Metropol Parasol (España): los hongos gigantes de Sevilla

Es una de las mayores estructuras de madera del mundo y uno de los centros neurálgicos de la ciudad. La plaza histórica combina arquitectura contemporánea, diseño de vanguardia y arqueología.
Por Martín Sanzano

Seis enormes estructuras de madera parecen crecer como hongos gigantescos en el centro histórico de Sevilla. Sus formas ondulantes cubren la Plaza de la Encarnación y contrastan con las iglesias, edificios medievales y restos romanos que aparecen a pocos metros. Son las Setas de Sevilla, el nombre con el que los locales bautizaron a Metropol Parasol, una de las intervenciones arquitectónicas más singulares de la ciudad y una de las mayores estructuras de madera del mundo.

El proyecto, diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer H., surgió de un concurso convocado por el Ayuntamiento de Sevilla para recuperar una plaza que llevaba décadas en desuso. El diseño de Mayer, que fue elegido entre 65 propuestas, planteaba una gigantesca cubierta capaz de generar un nuevo espacio público sin borrar las distintas capas históricas del lugar. La construcción comenzó en 2005 y el conjunto quedó terminado en 2011, con una estructura de aproximadamente 150 metros de largo por 70 de ancho y 26 metros de altura ubicada en pleno casco histórico de la urbe española.

A simple vista, se parece a un bosque de hongos o también, por su compleja trama, a un panal de abejas. Pero las referencias son mucho más locales de lo que aparentan. Las seis grandes sombrillas fueron concebidas a partir de las bóvedas de la Catedral de Sevilla, el templo gótico más grande del mundo, y a su vez de las copas de los ficus de la cercana Plaza del Cristo de Burgos, que fueron plantados en el siglo XIX y conforman un techo verde muy apreciado durante los meses de calor extremo.

La cubierta está construida con unos 3500 metros cúbicos de madera de pino finlandés microlaminado, formada por alrededor de 3500 piezas conectadas mediante casi 3000 nudos y unos 16 millones de tornillos y tuercas. La madera fue protegida con un revestimiento de poliuretano impermeable y flexible.

Sin embargo, la verdadera particularidad de Metropol Parasol está en todo lo que ocurre debajo de esa enorme cubierta. El complejo fue pensado como una intervención urbana de varios niveles. En la planta baja funciona el Mercado de la Encarnación, mientras que en el subsuelo se encuentra el Antiquarium, un museo arqueológico que conserva los restos descubiertos durante las excavaciones previas a la construcción: vestigios de la ciudad romana, desde el período de Tiberio hasta el siglo VI, además de una casa islámica almohade de los siglos XII y XIII.

De hecho, el hallazgo arqueológico había sido uno de los grandes problemas del solar. Durante la década del 90 se había proyectado en ese lugar un estacionamiento subterráneo, pero las excavaciones sacaron a la luz importantes restos históricos y el proyecto fue abandonado. Durante años, la Plaza de la Encarnación quedó prácticamente vacía. Metropol Parasol tuvo que encontrar entonces una manera de convivir con ese pasado. En lugar de ocultarlas, incorporó las ruinas al proyecto. El Antiquarium ocupa unos 4879 metros cuadrados y permite recorrer restos de calles, viviendas romanas, mosaicos, hornos, fuentes y una factoría de salazones del siglo I.

Por encima de las ruinas aparece la llamada Plaza Mayor, un espacio elevado y abierto que funciona como una nueva plaza pública, protegida por la sombra de las estructuras de madera. Más arriba, en el interior de los parasoles, hay un restaurante y espacios para eventos. Finalmente, una pasarela de aproximadamente 250 metros recorre la parte superior de la estructura y conduce hasta el mirador, desde donde se obtiene una vista panorámica del casco histórico de Sevilla.

Más allá de cierta resistencia que se generó al principio del proyecto, con el tiempo, los hongos gigantescos pasaron a formar parte del paisaje sevillano. Y se consiguió reunir en un mismo recorrido la arqueología romana, la arquitectura medieval, el comercio, la gastronomía y una pieza de diseño contemporáneo de dimensiones monumentales.

Hoy, las Setas son el segundo monumento más visitado de Sevilla después de la Catedral. El edificio fue finalista del Premio Mies van der Rohe en 2013. Jürgen Mayer, el arquitecto que las diseñó, sigue trabajando desde Berlín y sigue citando las bóvedas de la Catedral cuando le preguntan de dónde salió la idea. Además, la madera encolada que recubre los parasoles se trata cada año con una resina especial que la protege del clima. Y la Plaza de la Encarnación, que durante décadas no fue nada, es ahora uno de los centros de gravedad de la ciudad.

 

 

 

 

 

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