Palacio de los Lirios, de Eduardo Rodríguez Ortega

Es una de las joyas de la arquitectura Art Nouveau en la Ciudad de Buenos Aires. Inspirado en la naturaleza y en la obra del catalán Antoni Gaudí, fue construido a principios del siglo XX.
Por Martín Sassone
Palacio de los Lirios, de Eduardo Rodríguez Ortega Fotos: Alberto Brescia

 

Cuando uno piensa en los grandes monumentos arquitectónicos de Buenos Aires inmediatamente se vienen a la mente una serie de edificios vistosos e imponentes como el Kavanagh, el Ministerio de Obras Públicas, el Palacio Duhau, la Facultad de Derecho o el Palacio Barolo. Casi nadie piensa en uno de los edificios más representativos del Art Nouveau en la Ciudad, una verdadera joya que tiene más de 100 años.

El Palacio de los Lirios está ubicado en Avenida Rivadavia 2031, a una cuadra del Congreso de la Nación, en pleno barrio de Balvanera, es un edificio de viviendas de tres pisos, con dos locales simétricos a ambos lados de la entrada. A partir de la primera planta, se desarrolla un armonioso saliente, ábside o bow-window, que termina en la terraza bajo una cabeza de un hombre barbado, cuyos pelos se alargan y ondulan hacia los costados, que bien puede simbolizar a Eolo, el Dios del Viento en la mitología griega, o a Poseidón, el Dios de los Mares.

El nombre del Palacios de los Lirios se lo debe a que la construcción partió de una idea del retorno a la naturaleza. Fue así como su constructor, el ingeniero Eduardo Rodríguez Ortega (1831-1938), buscó disimular la fachada cubriéndola de tallos y hojas de lirio que recorren todo el edificio de abajo hacia arriba y simulan sostener cada uno de los balcones formando las rejas. El material con el que se construyó la fachada se llama piedra París, y es una copia de la piedra sólida que se usaba a fines del siglo XIX en Europa.

Rodríguez Ortega era admirador de Antoni Gaudí, máximo exponente del modernismo catalán, una de las variantes del Art Nouveau. Es por eso que, al contemplar el edificio de frente, por unos instantes y abstrayéndose del entorno, uno puede tener la fugaz sensación de encontrarse en Barcelona. 

Según explicó al diario La Nación Juan Carlos Pastrana, presidente de la Asociación Art Nouveau Buenos Aires, "este edificio es realmente una joya de la elegancia, del refinamiento y de la expresión de la naturaleza (…) Las curvas del Palacio, excepcionalmente realizadas en los balcones, son típicas del estilo de Gaudí, pero la decoración es más bien francesa. Si bien ambas características corresponden al Art Nouveau, la seña particular de ese estilo en Buenos Aires es la mezcla, el eclecticismo".

También conocido como la Casa de los Lirios, el edificio fue construido entre 1903 y 1905 por pedido de Miguel Capurro, un empresario textil que además estaba relacionado con la industria del vino y que invertía en inmuebles. Si bien es un edificio de viviendas, el Gobierno porteño lo reconoció como “representativo” de la arquitectura de la Ciudad por lo que cuenta con un nivel integral de protección.

El Art Nouveau tuvo su auge en Buenos Aires entre fines del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial. En ese período surgió una nueva clase media burguesa que se diferenció en sus construcciones de la alta sociedad porteña que se inclinaba por el neoclasicismo francés. Mientras que la arquitectura de la alta alcurnia se concentraba en la zona de Recoleta y Retiro, el Art Nouveau se expandió por los barrios de Balvanera y Monserrat.  

En su fachada ondulante, el Palacio de los Lirios exhibe la gloria de otro tiempo, en la que edificar representaba mucho más que construir: había una búsqueda de representar un estilo, transmitir un mensaje y que hasta el más mínimo detalle tuviera un valor simbólico.

 

 

 

 

 

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