La vocación de San Mateo, de Caravaggio

Fue el pintor barroco italiano que más influencia ejerció entre sus contemporáneos y en grandes artistas posteriores. Sin su formidable influjo la historia del arte no hubiera sido la misma.
Por Gisela Asmundo

 

“Aunque vea el honor en un ojo y la muerte en el otro, a ambos miraré con indiferencia” 

Shakespeare (Julio César)

 

Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio, nació el 29 de septiembre de 1571, día de San Miguel de Arcángel, su santo patrono. Fue bautizado en la parroquia de Santa Maria della Passerella, en el viejo Milán. 

Su padre fue Fermo Merisi, magister de la casa del marqués Francesco Sforza da Caravaggio, y su madre, Lucía Aratori, segunda esposa de Fermo. Su familia no era pobre ni iletrada; las funciones de su padre estaban entre las de superintendente y arquitecto de las casas del marqués, incluido el palacio de la localidad de Caravaggio.

En 1577 la peste asoló Milán y su familia se trasladó a Caravaggio donde poseía tierras y una propiedad. Pero el padre moriría quedando la joven madre de veintisiete años viuda y a cargo de sus tres hijos.

Tras la muerte de su madre en 1590 y luego del reparto de la herencia en 1592, el joven Caravaggio abandonó con veintiún años su ciudad natal Milán, para establecerse ese mismo año en Roma, sede Papal y mucho más cosmopolita.

El pintor y biógrafo Giovanni Baglione conocido por su aversión hacia Caravaggio (aunque luego terminaría emulándolo), cuenta que el lombardo trabajó con un tal Lorenzo Siciliano, para quien tenía que producir tres cabezas al día; y luego con Antiveduto della Grammatica, también especializado en cabezas, para quien Caravaggio pintó medias figuras un poco descuidadas.

Durante los primeros meses se alojó en la casa de monseñor Pandolfo Pucci, y más tarde en la de monseñor Fantin Petrignani, hasta que en el año 1593 entró de ayudante en el taller de un pintor que gozaba de buena fama , Giuseppe Cesari (Cavalier d'Arpino).

Rápidamente se hizo amigo del ayudante principal de Cesari, su hermano Bernardino, un artista de segunda, que era mejor conocido como dibujante y se dice que igualaba a Arcimboldo en este campo. En esa época también conoció a Prospero Orsi, quien iba  a volverse su mejor amigo durante años, sobre todo durante esta primera etapa en Roma.

Caravaggio pasó ocho meses en el estudio de Cesari, y luego algunos autores sugieren algún tipo de celos y rivalidad, pero lo cierto es que Caravaggio sostuvo siempre su admiración por el pintor. Aparentemente, el motivo de discordia pudo haber sido el que haya incurrido en algún tipo de delito junto al hermano de Cesari. Por esta causa, Giuseppe Cesari se mostraba reticente a que alguien viera a Caravaggio trabajando en sus cuadros.

Su distanciamiento definitivo acabó por darse cuando Caravaggio tuvo que ingresar al Hospital Santa Maria della Consolazione (el hospital solía recibir a personas con fiebre y víctimas de riñas callejeras), según dicen, a causa de la coz que le habría dado un caballo o alguna enfermedad como la malaria.

De la época que Caravaggio pasó en el estudio de Cesari, se registran algunos cuadros, entre los que se destacan Baco enfermo o Muchacho con canasto de fruta, y en los que aparecen singulares naturalezas muertas.

Baco enfermo es un supuesto autorretrato que muestra por primera vez al joven Caravaggio de ojos profundamente hundidos, melancólicos y sombríos, algo que se volvería un sello especial en su arte oscuro.

En esta obra se aprecia la melancolía del lombardo, el esbozo sutil y triste de su sonrisa, es posible que sufriera de la enfermedad que lo llevó al hospital. Medio desnudo se presenta al mundo artístico romano con sus habilidades como retratista y pintor de bodegones.

Sobre una simple mesa gris se apoya una pequeña naturaleza muerta compuesta por un racimo de uvas negras de piel brillante y dos duraznos junto con unas hojas amarillentas; un especie de “vanitas” («vanidad de vanidades, todo es vanidad»), donde pareciera señalar el deterioro y fragilidad de las cosas ante el paso del tiempo. Un gran gesto naturalista de profundidad artística ante la grandilocuencia del arte vigente en ese período en Roma.

 

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Baco enfermo (1593-1594). Óleo sobre tela, 66 x 53 cm. Galería Borghese, Roma, Italia.

 

En 1595 da un salto cualitativo al ser acogido por el poderoso cardenal Francesco Maria Bourbón del Monte, embajador del gran duque de Toscana, responsable del acercamiento a Francia del poder papal. En la casa del cardenal, “habiendo pan y provisiones, tomó ánimo y crédito” y comenzó su serie de obras maestras para sus mecenas y los nobles del entorno.

Su fama creció y generó frutos en el importante encargo de la Capilla Contarelli en San Luigi dei Francesi, en donde Caravaggio ilustró en grandes lienzos La vocación de San Mateo. Sin embargo, su satisfacción duró poco cuando la obra San Mateo y el ángel fue rechazada (el cuadro fue destruido en el bombardeo de Berlín y solo queda una foto del mismo), y tuvo que realizar una segunda versión, más adecuada a los principios del decoro.

El santo debía ser representado en el acto de escribir el Evangelio, con el ángel inspirador de la palabra de Dios a su lado. Caravaggio joven e impulsivo, fiel a su estilo, lo representó de manera realista sin idealizar, imaginando una escena profundamente humana y terrenal. Un viejo pobre y trabajador, de pies desnudos y sucios (algo típico del artista), con la frente fruncida y la mano del ángel ayudándolo a escribir.

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Versión destruida en la Segunda Guerra Mundial y San Mateo y el ángel, segunda versión,1602. Pintura al óleo,195 × 295 cm. Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma, Italia.

 

Luego vendría la decoración de la capilla Cerasi en Santa Maria del Popolo con los maravillosos lienzos de La conversión de San Pablo. También una primera versión fue rechazada, (se encuentra en la colección Odescalchi), por lo cual tuvo que volver a pintar una nueva.

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La conversión de san Pablo, 1601. Óleo sobre tela, 230 x 175 cm. Santa Maria del Popolo, Roma, Italia.

 

Desafortunadamente, a partir de esos años comenzaría una etapa violenta de extravagancias y momentos trágicos que contribuirían a su destino maldito. “Era un hombre grande y joven, de unos veinte o veinticinco años, con una fina barba oscura, de ojos negros y cejas espesas; vestía desaliñado, con unas raídas calzas negras, y sobre la frente le caía una masa de cabellos negros”. Con estas palabras describió Luca, un barbero, a Caravaggio. Este es el primer indicio de los años turbulentos que Caravaggio pasó en Roma y es parte del testimonio de Luca ante el notario del Tribunal del Gobernador de Roma, el 11 de Julio de 1597, para una acusación de delito que luego se retiró.

El 28 de agosto de 1603, el pintor Giovanni Baglione lo denunció por haberlo difamado con poesías soeces; el 24 de abril de 1604, un camarero lo acusó de haberle arrojado a la cara un plato de alcauciles (alimento exótico para la época); de octubre a noviembre de 1604, dos veces fue a la cárcel por injurias a dos esbirros; el 28 de Mayo de 1605, arrestado por portar armas; el 29 de julio de 1605, agresión y lesiones al notario Mariano Pasqualone; en septiembre de 1605, fue querellado por Prudenza Bruna por apedrear su ventana; el 24 de Octubre de 1605 fue hospitalizado por una herida de espada; el 28 de mayo de 1606, riña por una apuesta de juego y homicidio de Ranuccio Tomassoni da Terni.

Este último suceso fue el ocaso de su vida, a partir de este incidente se volvería un artista oscuro y atormentado por el resto de sus días. Para escapar de la pena capital por el asesinato, Caravaggio se refugió en los feudos de Colonna en Zagarolo y Paliano, y después en Nápoles; en ese momento la ciudad era la capital de la dominación Española, rica en actividad artística. En esa época pintó algunas de sus obras maestras como Madonna del Rosario, La Cena de Emaus, y Siete obras de la Misericordia.

 

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Madonna del Rosario,1607. Óleo sobre tela, 364.5 × 249.5 cm. Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria.

 

Por una nueva reyerta huiría a Malta, donde permaneció con los Caballeros de la Orden de 1607 a 1608. Ahí pintó la obra maestra La Degollación de San Juan Bautista, su firma puede leerse en la sangre que mana del tronco del santo. 

 

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 La Degollación de San Juan Bautista, 1608. Óleo sobre tela, 361 × 520 cm. Concatedral de San Juan, La Valeta, Malta.

 

Siguió fugitivo recorriendo la región de Sicilia: Siracusa, Mesina, Palermo. En todos lados iba dejando obras que poseían el dolor que llevaba por dentro. En 1609 de vuelta otra vez en Nápoles, mientras aguardaba con cierta esperanza que el tribunal papal lo indulte y acepte la petición de perdón apoyada por sus protectores romanos: Del Monte, los Colonna, el cardenal Scipione Borghese, le envió a este último la obra David con la cabeza de Goliat. En la cabeza del gigante se retrató a sí mismo, con una marca de herida en la frente que le había causado algún agresor.

 

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David con la cabeza de Goliat, 1609-1611. Óleo sobre tela, 125 × 101 cm. Galería Borghese, Roma, Italia. 

 

La gracia le llegó finalmente y Caravaggio emprendió su regreso por mar en julio de 1610. Pero el destino le iba a jugar nuevamente una mala pasada: en Porto Ercole fue obligado a desembarcar para una comprobación y el barco partió sin él. Vagó por unas playas desiertas hasta que murió sin cuidados y cerca de allí fue sepultado. Era el 18 de julio de 1610.

 

Roma, el centro del mundo barroco

 

Roma era el centro álgido de la cultura por aquel entonces. La Francia de los Luises y la Roma papal fueron los principales núcleos de la cultura barroca, como puntos claves de poder político y religioso, respectivamente; y principales difusores del absolutismo y el contrarreformismo.

El Barroco se infundió en Italia, principalmente en la sede pontificia, Roma, donde el arte fue utilizado como medio propagandístico para la difusión de la doctrina contrarreformista.

La Reforma protestante había sumido a la Iglesia católica en una profunda crisis durante la primera mitad del siglo XVI, que evidenció tanto la corrupción en numerosos estratos eclesiásticos como la necesidad de una renovación del mensaje y la obra católica, así como de un mayor acercamiento a los fieles.

El Concilio de Trento (1545-1563) se celebró para contrarrestar el avance del protestantismo y consolidar el culto católico en los países donde aún prevalecía, sentando las bases del dogma católico.

La Contrarreforma tuvo como efecto la consolidación de la figura papal, cuyo poder acrecentó, traduciéndose en un ambicioso programa de ampliación y renovación urbanística de Roma, especialmente de sus iglesias, con especial énfasis en la basílica de San Pedro y sus aledaños.

La Iglesia fue el mayor comitente artístico de la época, ya que el arte funcionaba como un medio de carácter popular fácilmente accesible e inteligible.

El arte fue un vehículo de expresión Ad maiorem Dei gloriam (del latín: para la mayor gloria de Dios). También conocida por su abreviatura A. M. D. G., es la divisa de la Compañía de Jesús, una orden religiosa católica. La misma se atribuye al fundador de la orden, San Ignacio de Loyola, por el uso que hace de dicha expresión en sus escritos.

Papas como Sixto V, Clemente VIII, Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIII, Inocencio X y Alejandro VII se convirtieron en grandes mecenas y propiciaron grandes mejoras y construcciones en la ciudad eterna, ya calificada entonces como Roma triumphans, caput mundi (Roma triunfante, cabeza del mundo).

A esa Roma llegó el joven Caravaggio, una urbe con anhelos más que celestiales y un despliegue sin precedentes de aspiraciones religiosas, políticas y culturales.

En cuanto al arte, se respiraba aún la frescura del manierismo de Miguel Angel, pero el lombardo Caravaggio, todavía un anónimo talento proveniente del norte de Italia, traería consigo otras ideas. Caravaggio iba a instaurar algo totalmente diferente, un naturalismo, en base a halos de luz provenientes de la oscuridad que imbuirían de un dramatismo sin precedente a los populares motivos retratados.

 

Aproximación a la obra:

“Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” 

Mateo 5:8

 

La Vocación de San Mateo es una pintura al óleo sobre lienzo que forma parte del ciclo de la Vida de San Mateo, que le fue encargada a Caravaggio en 1599 para decorar la Capilla Contarelli en la iglesia romana de San Luis de los Franceses, en donde todavía permanece.

Unos años antes a su realización el cardenal Matteo Contarelli había dejado instrucciones específicas y una suma de dinero para solventar la decoración de una capilla basada en temas de su santo patrón.

La decoración de la cúpula había empezado con frescos a cargo del artista manierista de la época, uno de los más populares por entonces en Roma, Giuseppe Cesari Cavaliere d’ Arpino, anterior patrón de Caravaggio.

Pintor unos pocos años mayor y de carácter exaltado, al igual que Caravaggio, en su estudio confluían jóvenes y viejos en debates sobre estética de la competencia, sobre artistas tradicionales idealizados y nuevas formas de naturalismo. Es muy probable que Caravaggio haya participado de esos debates. Los pintores lombardos estaban encasillados como pintores simples o fuera de moda, y por lo tanto Caravaggio estuvo dispuesto a defender su destreza.

Como Cesari d'Arpino estaba empeñado con el mecenazgo papal y real, el cardenal Francesco Del Monte, nuevo patrón de Caravaggio y prefecto de la Fábrica de San Pedro (un ente creado expresamente para la gestión de obras artísticas para culminación de la Basílica de San Pedro en el Vaticano), intervino para que Caravaggio consiguiera su primer gran encargo eclesiástico.

La historia que se narra en el Evangelio del santo (Mateo 9:9) cuenta que Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme», y Mateo se levantó y lo siguió.

En el Evangelio de Lucas se lo llama Leví, en el de Marcos, se le da el nombre de Mateo en la lista de los apóstoles, pero es llamado Leví cuando se relata la historia de su vocación. Según los tres sinópticos, (la denominación evangelios sinópticos se utiliza para hacer referencia a tres de los cuatro evangelios canónicos, los de Mateo, Marcos y Lucas), Mateo lo dejó todo al ser llamado por Jesús.

 

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La Vocación de San Mateo, 1601. Oleo sobre tela, 338 x 348 cm. Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma, Italia.

 

En la representación de Caravaggio vemos a Mateo Levi, quien luego se convertirá en el Evangelista, -uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús de Nazaret- junto con cinco jugadores vestidos como contemporáneos del pintor (siglo XVII) y sentados en torno a la mesa de cambios de tamaño casi natural. A la derecha de la composición aparece la figura de San Pedro que oculta casi por completo el cuerpo de Cristo, dejando ver solo la cara y la mano derecha del mismo.

Esta obra presentó para la época la más moderna disposición de personajes, porque refleja ser casi una escena de cine, en donde los actores fueron puestos en pose por parte del director. Todos se vuelven asombrados hacia la figura de Jesús que irrumpe en la escena, excepto por uno que prosigue abstraído contando el dinero. Un halo de luz cinematográfico, característico del artista, surge de la derecha como un reflector que ilumina los rostros.

Está tan genialmente lograda la composición que las manos que interactúan entre sí nos hacen casi oír las palabras esbozadas entre ellos. Es una exquisita obra con sonoridad y en la escena pareciera escucharse la voz de Cristo que dice: “¡Tu!”, el dedo dubitativo de Pedro hacia Matteo señalando: “¿El?” y Mateo asombrado dirigiendo el índice a su pecho se pregunta: “¿Yo?”.

Por la ventana a lo alto y en diagonal a la cabeza de Cristo, entra una luz que genera una atmósfera de espacio atemporal y que santifica la imagen de Jesús que aparece en contraposición a la de los mortales.

Toda la gracia de La Vocación de San Mateo se encuentra en el rayo de luz física, que aparta las tinieblas y abre las puertas a Jesús, quien señala al elegido con el gesto de su mano. Gracia que continua en los pies descalzos de Pedro y de Cristo que pisan el suelo santificando.

Caravaggio por medio de la ilusión de su pintura permitió a los espectadores, ser testigos y a su vez irrumpir en la escena de este relato bíblico.

 

El tenebrismo moderno de Caravaggio

 

"Sin duda soy yo un bosque y una noche de árboles oscuros: sin embargo, quien no tenga miedo de mi oscuridad encontrará también taludes de rosas debajo de mis cipreses" 

Friedrich Nietzche

 

Tan grande fue su genialidad y fama, que su temperamento iracundo y explosivo no logró opacar el valor trascendental de su obra. Fue un artista que se adelantó a su tiempo y que encarnó como pocos la vehemencia, el apasionamiento y un espíritu revolucionario. 

Caravaggio insinuó un mundo en el que las acciones cotidianas fueron envueltas por dimensiones bíblicas. Los modelos tomados para esas representaciones religiosas eran extraídos del bajo mundo, prostitutas, indigentes y mal vivientes, pero también personas comunes y reales que no correspondían al patrón de belleza idealizada de la pintura del momento.

Es por esto que por aquel entonces, logró reunir a muchos adeptos a su estilo, sobre todo jóvenes artistas con ansias de originalidad y éxito que comenzaron a emularlo; pero por otro lado, debido a sus celos y su carácter explosivo, también atrajo a grandes enemigos a lo largo del camino.

Su influencia fue enorme en el nuevo estilo barroco que emergió del manierismo y se puede apreciar en las obras de grandes maestros como Rubens, Ribera, Rembrandt y Diego Velázquez. Innumerables artistas de la siguiente generación, manifestaron su profundo influjo, y fueron conocidos como “caravaggistas” o “tenebristas”.

Tuvieron que pasar varios siglos para que nuevamente resurgiera el interés por su descomunal obra y su importancia en el desarrollo del arte occidental. El crítico e historiador de arte André Berne-Joffroy lo rescató y afirmó que lo que comenzó con la obra de Caravaggio fue, simplemente, la pintura moderna.

 

 

 

 

 

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