En el territorio árido-patagónico de Contralmirante Cordero, en la provincia de Río Negro, se erige un proyecto al aire libre con intereses compatibles al de un ecomuseo. Por sus características híbridas, determinar las dimensiones del Museo Barda del Desierto (mBDD) es algo complejo: a lo largo de sus 70 hectáreas a cielo abierto, la experiencia museística ofrece recorridos presenciales, capas digitales y un sistema de mediación territorial que funciona como planta libre extendida.
El museo, que en 2025 fue reconocido internacionalmente con el Outstanding Museum Practices Award del Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno (CIMAM) ofrece un circuito compuesto por “tres salas” emplazadas en el paisaje; cada una vinculada a dispositivos digitales, cartografías y obras que activan la relación entre cuerpo, territorio y tecnología, sin alterar el paisaje natural de las bardas. Esta particularidad de “arquitecturas de límites difusos”, idea acuñada por el arquitecto japonés Toyo Ito, establece una estructura sin paredes, que en el caso del mBDD se define a partir de la relación entre lo físico y lo digital, haciendo del espacio un lugar posible.
En 2026, el Museo Barda del Desierto anuncia la convocatoria internacional para su nueva exhibición titulada SOMBRA, principio de refugio, dirigida a equipos de arquitectura, bioarquitectura, arte y prácticas experimentales. La iniciativa propone investigar la sombra como materia arquitectónica, recurso bioclimático y lenguaje estético, en diálogo con las condiciones ambientes áridos. La misma experiencia curatorial y territorial, condujo a reflexionar en relación a las condiciones de habitabilidad del museo, especialmente en relación con los climas extremos de la región. En palabras de su Directora, María Eugenia Cordero: “La intemperie, como condición, activa la pregunta por el refugio. Y en este proceso, aparece entonces la relectura de El elogio de la sombra, de Jun'ichirō Tanizaki. Desde esa sensibilidad, emerge una idea fundamental: la sombra, incluso en su carácter efímero, puede ser comprendida como refugio”.
La exhibición busca desplazar la atención hacia la proyección, entendiendo la sombra como un espacio intermedio, móvil y temporal, capaz de producir cobijo, orientación y resguardo pero no sólo desde el aspecto físico: se trata de un espacio de suspensión, pausa y observación. La sombra es tomada como eclipse, contorno, silueta y perfil, forma que antecede y acompaña a la arquitectura. Cordero amplía el enfoque: “Implica un corrimiento significativo en un contexto contemporáneo saturado de imágenes, mediaciones digitales y sobreproducción visual. Intentamos un gesto inverso: volver a una experiencia mínima, intangible pero profundamente perceptiva. La sombra no se posee ni se fija, se experimenta en el tiempo. Es un fenómeno que nos sitúa, que nos obliga a reconocer nuestra posición en el espacio, pero también en relación con escalas mayores: la rotación de la Tierra, el movimiento solar y las condiciones atmosféricas”.
La convocatoria seleccionará tres propuestas que serán desarrolladas como prototipos de arquitectura mínima a escala 1:1, elaborados con materiales bioclimáticos o de bajo impacto, para activar nuevas formas de habitar la barda. Cada estación se emplazará estratégicamente en puntos del circuito del museo y se integrará con su sistema de mediación digital, ampliando la experiencia mediante capas de registro solar, narrativas atmosféricas, sensores o cartografías lumínicas. El proyecto cuenta con el apoyo de la Fundación Williams, en el marco del programa Ensayar Museos 2025 y es impulsado en colaboración con los arquitectos Lucas Gilardi y Gustavo Dieguez (estudio a77) y las arquitectas Dani Vera y Natalia Leves.
Para finalizar, la directora del museo sintetiza las expectativas colectivas, más allá del quehacer artístico de los potenciales candidatos: “Con SOMBRA se abre una nueva oportunidad: la de poner en valor otras formas de pensar y hacer en el cruce entre arte, arquitectura y ciencia, especialmente desde prácticas situadas, sensibles a sus territorios. En este sentido, los vínculos comunitarios que se activan en este tipo de circuitos son fundamentales, ya que no solo acompañan estos procesos, sino que también amplifican y sostienen estas formas de hacer y accionar”.




























