Sacro Bosco (Italia): el parque de los monstruos

A una hora y media de Roma se encuentra este fantástico paseo por los jardines del Castillo de Orsini. Creado a partir de 1550, es habitado por una variedad de esculturas abominables talladas en piedra.
Por Ignacio Marchini

 

En la reconocida novela Bomarzo, el escritor argentino Mujica Láinez recrea la vida del duque Pier Francesco Orsini, también conocido como Vicino Orsini, un noble y capitán de una compañía de mercenarios que descendía de una de las casas más poderosas de Italia durante la Edad Media y el Renacimiento. Tras la muerte de su padre, Vicino heredó el ducado de Bomarzo, un municipio ubicado en la provincia de Viterbo, en la región de Lacio. Allí fue a recluirse luego de poner fin a su carrera militar en 1550 y comenzó a rodearse de literatos y artistas, además de empezar a regir su vida por los principios del epicureísmo.

La muerte de Julia Farnesio, la esposa del duque, lo sumió en una profunda depresión. Para intentar remediar el vacío que le producía la ausencia de su amada, decidió crear un monumento en su honor. El lugar elegido fue el bosque ubicado en la base de la colina donde se encuentran el pueblo y el castillo de Bomarzo. Así fue que convocó al arquitecto y diseñador Pirro Ligorio, quien había trabajado para el Vaticano bajo las órdenes de los papas Pablo IV y Pío IV.

Al diseño de Ligorio se sumó la mano escultora de Simone Moschino, que ya había trabajado para la casa Orsini en el pueblo de Bomarzo. Así, de la combinación de los designios de un corazón roto, la mente de un arquitecto amante de la Antigua Roma y la habilidad de un joven escultor, surgió el Bosque Sagrado, también conocido coloquialmente como el Parque de los Monstruos. El nombre no es casualidad: el lugar está plagado de esculturas monstruosas talladas en piedra, emplazadas en un diseño paisajista que no parece estar regido por la lógica.

Pensado para sorprender más que para deleitar los sentidos, el parque está compuesto por más de veinte estatuas que representan figuras fantásticas de la mitología griega y romana, así como algunos animales reales, entre los cuales se destaca un elefante de guerra que recuerda a uno de los generales más famosos de la historia: Aníbal Barca.

El estilo de las esculturas responde a los criterios estéticos y temáticos del manierismo, que apareció durante el ocaso del Renacimiento a mediados del siglo XVI y que ofició de transición hacia el Barroco, producto de los enormes cambios sociales y políticos que acontecían en Europa por aquel entonces. Esto impactó también en las artes, que fueron abandonando progresivamente las figuras proporcionadas y el ideal de la belleza clásica para dar lugar a cuerpos exagerados, en posiciones complejas y asimétricas.

Así, utilizando la roca volcánica fácilmente moldeable y característica de la zona, llamada peperino; arquitectos y escultores dieron vida a arpías, ogros, dragones y Furias, bestias terroríficas de la mitología helénica y romana. Dos esfinges escoltan la entrada al sendero, a lo largo del cual es posible encontrarse las figuras desmesuradas de Jano, Saturno, Neptuno y un colosal Hércules descuartizando a Caco. En otro tramo del camino, un dragón combate contra un león y un perro, mientras Pegaso se alza estoico sobre un pedestal en el centro de una fuente seca y la monstruosa ninfa Equidna vigila con sus ojos de piedra, sentada sobre su cuerpo de serpiente. En otro lugar, el perro infernal Cancerbero custodia, como si se encontrara en la entrada del Hades.

Pero la pieza más conocida del Parque de los Monstruos probablemente sea la cabeza gigante del orco, con su boca abierta en una mueca que oscila entre el terror y el dolor. En el marco de la entrada, la inscripción Ogni pensiero vola ("Todo pensamiento vuela") está grabada sobre el labio superior de la bestia. Dentro de la cabeza, una sala circular con un banco y un altar decoran su interior.

A las esculturas grotescas se suman un pequeño teatro y una torre tan inclinada que, al ingresar, produce una sensación de vértigo inevitable. Por último, situado en la parte más alta del parque, el Templo de la Eternidad se alza en honor a quien fuera la inspiración para la creación de este intrincado laberinto de monstruos: Julia Farnesio, la esposa del duque. Un hombre que buscó consuelo para su soledad en la compañía de seres monstruosos de piedra.

 

 

 

 

 

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