Flor indígena de Gonzalo Pondal Leguizamón

El Jardín Botánico, además de ser un predio maravilloso creado por el paisajista Carlos Thays, cuenta con una colección de esculturas poco conocidas por los habitantes y visitantes de la ciudad. Flor indígena es uno de sus secretos mejor guardados.
Por Martín Sassone

“Soy una mujer indígena, hija de la tierra y el sol, pertenezco a una raza con una cultura milenaria que hoy conservo como un tesoro”

 Gladys Vila Pihue

 

La ciudad de Buenos Aires esconde todo tipo de obras de arte. Algunas, por su ubicación en plazas o avenidas, son parte del paisaje urbano. Otras descansan ocultas y son visibles solo para aquellos que tienen determinada curiosidad. Este es el caso de Flor indígena, la escultura en piedra arenisca perteneciente al artista argentino Gonzalo Pondal Leguizamón (1890-1944).

Se trata de una mujer desnuda en actitud de devoción, que se erige desde el 10 de diciembre de 1979 entre la más amplia variedad de flora que ofrece el Jardín Botánico porteño. Y no es la única: el ojo detector de obras de arte podrá encontrar en el mismo predio creado por Carlos Thays otras hermosas esculturas como Ondina del Plata de Buenos Aires, La loba romana, Canto de la cosechadora, Venus y El despertar de la naturalezaFlor indígena cuenta además con dos esculturas mellizas, una en el boulevard de la Av. Sarmiento en Resistencia, Chaco, y otra en el Museo de Bellas Artes de Corrientes, aunque está última hecha de bronce.

La arenisca con la que está hecha Flor indígena también se conoce como psamita. De acuerdo con el portal Geologíaweb, “las areniscas son todas las rocas sedimentarias detríticas que contienen al menos el 50% de granos del tamaño de arena (0.063mm a 2mm), su textura es variable desde bien sorteada a con sorteo pobre, mineralógicamente se compone de cuarzo y feldespatos en conjunto con fragmentos de cualquier tipo de roca”. La formación de la arenisca se da a medida que un lecho de arena se hunde en la corteza terrestre, se calienta y se comprime a partir de la presión de otros sedimentos. El agua caliente, además, importa diferentes minerales disueltos como el cuarzo o el óxido de hierro. Es por eso que las piedras de arenisca se pueden esculpir fácilmente, pero es cierto que tienden a desgastar las herramientas necesarias para darle forma con más rapidez que otros materiales. Se entiende que de esa manera trabajó Pondal Leguizamón con la escultura. 

El escultor inició su formación en la Escuela Lola Mora y en 1907, con apenas diecisiete años, viajó a Roma becado por el gobierno argentino. Allí estudió tres años con Barbella antes de recalar en París donde asistió a los cursos de Anglada Camarassa. Su vida siempre estuvo vinculada al arte. Trabajó en la Comisión Nacional de Bellas Artes, fue tesorero de la Sociedad de Acuarelistas, Pastelistas y Grabadores; y presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Ganó premios nacionales e internacionales tanto en Río de Janeiro como en París.

La templanza de la figura de Flor indígena parece transmitir y materializar a la perfección los versos del poema en clave de manifiesto “Carta de una mujer indígena” de la peruana Gladys Vila Pihue: “quiero que me respeten, soy mujer de la tierra, fuerte como el árbol que resiste al viento como el junco en la corriente, firme como la montaña más alta, frágil como el colibrí y dulce como los atardeceres”. 

 

 

 

 

 

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