Viernes, 19 Junio 2026

David Lamelas: “Mi aporte ha sido sacar a la escultura del espacio”

El pionero argentino del arte conceptual habló sobre proyectos de diferentes épocas, su reciente retrospectiva en Dia Art Foundation de NY y El fantasma, un film próximo a estrenar. 
Por Fernando García
Fotograma de film El Fantasma. Fotograma de film El Fantasma.

 

El entrevistador sabe cuándo llega el final de la entrevista. A veces es un silencio. Otras es algo que se ha dicho y sobre lo que es innecesario repreguntar. ¿Para qué? Si el que pregunta y el que contesta se quedan callados y se miran a los ojos como diciendo “ya está”. Y se apaga el grabador (la insistencia en evitar que el smartphone lo haga todo, decir “grabador” nos devuelve al “oficio”. Con el celular graba cualquiera).

En este caso, el final cayó como una persiana en el downtown con la primera oscuridad de la noche. Pesado. Fuerte. Pero David Lamelas, como buen hombre de cine que es y cómo director de su propia película, pidió que siguiéramos conversando y grabando. Porque necesitaba un final más cheerful (la palabra es mía, interpretando su feeling).

Pero este es el corte del entrevistador y, entonces, para respetar la voluntad de Lamelas esa secuencia que era el final perfecto va, ahora, al principio. 

 

—Para conocer bien a los artistas es necesario visitar su taller. Pero en tu caso, creo que el taller está en tu mente que no tenemos que ir a ningún lado. ¿Es así?

—Absolutamente. Todo está acá, en mi cabeza. Cuando me preguntan dónde está mi taller yo señalo esa ventana y todo lo que me rodea. Está todo acá y va conmigo a todas partes.

 

—¿Y en qué estás pensando ahora?

—¿Ahora mismo? En lo que te contesto…

 

—No, en general, obras, proyectos…

—Pienso mucho, muchísimo…

 

—¿En qué?

—Por ejemplo, pienso mucho en que todos los de mi generación se están yendo y bueno…Pienso mucho en eso…

 

—Bueno, listo.

—(silencio) No, sigamos un poco más. No quiero terminar así.

 

                                                        ****

 

Empezamos por el final y seguiremos por el principio. En su departamento de Barrio Norte, David Lamelas (que ha vivido en Londres, Los Ángeles y Berlín a lo largo del tiempo) invita a asomarse a su laptop para que escuchemos y veamos juntos su obra 1416 m³. Se trata de un preludio que Gavin Gamboa compuso sobre un concepto de David (que no lee ni escribe música pero es un melómano total: de Mozart a Roxy Music) ya estrenado en Basel pero repuesto para la inauguración de su exposición antológica The Machine en el local de Dia Foundation en Chelsea con el apoyo de ISLAA (Institute for Studies on Latin American Art). 

Luego de algunos minutos de perplejidad (al fin y al cabo, esta es la primer obra sonora de Lamelas) ante lo que veo ejecutado por el cuarteto de cuerdas JACK y el barítono Jesse Blumberg, que se limita a cantar la superficie que indica el nombre de la pieza en inglés, castellano y alemán; entiendo que David hace esto porque creyó que era una transmisión de Instagram Live. Le explico que no, que estoy grabando para luego escribir pero que la situación es increíble y así se revela (como en la fotografía analógica) cuando desgrabo. Un cuarteto que expresa en sonido el espacio del lugar hasta colmarlo y cada tanto nuestras voces sobre la música que tiene algo de un paradojal minimalismo romántico. 

Para David haberle transmitido sus ideas al compositor Gamboa es lo mismo de siempre: trabajar sobre el espacio como tema y soporte, de Situación de Espacio (Di Tella, 1967) a Situación de Tiempo II ahora en DIA . “Mi gran aporte ha sido sacar a la escultura del espacio”, dirá después. Mientras tanto vemos como los violines se arriman al barítono. Pensó en Mozart, en Wagner pero, claro, la obra como traslación al sonido de su trabajo sobre el espacio remite a John Cage y Steve Reich, los primeros compositores avant garde que salen de la voz de David este sábado gélido. Tras abrir los ojos cuando la música llega a su fin, David se comporta como un fotógrafo, un director de cine o un coreógrafo e indica “Vos sentate ahí”. No da lo mismo el espacio que el otro ocupe, ahora, en su espacio.

 

—Mientras veíamos y oíamos tu obra pensaba en un hilo invisible para pensar tu obra: el retrato deconstruído de Gardel en la galería Lirolay, la serie Rockstar y ahora esto. 

—Es cierto, hay un hilo en común, evidentemente.

 

—¿Y cómo podrías conceptualizarlo? 

—Son casos distintos. El uso de una imagen popular, una calcomanía de Gardel que se vendía para poner en los vasos o las copas; luego un trabajo performático sobre cómo se crea la fama y en este caso es ser consciente del espacio que se está ocupando a través de la música.

 

—Tango, rock y música académica a lo largo de tu carrera. No es un detalle.

—Bueno, es que la música también ha sido parte muy importante en mis películas. La luz al borde de la pesadilla que hice aquí en Buenos Aires tiene música de Carlos Cutaia, por ejemplo. Siempre sobre ideas mías. Para el cortometraje basado en La invención de Morel de Bioy, Carlos compuso un tango también.

 

—Ahora mismo se están pasando en Chile tus videos con Hildegarde Duane que tienen un filo político que suele no tenerse en cuenta en tu obra, ¿no?

—Sí, se están pasando en el Museo de la Memoria de Santiago. Son de una serie de cortometrajes sobre la dictadura donde yo hago de uno de estos dictadores que está exiliado en Estados Unidos. En la época de la dictadura argentina yo vivía en Los Ángeles y desde la distancia interpreté a la dictadura desde Hollywood. Mi rol era el de un dictador sudamericano tratando de retornar al poder desde la industria del cine.

 

—¿Venías a Buenos Aires en esos años?

—Mi mamá me pedía que no volviese pero vine en la época del mundial y pasé aquí dos meses.

 

—¿Sabías lo que estaba pasando?

—Pero por supuesto…pero aquí lo negaban. Recuerdo una comida familiar en la que yo dije que en Argentina había campos de concentración y mi hermana se levantó de la mesa ofendida diciendo “¡Pero quién te crees que sos!” En mi círculo de amigos se sabía todo pero había una clase que prefería negar. No los culpo. De alguna manera es comprensible, tenían que ignorar para poder seguir viviendo. 

 

—Pero tu mamá te decía que no vinieras…

—Porque ella se daba cuenta de que alguien como yo corría peligro. Me decía “quédate tranquilo allá”

 

—Pero vos ya te habías ido mucho antes…

—Sí, en el 68 ya estaba estudiando en Londres. Acá iba tres veces preso por año solo por la ropa que usaba. Se veía venir todo lo que pasó después. 

 

—¿Cómo viste Buenos Aires cuando volviste en el 78?

—Bueno, muy raro. Muy raro. Para mí fue una situación muy interesante volver a este lugar en esa circunstancia tratando de llevar una vida normal. Además, yo tenía la idea de hacer una película sobre ese tema. No de forma explícita porque no podías. Tenías que abordar el tema de una manera oculta. Tenía un proyecto con un escritor que se llamaba Pablo Azcona, con quien hicimos un guión que se llamaba Jugar a ganar y cuya protagonista iba a ser Soledad Silveyra. Yo era muy cercano a Solita en esa época. Y gente como ella estaba perseguida por el Estado. Solita estaba prohibida. Y cuando le presentamos el proyecto al Instituto lo primero que objetaron fue a ella. El productor buscó entonces a otra actriz, muy conocida, famosa, y el Instituto dijo que sí.

 

—¿Qué actriz?

—No puedo decir el nombre…

 

—¿Por qué?

—No corresponde…

 

—Pero pasaron 50 años ya…

—No me interesa decirlo. 

 

—¿Entonces?

—La actriz famosa estaba encantada, pero el proyecto nunca se realizó. Había cierto dinero que se devaluó y nos quedamos sin financiamiento. Mi rol era el de un periodista norteamericano que venía a Buenos Aires a investigar el tema. Con el cambio de actriz, la película había sido aprobada pero quedó en nada. El film era político pero parecía otra cosa. Y es así como yo abordo esas cuestiones. 

 

—Nadie piensa en vos como un artista político…

—No. Y eso me gusta. Pero en la Bienal de Venecia de 1968 presenté la Oficina de Información de Vietnam trabajando con la máquina de teletipos de la agencia ANSA, por ejemplo.

 

—¿Qué pensará el actual embajador estadounidense Peter Lamelas de esta obra del artista David Lamelas?

—Ah no sé, mejor no analizar ese tema. Dejémoslo ahí.   

 

—Ok. Estando en Los Ángeles y dado tu manejo del cine podrías haber entrado en ese circuito pero elegiste seguir en el arte. ¿Por qué?

—Estando en Los Ángeles me dí cuenta que la industria del cine es otra cosa y que lo que a mí me interesaba era el cine como investigación artística. Jugar a ganar era una apuesta para entrar en el cine pero no salió y entonces preferí seguir con mis cortos. La mayoría de mis amigos integrados a Hollywood vivían esperando que se los llame mientras tanto yo producía mis cortos en el circuito del arte. Quizás el momento sea ahora. Porque yo me considero un cineasta, al fin. Mi nueva película El fantasma (un film sobre Rubén Santantonín co-dirigido con Ignacio Masllorens y financiado por ISLAA) va a ser estrenada en un festival muy importante de cine.

 

—¿Cuál?

—No te lo puedo decir todavía. 

 

A Lamelas le gustan los finales con suspenso, entonces. 

 

 

 

 

 

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