Una estructura monumental emerge entre el verde de la pradera. De lejos, parece el esqueleto de un animal mitológico. O las ruinas de una fábrica abandonada desde hace siglos. Pero en realidad se trata de Beaubourg, una de las obras emblemáticas del artista ruso Nikolay Polissky, pionero del land art contemporáneo en su país y fundador del festival de arte y arquitectura Archstoyanie.
Ubicada a poco más de 200 kilómetros de Moscú, en el pequeño pueblo de Nikola-Lenivets, Beaubourg fue construida en 2013 y emplazada dentro de los límites del Parque Nacional de Ugrá, que consta de más de 600 hectáreas de bosques, campos y colinas a la orilla del río que lleva el mismo nombre. Un pequeño paraíso rural a tres horas de la capital.
La enorme obra de más de veinte metros de altura, que además de admirarse desde afuera se puede recorrer en su interior, no es más que una reinterpretación salvaje y a la vez orgánica del famoso Centro Pompidou de París (conocido popularmente como “Beaubourg”). Las diferencias, no obstante, son notables. El edificio parisino exhibe tuberías de colores y estructuras industriales. La versión rusa, en cambio, levanta torres cilíndricas hechas íntegramente de troncos, ramas y madera recolectada en la región de Kaluga.
La estructura fue construida junto a habitantes del pueblo, artesanos locales y voluntarios. Las ramas de abedul que conforman los gigantescos tubos, que aparecen distribuidos como los tentáculos de un pulpo de proporciones bíblicas, fueron trenzadas a mano por aldeanos rusos. Es que, en la mayoría de sus obras, el autor del Beaubourg ruso elige trabajar con comunidades rurales, reutilizando materiales orgánicos y haciendo del proceso un ritual colectivo.
Polissky nació en Moscú en 1957. Se formó como ceramista en la Escuela Superior de Diseño Industrial Mukhina de Leningrado y durante los años ochenta integró el colectivo artístico Mitki, cuya filosofía se basaba en el humor, la camaradería, la ironía y el rechazo a la solemnidad. Todo cambió cuando, en 1989, tomó la decisión de instalarse en una pequeña aldea llamada Nikola-Lenivets.
Lejos de los centros culturales rusos, Polissky tuvo nuevas ideas. En el invierno de 2000 realizó Snowmen, una intervención que consistía en más de doscientas figuras de nieve alineadas sobre los campos del pueblo. Los habitantes de Nikola-Lenivets participaron activamente en la construcción de aquellos “ejércitos” blancos, realizados con madera, ramas, heno y mimbre. Y así forjó su marca registrada.
Obras monumentales realizadas colectivamente con materiales naturales y recursos del entorno. Algunas, destinadas a transformarse o desaparecer con el tiempo. Y otras incluso destruidas en celebraciones públicas. Lo que motivó la creación de Archstoyanie, un festival de arte y arquitectura que convirtió a la ignota Nikola-Lenivets en uno de los centros de land art más importantes de Europa.
La idea de hacer una versión propia de Beaubourg empezó, como era de esperarse, con una visita a París. Allí, Polissky quedó impactado por el Centro Georges Pompidou, la obra que Renzo Piano y Richard Rogers inauguraron en 1977 y que revolucionó la arquitectura al exhibir sus tuberías y conductos de ventilación en parte de la fachada. En su momento, los parisinos lo tomaron como una provocación, lo que le fascinó al artista ruso.
Cuando regresó a casa, el artista comenzó a idear una suerte de homenaje. ¿Qué pasaría si esas chimeneas y tubos industriales se tejieran con mimbre, como si fueran cestas? Un oficio muy practicado en la zona. Luego de casi dos años de trabajo colectivo, la obra se convirtió en el corazón del parque. Los que la visitan aprovechan la escalera de caracol que hay en su interior para subir a la terraza mirador y obtener las mejores postales del paisaje del valle del Ugrá. Y de las otras instalaciones permanentes y temporales que aparecen por sorpresa entre la espesura de los bosques del parque artístico Nikola-Lenivets, el más grande de toda Europa.

























