Martes, 11 Agosto 2026

Huff and Puff Chapel (Italia): la capilla que desafía la gravedad

Concebida por el artista estadounidense Hugh Hayden para la 61ª Bienal de Venecia, la pieza arquitectónica convierte un edificio religioso en una experiencia que obliga a poner en duda las certezas de la percepción.
Por Candelaria Penido

 

Mientras miles de visitantes recorren cada día la Plaza San Marcos, el Puente de Rialto o los canales más fotografiados de Venecia, basta alejarse unos minutos en embarcación para descubrir otra cara de la ciudad. En la pequeña isla de San Giacomo in Paludo, una única obra contemporánea altera por completo la manera de habitar el paisaje lagunar.

Desde lejos, la pieza arquitectónica parece haber quedado suspendida en el instante previo al colapso. Inclinada cuarenta grados hacia adelante, desafía todo aquello que esperamos de una construcción. Pero el verdadero desconcierto comienza al cruzar la puerta. El suelo, los bancos y las líneas de la estructura obligan al cuerpo a reajustar el equilibrio. Lo que desde el exterior parecía una imagen insólita termina convirtiéndose en una percepción alterada que involucra cada paso.

Incluso sentarse deja de ser un gesto automático: los bancos reproducen el ángulo del edificio y obligan al cuerpo a abandonar hábitos aprendidos. Acciones tan simples como caminar o quedarse quieto empiezan a exigir una atención inesperada. En una capilla que tradicionalmente promete refugio y quietud, Hayden convierte la calma en algo difícil de sostener.

Presentada en el marco de la 61ª Bienal de Venecia de 2026 e impulsada por la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo, la obra fue concebida para existir en un equilibrio imposible. No se trata de una construcción antigua que cedió con el paso del tiempo ni de una edificación dañada por una catástrofe. Todo en ella fue diseñado para permanecer en esa tensión.

Sin embargo, el desvío no es el único gesto que desacomoda las expectativas. El artista interviene sobre códigos profundamente familiares. El edificio conserva la silueta reconocible de una iglesia y el campanario continúa elevándose sobre el paisaje de la isla. Pero cada uno de esos elementos genera una pequeña fisura en aquello que creemos conocer.

El propio título de la pieza, Huff and Puff Chapel, remite al célebre pasaje del cuento Los tres chanchitos. La referencia, en principio lúdica, adquiere otra dimensión frente a una arquitectura que parece haber sobrevivido al soplido del lobo. En el campanario, una campana reproduce la frase "Not by the hair on my chinny chin chin" —"Ni por un pelo de mi barbilla"—, otra cita del cuento. Más que un guiño humorístico, Hayden utiliza esa historia infantil para poner a prueba nuestra confianza en aquello que parece sólido. La obra captura ese momento en que el derrumbe todavía es una posibilidad y no sabemos si aquellas estructuras que asociamos con la estabilidad —sean arquitectónicas, religiosas o incluso institucionales— resistirán o terminarán por caer.

La lógica se repite puertas adentro. El crucifijo, por ejemplo, no presenta el cuerpo de Cristo, sino una forma ósea que remite a una caja torácica. El símbolo religioso sigue ahí, pero ya no se percibe de la misma manera. Hayden conserva esos códigos para que el visitante pueda reconocerlos y, al mismo tiempo los subvierte, para que descubra que algo ya no encaja del todo.

Es justamente allí donde su propuesta alcanza su mayor intensidad. A medida que el cuerpo busca recuperar el equilibrio, la mirada también comienza a desconfiar de aquello que reconoce. Cada movimiento exige una pequeña adaptación y cada referencia visual parece estar apenas fuera de lugar. El espacio se convierte así en un territorio donde la percepción entra en constante negociación.

Más que una instalación para observar, Huff and Puff Chapel necesita ser recorrida. La arquitectura deja de ser un objeto para contemplar y se convierte en un dispositivo que modifica la relación entre el individuo y el espacio. La capilla parece estar a punto de caer desde el primer vistazo. Sin embargo, durante toda la visita, el único que realmente es puesto a prueba es el visitante.

 

 

 

 

 

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