Retratos extraordinarios: Sylvia Von Harden, la imagen que marcó una época

El artista alemán Otto Dix retrató a la reconocida escritora y periodista en 1926, estableciendo un nuevo paradigma del arquetipo femenino en los tumultuosos comienzos del siglo XX.
Por Olivia Grimoldi

 

En un periodo de entreguerras totalmente crudo y provocativo, surge el interés por mostrar la realidad y soltar todos los ideales estéticos en el arte. Es así como Otto Dix decidió plasmar a toda una nueva sociedad partiendo desde el retrato de Sylvia Von Harden en 1926. 

Otto Dix (1891-1969) fue un pintor alemán que abarcó dos grandes etapas como el expresionismo y la nueva objetividad. Muy conocido por su relación con la guerra, tanto por sus pinturas más famosas como por su presencia en el campo de batalla; Dix se interesó en la forma más exacta de mostrar la realidad en la que él y la sociedad alemana se encontraban inmersos. Con un manejo de la técnica sorprendente y bajo la influencia de una serie de pintores renacentistas, cubistas, futuristas y dadaístas, buscó mostrar de forma satírica y grotesca aspectos más crudos (o desagradables) sin dejarlos de lado, más bien volviéndolos protagónicos en cada obra.

Una de las maneras de acentuar esta época fue a través del retrato de Sylvia Von Harden (1894-1963), periodista y escritora alemana que, a pesar de haber colaborado en reconocidos periódicos como Das junge Deutschland y Die rote Erde, hoy debe su fama al impactante retrato de Dix. La figura resaltada, más que una mujer andrógina (como fue descrita muchas veces), es una representación de una nueva feminidad, que desde lo individual refleja el surgimiento de una realidad de género imposible de detener. 

 

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Retrato de Sylvia Von Harden (1926) de Otto Dix. Óleo sobre tela 121 x 89 cm. Centre Pompidou.

 

La musa y el pintor se conocieron en el bar berlinés Romanisches Café, uno de los lugares insignia de la época dónde confluyeron célebres artistas e intelectuales. Según el relato de la periodista, el pintor mostró su entusiasmo de la siguiente manera:

-¡Tengo que pintarte! De verdad, tengo que hacerlo. ¡Representas toda una época!

-Es decir, que quieres pintar mis ojos apagados, mis orejas estrafalarias, mi larga nariz y mis labios finos. Quieres pintar mis grandes manos, mis piernas cortas, mis enormes pies… Cosas que sólo podrían espantar a la gente, y no deleitar a nadie.

-Te has descrito estupendamente. Todo eso me permitirá hacer un retrato representativo de una época que no se preocupa por la belleza externa de la mujer, sino por su condición psicológica.

Hay que imaginarse a una mujer de los años veinte con labial oscuro, sentada sola en un bar, fumando y bebiendo un trago con un vestido que, lejos de destacar las curvas de su cuerpo, parece salido de la Bauhaus. Sylvia está representada con el pelo corto, relacionado en esos años con un corte masculino, y una cara entre cubista y moderna con un monóculo. Para el público de la época seguramente esto generaba una incomodidad que rompía los estereotipos clásicos femeninos.

No se trata de un retrato enfocado en mostrar la profesión de la mujer ya que no hay ningún elemento que pueda hablar de esto, sino que el interés se coloca en este nuevo arquetipo de sociedad y de feminidad. Es claramente la imagen de la mujer que toma lugar después de la Primera Guerra Mundial, que deja de lado el único rol de madre y se convierte en miembro activo de la clase trabajadora. 

Este retrato fue la representación de la Alemania de Weimar sumergida entre lo peor y lo mejor de la modernidad, y está basado en la pose de la periodista cuando ya había sido punto de atracción para otro artista: el fotógrafo alemán August Sander (1876-1964). Similar a Otto Dix, el propósito fue el de elaborar una serie de retratos fieles a la población alemana para el libro El rostro de nuestro tiempo.  

 

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El rostro de nuestro tiempo” Retrato de Sylvia Von Harden (1925) de August Sander. 

 

Incluso el director de cine Bob Fosse le hizo un tributo al cuadro en su película Cabaret en donde aparece una mujer con las mismas cualidades que la periodista. 

 

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Fotograma de Cabaret de Bob Fosse (1972)

 

Unos años después de la realización del retrato, con la llegada de Hitler al poder, Sylvia abandona el país, acto que probablemente le salvó la vida. En cambio Otto Dix fue uno de los primeros pintores en ser destituido por el régimen considerado como “artista degenerado”. Actualmente la pintura cuelga en las paredes del Centre Pompidou de París. 

 

 

 

 

 

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