El arte al límite del arte por Maurizio Cattelan

Forma parte de una escuela de artistas que ponen permanentemente en juego al mercado del arte. Ya sea una banana pegada con cinta, un inodoro de oro o un caballo embalsamado, sus obras impactan con humor negro y provocación.
Por Martín Sanzano

"Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros" Marcel Duchamp.

 

Con una banana y un pedazo de cinta adhesiva, el artista italiano Maurizio Cattelan partió las aguas. ¿Es una obra de arte? ¿O acaso es una tomada de pelo? ¿A dónde está el límite? Y si esa frontera imaginaria realmente existe, ¿vale la pena señalarla? Un debate que ya tiene siglos y que, en tiempos de redes sociales, se vuelve trending topic con asombrosa facilidad. La grieta de las interpretaciones en limitados caracteres.

Fiel a su estilo provocador, Cattelan sorprendió a los visitantes de la edición 2019 de la feria Art Basel de Miami con Comedian, una banana pegada a la pared con un pedazo de cinta adhesiva, así de literal. Un guiño a Andy Warhol, otro a Paul Gauguin, y uno más grande a Marcel Duchamp, por supuesto. Un objeto cotidiano sacado de la alacena de casa que se corre de la zona de confort, como dicen, para convertirse en obra de arte. ¿O no? Como sea, una persona pagó ciento veinte mil dólares por esa banana. O mejor dicho, por un certificado de autenticidad de esa idea artística, porque la banana no iba a durar demasiado. 

No es la primera vez que el italiano desafía a los más puristas con propuestas radicales. O polémicas, para ser más clickbait. En 2016 presentó America, un inodoro de oro sólido de dieciocho quilates que funciona a la perfección y que en 2019 fue robado (¿acaso el robo también forma parte de la obra?) de una exhibición en Inglaterra. En 2017 hizo lo propio con La Nona Ora, una escultura donde el papa Juan Pablo II es derribado por un meteorito. Pero Cattelan ya había anotado su apellido en la lista de artistas irreverentes con Him (2001), la escultura de un Adolf Hitler con cuerpo de niño, en posición de rezo, que se vendió por quince millones de euros: el precio más alto jamás pagado en una subasta por una obra del italiano.

Nacido en Padua en 1960, formado en la ciudad de Forli, Maurizio Cattelan expuso por primera vez en 1991, en la Galleria Communale d'Arte Moderna de Bolonia. La obra se llamó Stadium y consistió en un partido de metegol muy particular. En una mesa de siete metros de largo y once jugadores por lado, enfrentó a un equipo formado exclusivamente por inmigrantes norteafricanos contra otro completamente blanco, integrado por italianos del norte. Xenofobia, racismo y fútbol, un cóctel que Cattelan había conocido de cerca durante su incursión como fundador de ese equipo de inmigrantes en la liga regional de fútbol de Emilia Romagna.

Otra de sus obras clásicas es Novecento -como la película de Bernardo Bertolucci que protagoniza Robert De Niro-, un caballo embalsamado que cuelga del techo en un salón barroco. La expuso por primera vez en 1997, en el Castello di Rivoli, en Turín, y desde entonces viajó por diferentes museos del mundo, provocando todo tipo de reacciones. El caballo no es uno cualquiera, es un viejo ejemplar de carreras que Catellan, como taxidermista, convirtió en pieza de arte para inmortalizarlo como una metáfora. 

¿Qué hace un caballo muerto colgando en una habitación? La misma pregunta se habrán hecho los que se encontraron con una banana pegada en la pared. Lo importante, en todos los casos, es que hubo preguntas. El artista italiano busca ese impacto inmediato, la reflexión o el rechazo, la crítica mordaz o la carcajada. Y siguiendo con los caballos: "La risa es un caballo de Troya para entrar directamente en el inconsciente, atacar la imaginación y provocar reacciones viscerales", dijo Cattelan en una entrevista con el blog especializado en arte Alejandra de Argos

Con imágenes icónicas como la del papa Juan Pablo II o la del propio Hitler, la representación misma del mal en occidente durante el siglo XX, el italiano lanza los estímulos y espera las respuestas, las reacciones que se necesitan para completar cada obra. “La mayor parte de las veces, la provocación está en el ojo del espectador”, aseguró el artista. Su provocación no es otra que la de jugar con las ideas que sobrevuelan alrededor de esas imágenes tan fuertes, con la herramienta fundamental que lo habilita -casi- todo: el humor.  

“Creo que [el humor] puede ser una muy buena manera de sacar a la superficie el enfado, pero sin violencia -aclaró el italiano-. Desde el primer momento que son concebidas, mis esculturas han nacido como imágenes y esa es la forma en la que continúan viviendo en los medios. Mientras sigan siendo una imagen poderosa a primera vista, funcionarán”. Poderosa como una banana pegada a la pared con un pedazo de cinta adhesiva. No la de Warhol, no la de Gauguin: la banana de Maurizio Cattelan.

 

 

 

 

 

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