Spiral Jetty (Estados Unidos): una espiral en constante transformación

La obra de Smithson es una insignia del movimiento land art. Permaneció tapada por treinta años en el fondo del Great Salt Lake, hasta que en 2002 una bajada de las aguas volvió a exponer su forma monumental.
Por Ignacio Marchini

 

En termodinámica, la entropía es una magnitud que mide el grado de organización de un sistema. Mientras mayor es, mayor es el desorden. Todos los procesos que se dan en el universo tienden, a la larga, a incrementarla, por lo que el caos es el destino inexorable. La entropía también expresa aquella energía que se pierde, que no podrá ser utilizada en el futuro. Es decir, aquello que está condenado a desaparecer.

Robert Smithson entendió que este concepto era el mejor para expresar su visión sobre los vínculos entre el hombre y la naturaleza. La intervención del humano sobre su propio hábitat está sujeto a las mismas leyes que la termodinámica. El artista contemporáneo entendía que el desgaste y la reconfiguración de aquellos elementos introducidos por las personas sufrirán los mismos procesos entrópicos, y que el arte no está exento de esta circunstancia.

En este marco es que el artista norteamericano creó la que probablemente sea su obra más famosa: Spiral Jetty (1970). Concluida poco antes de su temprana muerte (falleció en 1973 en un accidente de avión, a la edad de 35 años), la enorme espiral se encuentra en la península de Rozel Point, en la orilla noreste del Great Salt Lake. La obra fue realizada con más de seis mil toneladas de roca negra de basalto y tierra, y tiene un largo de más de 450 metros y casi cinco de ancho. 

La espiral enroscada en sentido contrario a las agujas del reloj, que alude al entramado molecular de los depósitos de cristales de sal presentes en el agua del lugar, comienza en la orilla del lago y penetra hacia su centro, ya que el lecho se encontraba expuesto por una sequía cuando Smithson, junto a un equipo de operadores de camiones, tractores y palas mecánicas, crearon la escultura. Dos años después, en 1972, una crecida tapó la escultura durante 30 años, hasta que quedó expuesta nuevamente en 2002 luego de una bajada que se mantiene hasta el día de hoy.

Esta situación coincide con la visión de Smithson de crear una obra de arte en constante transformación, cuya forma nunca es fija y sufre una decadencia irreversible desde el momento de su creación. Así, cuando la Spiral Jetty quedó expuesta una vez más, la obra había cambiado: las sales del agua habían blanqueado la negrura del material y el cieno se había acumulado entre las grietas, puliendo su superficie y haciéndola menos tosca.

"Me gustan los paisajes que sugieren prehistoria", aseveraba el artista. Por eso eligió este emplazamiento para Spiral Jetty, por las inusuales propiedades ecológicas y geológicas del lago, como la coloración rojiza del agua, causada por la elevada presencia de microbios. Smithson acuñó la dualidad “sites” y “non-sites” (emplazamiento y no-emplazamiento), con la que quiso subrayar las tensiones entre espacios interiores y exteriores; los emplazamientos son ubicaciones físicas y reales que pueden ser transformadas en una obra de arte abstracta y transportable, es decir, convertirlas en no-emplazamientos.

Smithson comenzó su carrera artística pintando y dibujando, disciplinas que abandonó a partir de 1962 para dedicarse a la escultura. Pionero del land art, la Spiral Jetty fue una obra insignia de esta corriente que condensó una serie de discusiones que venían dándose en el mundo del arte desde la década del sesenta. La escultura fue de las artes plásticas que comenzó a trabajar de lleno el problema de la acción humana sobre el medio ambiente, y a plantear la utilización de los fenómenos naturales como material estético y a la propia travesía por la obra como parte de la experiencia.

Según las investigadoras Vanesa Heisterborg y Teresa Moneta, Smithson no concibe su obra como una “denuncia”, sino que entropológicamente se coloca entre el polo industrial y ecologista, “haciendo aflorar la dialéctica implícita de los procesos erosivos”. Inaugura un paisajismo antropizado y dramático que opera sobre la melancolía que surge a causa del abandono de las sociedades de sus vínculos naturales. La obra, entonces, posibilita “traer a la esfera del ciudadano la huella de aquello de lo que se ha despegado”.

 

 

 

 

 

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