Techno, ciencia y minimalismo según Ryoji Ikeda

Surgido de la escena electrónica de su Japón natal, alcanzó el estatus de referente internacional en base a instalaciones que llevan al límite la experimentación con visuales minimalistas y arte sonoro.
Por Aldo Montaño

La obra del artista japonés Ryoji Ikeda se basa en el minimalismo. Mediante su forma de componer busca reducir las estructuras y frecuencias musicales a su expresión más básica, logrando como resultado música electrónica experimental; territorios sonoros de texturas invasivas y máquinas titilantes. Hay, en el sonido de Ikeda, una constante sensación de expectativa, un crescendo robótico, donde la música alcanza un pulso por momentos exasperante. Se trata de un viaje claustrofóbico, interior y expansivo, pura narcolepsia cifrada en ceros y unos.

Formado como dj, Ikeda tuvo su educación sentimental en las discotecas hasta que decidió dar un giro en su carrera para comenzar a experimentar. En 2000 fue parte de Sonic Boom, una exposición grupal curada por el artista de sonido y teórico David Toop que presentaba el trabajo de Brian Eno y Lee Ranaldo de Sonic Youth, entre otros. Tensando los límites de la tecnología informática, con los años Ikeda elaboró una serie de métodos "microscópicos" para desarrollar su obra y construir sus performances acústicas y audiovisuales.

Manipulando codificadores creativos buscó construir un lenguaje audiovisual nuevo. Convirtiendo archivos JPEG o correos electrónicos en código binario, Ikeda desarrolló un método que llamó “sonificación pura de datos”. Creó tonos electrónicos con patrones monocromáticos oscilantes y para combinarlos con una caja de ritmos, aproximándose al techno minimalista. Su búsqueda tiene como horizonte impactar en las sensaciones del público. Es un trabajo que interpela y propone, en palabras del artista, "miedo e incomodidad". Una rebelión de las máquinas con la forma de un trance alfanumérico.

Ikeda ostenta más de trece discos editados, y algunas de sus instalaciones más significativas son Supersymmetry, Point of no Return, y Test Patterns, donde surfea entre la matemática gráfica y la música contemporánea al límite de las frecuencias. Pero su obra definitiva es Data-Verse. Encargada por Audemars Piguet Contemporary y presentada en la Biennale de arte 2015, es el logro técnico supremo de Ikeda: la visualización de decenas de miles de horas de investigación científica rigurosa y pensamiento rizomático, codificadas en una explosión de intercambio de datos. Tomando big data extraída de investigaciones realizadas por la NASA y el Proyecto Genoma Humano, en Data-Verse, durante seis años Ikeda plegó secuencias de ADN, coordenadas galácticas, la estructura de proteínas, física cuántica y cosmología en las instalaciones, analizando los datos para proyectarlos en tres presentaciones audiovisuales monolíticas. El resultado es un estallido de psicodelia científica.

Reconocido por ser un artista interdisciplinario, y un investigador del sonido, en la actualidad Ikeda se presenta tanto en eventos como el Sou Festival y Mutek, como en importantes centros artísticos. Tiene como característica particular ser reacio a dar entrevistas, una postura que está asociada con su concepción del arte y la vida: "Quiero que se acuerden de mi música. No de mí", dice.

 

 

 

 

 

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