Museo del Mañana (Brasil): la necesidad de construir un futuro sostenible

Ubicado en Río de Janeiro, hace foco en la ecología, la sustentabilidad y el futuro del planeta. Diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, es parte de un proyecto de recuperación del Centro Histórico de la ciudad. 
Por Mariana Gioiosa

 

La creación del Museo del Mañana fue un hecho clave y fundamental para la ciudad de Río de Janeiro, al sumar arquitectura de vanguardia a nivel mundial y al mismo tiempo iniciar una nueva generación de museos de ciencia. Inaugurado a fines del 2015, fue financiado por el Ayuntamiento de Río y la Fundación Roberto Marinho. 

Para realizar la fascinante construcción futurista el arquitecto se inspiró en las bromelias del Jardín Botánico de Río y exploró la relación entre la ciudad y el entorno natural. Desde un avión o desde el mar se pueden ver las espectaculares formas curvas y blancas características de Calatrava sobre un espejo de agua y a su alrededor un conjunto de plantas y flores ornamentales.

Calatrava tuvo en cuenta uno de los conceptos principales del museo, el de sustentabilidad, ya que el edificio utiliza un 40% menos de energía debido a que su estructura tiene instalada una cobertura móvil en forma de aletas con paneles solares que aprovecha al máximo la luz natural. Cuenta también con un sistema de refrigeración que se abastece de la cercana Bahía de Guanabara. El jardín que lo bordea, diseñado por el estudio paisajístico Burle Marx, utiliza un sistema de riego que emplea el agua de lluvia.

La idea principal que desarrolla este deslumbrante museo es que el futuro está por construirse con las acciones que se realizan en el presente. Para transmitir este concepto se vale de la ciencia, la emoción, el arte y la tecnología. Cuenta con una exposición permanente y otra temporal complementaria a los temas tratados. 

La exposición permanente presenta cinco núcleos: Cosmos, Tierra, Antropoceno, Mañana y Nosotros. Se destacan tres salas con forma de grandes cubos. En la primera se puede ver una instalación con delicadas telas flotando en el aire que transmiten el flujo de la materia, realizada por el artista estadounidense Daniel Wurzel. El espacio siguiente invita a realizar una inmersión a las células en cuyo ADN circulan imágenes y textos que dan cuenta que los seres humanos somos parte de la biodiversidad de la tierra, y estamos conectados a especies de plantas, animales, hongos y microorganismos. El último cubo propone ingresar al cerebro a través de miles de imágenes en un laberinto de columnas, que representan las relaciones humanas, la cultura, las celebraciones, los ancestros y la vida doméstica. 

En el corazón del museo hay una instalación impactante, un conjunto de imponentes “tótems digitales”, con sonido envolvente, de aproximadamente diez metros de altura que le brindan al visitante datos e imágenes sobre el lugar en el que la humanidad se encuentra actualmente. Se proyectan videos con bosques en llamas, glaciares que se derriten, animales en extinción, contaminación ambiental, las emisiones de gases de efecto invernadero y las últimas cifras sobre el consumo de energía, agua y carne vacuna. “Llevamos doscientos mil años viviendo en la Tierra; desde 1950 hemos modificado el planeta más que en toda nuestra existencia”.

A través de materiales interactivos, audiovisuales y nuevas tecnologías, los espectadores toman conciencia de las oportunidades y desafíos que la humanidad se ve obligada a abordar en las próximas décadas. No pasan desapercibidas las pantallas interactivas que analizan en tiempo real las tendencias actuales en cuanto al avance de la ciencia, el crecimiento de la población mundial y el cambio climático; y predicen cuáles serán los distintos futuros posibles en los próximos años según las acciones que hagamos en lo inmediato. La información que el visitante recibe a lo largo del recorrido es proporcionada por prestigiosas universidades de Brasil, agencias espaciales e instituciones científicas internacionales. 

Quizás lo paradójico sea que el museo cuente con el Banco Santander como Master Sponsor, Shell Brasil como mantenedor y corporaciones como IBM, Globo y Carrefour de socios patrocinadores. Aún así, las miles de personas que visitan el Museo del Mañana año tras año toman conciencia de la necesidad urgente de construir un futuro sostenible.

Desde un ventanal, en la cara posterior del edificio, la combinación del paisaje industrial, la frondosa vegetación y el agua cristalina de la bahía incitan a reflexionar sobre las preguntas fundamentales que plantea el museo: “¿Cuál es el papel de cada uno de nosotros en la creación del mañana? ¿Cuál será el futuro que crearemos?”

 

 

 

 

 

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