Emoción, expectativa, ventas y reencuentros marcaron la primera edición de ArTuc, la nueva feria de arte contemporáneo que pone en el calendario federal a la provincia de Tucumán. Los números: más de 300 artistas y 600 obras, 35 espacios participantes, y ventas de 150 obras, con valores que van desde los 100 a los 10000 dólares. Se entregaron seis premios adquisición y una beca de fomento.
“La feria fue un éxito de ventas y visitantes, pero sobre todo movilizó a la ciudad: montajistas, carpinteros, pintores, electricistas, iluminadores, cafés, hoteles... Se genera mucho trabajo alrededor de una feria de arte. Lo que más nos enorgullece es que la mayoría de las compras de arte fueron hechas por tucumanos. Estamos creando una nueva generación de compradores de arte”, cuenta Juan Grande, uno de los organizadores.
Con su histórica calidad de artistas, un circuito por museos y por la Casa Histórica de la Independencia, y un puñado de galerías y espacios autogestionados por artistas, el ecosistema del arte provincial ya tenía la talla para ofrecer una feria de arte rica en artistas. El esfuerzo para lograrla fue privado, con tímidos apoyos estatales desde el área de Turismo, más que de Cultura. Como sea, se trató de una celebración para artistas, galeristas, compradores y otros agentes culturales. ArTuc, Feria de Arte Contemporáneo Tucumán (25 al 28 junio), fue organizada por Dinamo Creativo y Fundación Contemporánea, con el objetivo de impulsar el mercado del arte contemporáneo. Es el sueño de dos gestores culturales, Fredesvinda Denis y Juan Grande, que siguieron adelante con el proyecto de feria cuando el Estado retiró sus aportes: Cultura de la provincia había prometido un aporte fundamental que a último momento se dieron cuenta que nunca llegaría. El proyecto continuó, pero ya no se pudo dar stand gratis a todos los participantes, y debió cobrarse la entrada a los visitantes, que llegaban después de un viaje de media hora desde el centro hasta Yerba Buena, casi al pie de los cerros. Se cortaron 2500 entradas.
Dos grandes artistas locales tuvieron un espacio especial donde se les rindió homenaje: Sandro Pereira y Carlota Beltrame. Sandro es uno de los artistas más reconocidos, con sus autorretratos con sánguches de milanesa y sus recreaciones de Tarsila do Amaral a la tucumana. Beltrame es una eminente artista conceptual, y uno de los tres pilares de la educación sentimental de los artistas de esta tierra. Dirige junto a Marcos Figueroa y Geli González la famosa cátedra Taller C de la Universidad Nacional de Tucumán, una usina de grandes artistas. Su práctica transforma temas locales en universales y articula la artesanía popular con los lenguajes de la contemporaneidad. En la feria presentó inédita obra, Polvo y espanto, una versión de Sin pan y sin trabajo, obra maestra de Ernesto de la Cárcova, que Beltrame recreó en telar monocromo, apenas visible. Ha marcado a generaciones de artistas y continúa siendo una referencia ineludible para comprender el arte contemporáneo local.
El auditorio montado en un escenario en medio de los stands tuvo todo tipo de actividades: desde un tejedor de Amaicha del Valle hasta una representante de Art Basel Miami, que en inglés contó cómo el arte transformó la ciudad. Muy concurrida fue la presentación de Diana Aisenberg, que conversó sobre MDA El Manual. 51 días en el taller de pintura, una publicación concebida como una guía abierta para acercarse al pensamiento artístico, compartir procesos y activar nuevas formas de mirar y crear. Aisenberg define al libro como “un despertador de caminos y almacén de tips útiles”.
En la inauguración, la artista Edith te amo se paseo desnuda por los stands con una burka improvisada en la cabeza para reclamar contra el abuso infantil en Afganistán… y en el resto del mundo también. Otra perfo: la artista Paula Araoz presentó Teorías de una creencia, una emotiva acción performática vinculada con el VJ Book, que es una práctica artística que consiste en crear nuevas narrativas visuales a partir del remix y la reconfiguración de imágenes y fotografías, del mismo modo en que un VJ mezcla imágenes en tiempo real. Aráoz entrelazó fotografías de su propia autoría con poemas escritos por su abuelo, construyendo un relato íntimo donde memoria, afectos e identidad dialogan a través de las imágenes y las palabras.
Las galerías llegaron desde ocho provincias, como Quilla de Jujuy; La Arte, Bac y Mamoré de Salta, Crudo y Gabelich de Rosario, Pólvora y Departamento 112 de Buenos Aires. El jurado de selección estuvo conformado por el curador independiente Joaquín Barrera, los coleccionistas Pablo Mazza y Marcela Di Capua y la artista tucumana Ana Won. Las ventas fueron tímidas. El gusto, amplio: se vendieron maestros clásicos como Gramajo Gutiérrez en 300 dólares en Fausto, pero también obras de técnicas diversas, como instalación de cianotipia de Clara Zaragoza y calados en papel de Valentina Piñero, ganadora de un premio adquisición, ambas en Radar.
Mapa cambió su fecha al mismo fin de semana en que estaba programada ArTuc, y eso dejó con muy escasas visitas de compradores de otras provincias. José Luis Lorenzo, coleccionista cordobés y miembro del board de arteba fue de los pocos en visitar la feria y tuvo su homenaje: en el acto inaugural fue nombrado padrino de la feria, junto con una figura local Catalina Lonac, fundadora de la Universidad de San Pablo-T y cabeza del grupo Los Balcanes, la empresa azucarera que tiene cuatros ingenios, una productora de alcohol de caña y una generadora de energía a partir de los residuos de la caña.
“Tucumán necesitaba una feria por los artistas que tenemos acá. La Facultad de Arte todos los años lanza al mundo artistas que son geniales”, cuenta Denis. Pero escasean los espacios para ver arte, cuando el museo principal, el Timoteo Navarro, está cerrado hace cuatro años.
Las galerías con espacios abiertos al público son pocas. Fausto ofrece una gran variedad de arte moderno y contemporáneo. Biomba es una galería céntrica donde se puede ver una gran exposición del maestro escultor Guillermo Rodríguez, Albor. Maleza, estudio dirigido por Cecilia Quinteros, tiene un staff de artistas jóvenes y de mediana trayectoria que se visita con cita previa. Rusia, proyecto pionero que dirige Gustavo Nieto, no tiene sede física, pero agrupa a artistas en ascenso como Ignacio Cassas.
Consultorio es una de las pocas que tiene sede, y la más visible del momento es Fulana, con su galerista Pamela Rodríguez que viaja a ferias de todo el país (incluyendo cuatro arteba) y tiene una sede remota, en Tafí Viejo. En ArTuc ganó un premio para participar en la próxima FAS, la feria de Salta que este año no se hará. Casa Aconquija, una casa galería de Yerba Buena, recibió visitas con cita previa para ver una exquisita muestra de Evi Tártari.
Se celebró la apertura de una nueva trinchera para el arte, Espacio N, con una muestra inaugural, Lo que callan las cosas, con obra de Analía Asaf, Carola Franco Sosa, Carolina Cazón, Estela Correa, Leonor Asar, Marcela Chichizola y Valentina Piñero. También Dicha Lugar, una casa centenaria donde hay fiestas y muestras, y donde tienen sus talleres los artistas Rosalba Mirabella, Sofía Noble, Bruno Masino, Hernando Migueles, Julieta Papa, Mariana Ponce, Bruno Juliano y María José Vera.
Otro taller concurrido fue el de los artistas Alejandra Mizrahi, Agustín González Goytia y Javier Soria Vázquez: todos artistas de peso en la escena nacional. Entre los proyectos jóvenes está Maskay Gallery, una galería de arte digital que se presentó en un andamio sin pantallas: las obras circulan impresas en bolsas de tela.
La ciudad tiene sus atractivos, como la famosa Casa Histórica de la Independencia (en esta provincia resulta ofensivo decirle casita, como se estila en el resto del país). Rodeada de plazas, ferias y tiendas de productos regionales, no hay que perder la oportunidad de otra especialidad gastronómica, los chanchicurros. La gaseosa principal acá es la Mirinda de manzana y las empanadas se comen de piernas abiertas porque chorrea. En el Museo Histórico Provincial Presidente Nicolás Avellaneda se puede ver una rareza: dibujos de gobernadores hechos por Lola Mora a los 27 años, antes de convertirse en la mayor escultora nacional. En el corazón de Plaza Independencia, además de casas históricas y edificios públicos de gran belleza, está una obra emblemática de la artista. La Libertad se alza como símbolo de fuerza y sensibilidad. En la Casa Histórica, sus bajorrelieves conectan con el alma de la historia nacional.














































