Monumento al Cid Campeador, de Anna Hyatt Huntington

Ubicado en el corazón del barrio de Caballito, los casi doce metros de la legendaria figura del héroe medieval, es uno de los principales mojones culturales de la ciudad desde 1935.
Por Martín Sassone

 

El Cid Campeador fue un héroe medieval, una figura histórica y legendaria de la Reconquista. Su vida inspiró el Cantar del mío Cid, el poema más importante de la gesta de la literatura española, de autor anónimo, que relató sus hazañas alrededor del año 1200. En Buenos Aires, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, tiene su monumento, uno de los más tradicionales de la ciudad. 

La escultura de bronce está ubicada en una plazoleta donde se cruzan las avenidas Honorio Pueyrredón con Ángel Gallardo que luego sigue como Gaona, y San Martín que se transforma en Díaz Vélez, en el barrio de Caballito, el centro geográfico de la ciudad.

Montando su aguerrido caballo Babieca, el Cid Campeador levanta su brazo derecho con el que sostiene una lanza, mientras que en el izquierdo tiene un escudo, y su espada Tizona cuelga del cinturón. El alto total de la escultura, con el pedestal de mármol incluido, es de casi doce metros. En una de sus caras afirma con grandes letras “El Cid Campeador, encarnación del heroísmo y espíritu Caballeresco de la Raza”.

La obra original fue realizada por la escultora estadounidense Anna Hyatts de Huntington en su taller de Massachusetts en 1927 y emplazada frente a la sede de la Hispanic Society of America de Nueva York. Un año después fueron erigidas copias en Sevilla, España, y en las ciudades estadounidenses de San Diego y San Francisco. Junto a su esposo, Archer Hungtinton, y en nombre de la Hispanic Society, de la que él era cofundador y tesorero, una última copia fue donada a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Anna Hyatts de Hungtinton (1876-1973) había comenzado su carrera escultórica influenciada por Rodin. Primero se dedicó al modelado de animales, para pasar luego a la figura humana. Investigando sobre la historia de España, estudió el árabe y los cantares de gesta en torno al Cid, y en un viaje por la península ibérica siguiendo los pasos de Don Rodrigo. Entre otras obras, creó la de Juana de Arco que está ubicada en la calle 93 en Nueva York, y la de José Martí en el Central Park.

La estatua del Cid llegó en barco al puerto porteño y, por cuestiones burocráticas, fue depositada en un galpón municipal hasta que se designó el lugar en el que debía emplazarse. Finalmente, en octubre de 1935 se realizó el acto oficial de inauguración. Las piedras sobre las cuales se colocó el cemento de la base llegaron desde Burgos, específicamente de Vivar del Cid, la tierra natal de Don Rodrigo. 

Desde entonces se convirtió en un sitio de referencia ineludible para los vecinos de Caballito, que marcó a varias generaciones. Tal como describió el funcionario porteño Eduardo Macchiavelli en Historias de Mi Comuna: “El monumento al Cid Campeador siempre estuvo muy presente en mis días. Y no por su espíritu caballeresco o épico, simplemente, era el punto de encuentro que teníamos con mis amigos del barrio. Era infalible. La frase ‘después de merendar, nos vemos en El Cid’ o ‘te paso a buscar por El Cid a las diez de la noche’”.

 

 

 

 

 

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