En foco: Los sueños de encarcelamiento, de Grete Stern

La artista exiliada por el nazismo es una referencia ineludible de la fotografía moderna en Argentina. Su impresionante producción traspasó los límites entre la cultura de masas y el circuito artístico.
Por Juan Gabriel Batalla

 

Grete Stern, la fotógrafa alemana exiliada por el nazismo que se convirtió en pionera del fotomontaje en Argentina, construyó entre 1948 y 1951 una de las obras más subversivas de la historia de la fotografía latinoamericana dentro de las páginas de una revista del corazón: 140 fotomontajes para la sección "El psicoanálisis le ayudará" de Idilio, publicación semanal de Editorial Abril dirigida principalmente a empleadas domésticas.

 

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Grete Stern. Dos cabezas, autorretrato, 1972.

 

La serie, Sueños, representa el núcleo más original y políticamente cargado de toda la producción de Stern: imágenes oníricas en las que una mujer aparece sistemáticamente atrapada, manipulada, reducida a objeto o convertida en herramienta del deseo masculino, todo ello con una ironía seca que la interpretación psicoanalítica del sociólogo Gino Germani nunca llegó a nombrar del todo en dichos artículos.

 

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Uno de los 140 fotomontajes de la serie Sueños, 1948-1951.

 

Europa y el exilio

Grete Stern nació en 1904 en Wuppertal-Elberfeld, en la región alemana de Renania, y comenzó sus estudios de dibujo y tipografía en la Escuela de Artes Aplicadas de Stuttgart en 1923 para luego trasladarse a Berlín, en 1927, donde aprendió fotografía con Walter Peterhans, matemático y fotógrafo que más tarde ocuparía un taller en la célebre Bauhaus de Dessau. Fue en ese círculo donde Stern desarrolló el principio que gobernaría toda su carrera: "ver fotográficamente", es decir, intuir el recorte del motivo antes de mirarlo por el visor.

Junto a Ellen Auerbach cofundó en 1930 el estudio de fotografía comercial ringl + pit —sus apodos infantiles—, activo hasta 1933, donde realizaban trabajos de publicidad dirigidos al público femenino, a través de composiciones de objetos, maniquíes y siluetas recortadas con tipografía, de tono sutilmente irónico respecto del producto que promocionaban, lo que sería un aprendizaje esencial en la formación de Grete.

 

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 Pétrole Hahn, 1931. Impresión de gelatina de plata, 23.9 × 28.2 cm. ringl + pit (Grete Stern / Ellen Auerbach).

 

El triunfo de Hitler en las elecciones de 1933 disolvió la Bauhaus y empujó al exilio a buena parte de la intelectualidad germana. Stern y su pareja, el fotógrafo argentino Horacio Coppola, emigraron primero a Londres —donde ella retrató, entre otros, a Bertolt Brecht y al filósofo Karl Korsch—. Estos trabajos combinaron la sobriedad del retrato de estudio con el registro de una red intelectual atravesada por el desplazamiento político.

Llegaron a Buenos Aires en 1935 y recién desembarcados, expusieron en el local de la revista “Sur”, invitados por Victoria Ocampo, en lo que se considera la primera muestra de fotografía moderna en Argentina.

Stern realizó retratos de escritores, artistas y figuras del ámbito cultural, desde Amparo Alvajar a Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. Su método se apoyaba en fondos controlados, iluminación precisa y una relación directa con las personas fotografiadas. La imagen no buscaba únicamente registrar un rostro, sino organizar sus gestos, posturas y objetos en un espacio de fuerte estructura visual.

La ciudad los recibió con un mercado publicitario escaso. El estudio que abrieron con el pintor español exiliado Luis Seoane cerró en 1938, y allí Stern se volcó al retrato de intelectuales y artistas porteños. En 1940 la familia se instaló en Ramos Mejía, en una casa diseñada por el arquitecto de vanguardia Wladimiro Acosta. Dos años después, tras separarse de Coppola, la vivienda se convirtió en punto de encuentro semanal de artistas jóvenes y, de hecho, en 1945, el naciente Grupo Madí -Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss- realizó allí una de sus primeras exposiciones de arte abstracto y geométrico.

 

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Fotomontaje para Madí, Ramos Mejía, 1946-47. Impresión en gelatina de plata,  59.8 x 49.4 cm. 

 

La serie Sueños

Fue en ese contexto de efervescencia cultural en que le llegó la propuesta de “Idilio”, cuando la publicación semanal introdujo dos novedades: las fotonovelas y la sección "El psicoanálisis le ayudará". La sección arrancó en el número 1, en 1948, y era dirigida por Gino Germani, sociólogo italiano llegado al país huyendo del fascismo, quien firmaba con el seudónimo Richard Rest. Detrás del pseudónimo había, además, otro intelectual: Enrique Butelman, cofundador de la editorial Paidós y uno de los introductores del psicoanálisis en Argentina, quien según su propio relato respondía las cartas de las lectoras mientras Germani se encargaba de comentar los fotomontajes.

Fue la propia Stern quien propuso a la editorial ilustrar los sueños con fotomontajes. El procedimiento de trabajo era el siguiente: Germani le entregaba el texto del sueño —copia fiel, en la mayoría de los casos, de una carta enviada por una lectora— y, en ocasiones, le especificaba orientaciones de diagramación: si debía ser horizontal o vertical, si el primer plano debía ser más oscuro que el fondo, si debía incluir elementos florales o animales. A partir de ese guión, Stern elaboraba un boceto a lápiz y construía el escenario con fotografías de su propio archivo, con imágenes tomadas expresamente para cada pieza y con los medios técnicos rudimentarios disponibles en la época.

 

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Fotomontaje de la serie Sueños, 1948-1951.  

 

Sus modelos eran personas del entorno doméstico: su hija Silvia, amigos, vecinos y, de manera recurrente, Etelvina del Carmen Alaniz, apodada Cacho, empleada que vivió con Stern y sus hijos durante más de cuatro décadas.

En total, Stern compuso 140 fotomontajes para “Idilio”, una cifra significativa porque la propia artista no conservó ninguno de los originales —el acuerdo con la editorial implicaba la cesión de los materiales— y apenas guardó 46 negativos de reproducción, tomados antes de la entrega, más 29 recortes de la revista. 

 

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Fotomontaje de la serie Sueños, 1948-1951.

 

La serie fue ignorada por completo en su época. “Idilio” llegó a tiradas de hasta 350.000 ejemplares, pero la mala reputación de las revistas femeninas entre la crítica artística e intelectual mantuvo los Sueños fuera de cualquier debate. Ni siquiera la muestra de 1967 en el Foto Club Argentino generó reseñas en medios especializados. La propia Stern no les daba demasiada importancia: en vísperas de aquella exposición, cuando los solicitó a Editorial Abril para exponerlos, le informaron que ya los habían desechado.

El reconocimiento llegó décadas más tarde. En 1981, la Fundación San Telmo organizó la primera gran retrospectiva de su obra. En 1995, el Instituto Valenciano de Arte Moderno publicó el primer libro dedicado exclusivamente a los “Sueños” y en 2003, la Fundación CEPPA (Centro de Estudios para Políticas Públicas Aplicadas) de Buenos Aires realizó una reproducción sistemática de las obras impresas en la colección de “Idilio”, conservada en la Biblioteca Nacional Argentina.

 

Aproximación a la obra: Los sueños de encarcelamiento 

Existen varias icónicas de Stern que suelen aparecer en muestras y que por esta visibilidad, casi constante, son reconocibles, pero con otras no pasa tanto, como con el fotomontaje Los sueños de encarcelamiento (número 47), en que se representa el aislamiento doméstico de las mujeres de clase media sometidas al rol de amas de casa.

La obra muestra a una mujer joven atrapada en una pequeña jaula de pájaros, con la boca cubierta por un abanico y los muebles de su propia vivienda en el interior. Hay, en esa disposición, un conflicto, una apertura hacia la crítica, sobre las razones de este encarcelamiento, ¿es la mujer víctima de las comodidades del hogar? 

 

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 Los sueños de encarcelamiento, 1949. Fotomontaje de la serie Sueños, Nr. 47.

 

En “Idilio”, Gino Germani presentó a la protagonista como prisionera de sus propios "falsos prejuicios" y la llamó a "romper los barrotes". Sin embargo, Stern puso el foco en la expresión plácida y coqueta de una mujer que parece sentirse cómoda dentro de una jaula miserable, una contradicción que coloca al confort en el mismo nivel que la opresión para construir una crítica al ideal femenino pequeñoburgués y a sus consecuencias alienantes.

A diferencia de otros fotomontajes de la serie, como el de la mujer-modelo que posa para conformar el cuerpo de un velador en una mesita de luz o la que arrastra una roca mediante una cuerda en una pendiente, aquí Stern juega con la ambigüedad, su lectura no es lineal. Plantea una contradicción, una trampa, lo que le otorga a la pieza una potencialidad de lecturas que van más allá de lo obvio y lo evidente.

 

El Gran Chaco

La obra de Stern también incluyó tareas de enseñanza y proyectos documentales. Dirigió el taller de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes entre 1956 y 1970 y, en 1958, fue convocada por la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste para organizar otro espacio de formación.

Ese mismo período obtuvo una beca para fotografiar comunidades indígenas del Gran Chaco. La serie se apartó de las fórmulas costumbristas frecuentes en el registro de pueblos originarios y concentró la atención en las personas, sus actividades y los entornos donde vivían. Estas fotografías sumaron una dimensión social a una trayectoria hasta entonces identificada sobre todo con el retrato y la composición de estudio.

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Retrato de la serie aborígenes del Gran Chaco, 1964.

 

La trayectoria de Grete Stern dejó un repertorio amplio de procedimientos para la fotografía argentina: el rigor de la Bauhaus, la experimentación del fotomontaje, la práctica publicitaria y el documental. Su producción permitió revisar los límites entre las imágenes destinadas a la cultura de masas y las obras concebidas para el circuito artístico.

Sus retratos de artistas, la experiencia de ringl + pit, la serie Sueños y los registros del Gran Chaco mantienen una vigencia tremenda y continúan siendo una referencia ineludible para estudiar la modernización de la fotografía en Argentina y la intervención de las mujeres en ese proceso. 

Grete Stern murió en Buenos Aires en 1999, después de más de seis décadas de trabajo en el país. Para entonces, ya se definía a sí misma como “una fotógrafa argentina”.  

 

 

 

 

 

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