos para generar electricidad y calefacción para la red de la ciudad. Según los datos oficiales, la instalación tiene capacidad para tratar unas 440000 toneladas de residuos al año y producir energía para abastecer a alrededor de 150000 hogares.
Al techo se sube a través de un ascensor vidriado que permite observar parte de las instalaciones industriales. También cuenta con un centro educativo destinado a visitas y actividades vinculadas con la energía y el tratamiento de residuos. BIG definió esta filosofía como “sostenibilidad hedonista”: la idea de que las soluciones ambientales no tienen porqué presentarse como una renuncia al confort o al disfrute. En lugar de limitarse a cumplir una función técnica, una infraestructura puede ofrecer algo a la comunidad y convertirse en un lugar al que las personas elijan ir. Mientras abajo se procesan los residuos de la ciudad, arriba se esquía, se escala y se camina.
En 2021, CopenHill recibió el premio World Building of the Year del World Architecture Festival, que distinguió la manera en que el proyecto amplía las posibilidades de la arquitectura industrial. La obra se transformó de esta manera en uno de los ejemplos más reconocidos a nivel mundial de una tendencia contemporánea: integrar infraestructura, paisaje y usos públicos en un mismo edificio.






























