A los derechos humanos, de León Ferrari

Ubicada en el Parque de la Memoria, la escultura sonora de varas de acero inoxidable, es uno de los principales legados urbanos que el gran artista argentino le dejó a la Ciudad de Buenos Aires.
Por Martín Sassone

“Es posible tocar mis esculturas con las manos, con un arco de violín, como se quiera. Creo que las divisiones son muy adecuadas en botánica, donde existe una necesidad intrínseca de poner etiquetas. En arte, eso es absolutamente dispensable”. L. F.

 

A los derechos humanos es una escultura profundamente conmovedora por lo que representa y el sitio en el que está ubicada. Es una obra polisensorial que puede ser tocada, visualizada y oída. Invita a concientizar sobre el Nunca más y a mantener latente el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.

La obra creada por León Ferrari en 2011 está conformada por varas de acero inoxidable sobre vigas de madera y sus dimensiones son de 6 x 3 x 3 metros. Está emplazada en el Parque de la Memoria, el predio ubicado en la costanera norte de la Ciudad de Buenos Aires que fue creado para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar.

De lejos, la obra no parece más que un pequeño cañaveral aislado y solitario, pero cuando uno se acerca comienza a percibir su sentido a través de los sonidos que emanan en un entorno de reflexión.

León Ferrari, uno de los principales representantes del conceptualismo local, siempre estuvo comprometido con los derechos humanos, pese a que su costado más conocido como artista sea por la polémica que despertaron sus obras relacionadas con la religión, especialmente la Iglesia católica. Tras el golpe de 1976 se exilió en San Pablo, Brasil, y durante ese año recopiló noticias sobre la dictadura con las que realizó una serie de collages que tituló Nosotros no sabíamos. Con el retorno de la democracia comenzó a soñar su propio retorno a la Argentina que se materializó en 1991. 

Cinco años más tarde, Ferrari realizó las ilustraciones para la reedición de Nunca más, que lanzó el diario Página/12 en forma de fascículos. “Ilustré con collages diversos donde uso muchas fotografías de los represores, pero no sólo en relación con los desaparecidos, sino también como un análisis de la religión en sí, y sobre todo de la complicidad de la religión con los criminales de la dictadura. Relaciono fuentes cristianas, gráficas y escritas, con imágenes del genocidio nazi, de la matanza de negros norteamericanos, de los represores argentinos, porque considero que la religión cristiana es el fundamento del ‘Proceso’ ”, reveló en una entrevista.

Ferrari murió en Buenos Aires el 25 de julio de 2013 a los 92 años. Sus cenizas y las de su esposa, Alicia Barros Castro de Ferrari, fueron arrojadas a las aguas del Río de la Plata en el Parque de la Memoria a metros nomás donde tintinean las varas de su obra.

 

 

 

 

 

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