Rachel Ruysch: los maravillosos bodegones florales

Una de las artistas más exitosas del Siglo de Oro neerlandés. Se especializó en las naturalezas muertas con flores y tuvo una carrera excepcional que duró siete décadas.
Por Gisela Asmundo

 

Rachel Ruysch nació el 3 de junio de 1664 en La Haya. Su hermana menor Anna, también fue pintora, ambas hijas de Maria Post y Frederik Ruysch, un destacado botánico y anatomista. Con apenas tres años, su familia se mudó de La Haya a Ámsterdam para instalarse en el Bloemgracht (canal de flores). Allí Frederik fue profesor de anatomía y supervisor del jardín botánico de la ciudad. Su padre poseía un gabinete de curiosidades que inspiraron sus cuadros: una vasta colección de esqueletos de animales y muestras de minerales y botánica, que Rachel usaba para practicar sus habilidades de dibujo.  

La mayor información sobre la vida de Ruysch parte de Johan van Gool, el biógrafo de los pintores, quien señaló el talento innato que poseía desde muy temprana edad, siendo aprendiz a finales de 1670 del maestro Willem van Aelst, pintor líder en bodegones florales en Ámsterdam. Se desempeñaba muy bien dibujando, ya que gracias a su formación conocía las técnicas de tradiciones anteriores. Superada la etapa de aprendizaje, la naturaleza en sí misma se convertiría en su verdadera maestra. Sus primeras obras firmadas en la década de 1680 muestran la influencia de Otto Marseus van Schrieck, pintor de la Edad de Oro de Holanda, quien mantenía lagartos y serpientes en cautividad como modelos para sus pinturas.

 

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Rosas, convólvulos, amapolas y otras flores en una urna en una repisa de piedra. Tipo de objeto (1680).

Óleo sobre tela, National Museum of Women in the Arts, Washington D.C.

 

En 1693 Rachel Ruysch se casó con el retratista Juriaen Pool (1666-1745), con quien tuvo diez hijos. En 1701 se convirtió en miembro del gremio de pintores de San Lucas en La Haya. En ese momento, comenzó a producir grandes trabajos de flores para un circuito internacional de patrocinadores. Varios años más tarde, fue invitada a Düsseldorf para servir como pintora de la Corte de Johann Wilhelm, el Elector Palatino de Baviera. Permaneció allí desde 1708 hasta la muerte del príncipe en 1716. Al regresar a Ámsterdam, continuó pintando cuadros de frutas y flores para una clientela prominente.

Se mantuvo artísticamente activa, exhibiendo con orgullo su edad cada vez que firmaba un lienzo, como el que completó en 1747, a los ochenta y tres años.  Al haber incluido las fechas y la edad se logró establecer que pintó desde los quince hasta el final de sus días. En 1750, Johan van Gool publicó una colección de biografías de artistas titulada Nieuwe Schouwburg incluyendo la biografía de Ruysch. Conoció a la artista en 1748, cuando tenía ochenta y cuatro años; y sostuvo lo siguiente: "Para ser una mujer de una edad tan madura, había conservado su mente y su apariencia maravillosamente bien”. Murió a los ochenta y seis y dejó un vasto legado de pinturas, de las cuales más de doscientas cincuenta fueron documentadas o se le atribuyen.

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Aert Schouman, Retrato de Rachel Pool-Ruysch (1749). Biblioteca del Rijksmuseum, Amsterdam.

 

Bodegón de frutas y flores suspendido delante de un arco de piedra (1681)

Es una de las obras más antiguas de Rachel Ruysch, realizada durante la adolescencia. Pertenece a un grupo de cinco pinturas similares, cuatro de las cuales datan de la primera parte de la década de 1680 y una quinta de 1689. Se aprecia el elegante manejo de la pintura en la cual Ruysch define nítidamente los diversos elementos de la composición al iluminar el arreglo desde el lado izquierdo. Asombran todos los detalles del trabajo, el sutil uso de la curva en la composición declara un excelente dominio del espacio, cada pétalo fue creado minuciosamente con una delicada pincelada. Estilísticamente, esta obra y las demás pertenecen con su composición lúdica y colores brillantes, al movimiento Rococó.

 

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Bodegón de frutas y flores suspendido delante de un arco de piedra (1681)

 

La majestuosa firma de la pintura sugiere el orgullo de la joven artista por su creación y también encuentra paralelos en las pinturas de van Aelst, a cuyo estudio asistía durante el período de creación del cuadro. Un claro ejemplo de esta influencia se puede apreciar en la obra Grupo de Flores (1675) de van Aelst en el Museo Fitzwilliam de Cambridge. Sin embargo, la composición de un arreglo apretado de frutas y flores suspendidas de un clavo ante un arco de piedra ficticio sugiere una familiaridad con las pinturas de Abraham Mignon, y en particular, con las de Jan Davidsz de Heem. También sus arreglos florales abrazados a troncos de árboles guardan relación con éste último artista. 

 

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Tronco de árbol rodeado de flores, mariposas y animales (1685).

 

Pero en las obras de Rachel Ruysch se puede apreciar un lineamiento hacia su propio estilo. En diferentes momentos de su vida, en algunas obras se distingue cómo eliminó por completo el paisaje, y pintó por detrás un fondo oscuro para otorgar mayor volumen. 

 Anna-Ruysch-2-2657x3000.jpgUn bodegón de flores en una repisa de mármol (1685). Óleo sobre tela 33 x 29,5 cm.

 

Talento, éxito, libertad y trayectoria 

Ruysch atrae especial atención, tanto por la alta calidad pictórica de sus bodegones como por el hecho notable de que, como pintora, ganó una reputación muy destacada en un mundo profesional dominado por hombres. Su prestigiosa carrera duró unos prolíficos setenta años y vendió su trabajo en un círculo internacional de coleccionistas. En vida sus pinturas se vendieron a precios considerables que oscilaban entre 750 y 1200 florines. En comparación, Rembrandt rara vez recibió más de 500 florines por un cuadro. En el siglo XVII, los holandeses estaban muy interesados en las flores y la jardinería, por lo tanto este tipo de pintura era valorada.  

Si pensamos en el contexto histórico y espacio físico y temporal donde tuvo que desplegar su trabajo, podemos relacionarlo con el ensayo Una habitación propia (1929) de Virgina Woolf, donde señala lo siguiente: "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas (...) Para empezar, tener una habitación propia era algo impensable aún a principios del siglo diecinueve, a menos que los padres de la mujer fueran excepcionalmente ricos o muy nobles". Una situación similar debe haber ocurrido en el siglo XVII en todos los ámbitos artísticos, y cabe agregar que Ruysch fue además madre de diez hijos. Aunque Una habitación propia sea un lúcido testimonio crítico del rol de la mujer en la sociedad, y más que nada señala la necesidad de cualquier autor para tener licencia poética, se relaciona también con la libertad personal y el derecho universal para la creación en el arte. Los historiadores del arte consideran hoy en día a Ruysch como una de las artistas de bodegones más talentosas y prolíficas de la historia.

 

 

 

 

 

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