Viernes, 24 Julio 2026

Palacio Ceci

La histórica residencia de la familia Ceci, una de las construcciones más representativas de Villa Devoto, reabrió sus puertas luego de un ambicioso proceso de restauración. 
Por Martín Sassone

 

Tras un ambicioso proceso de restauración patrimonial, el Palacio Ceci volvió a abrir sus puertas al público y recuperó su lugar entre los edificios históricos más representativos de la Ciudad de Buenos Aires. La mansión, ubicada en la esquina de las avenidas Lincoln y Habana, en Villa Devoto, resume más de un siglo de historia urbana, educativa y cultural del barrio y es una de las expresiones más refinadas de la arquitectura residencial de principios del siglo XX.

La reapertura marca el inicio de una nueva etapa para una propiedad que será sede de actividades impulsadas por el Ministerio de Cultura porteño vinculadas con la conservación, la restauración y la formación en oficios patrimoniales, preservando así su tradicional vínculo con la educación.

Construido entre 1913 y 1918 por la empresa Ceci Hermanos como residencia privada de Alfredo Ceci, integrante de una familia de empresarios de origen italiano que dejó una profunda huella en el desarrollo edilicio de Buenos Aires, el palacio fue concebido como una villa suburbana inspirada en los grandes modelos europeos de la época.

Su diseño refleja el gusto ecléctico característico de las primeras décadas del siglo XX, cuando las familias acomodadas buscaban trasladar a la Argentina las corrientes arquitectónicas francesas e italianas. El resultado fue una residencia que combina referencias clásicas con una profusa ornamentación, materiales nobles y soluciones constructivas de avanzada para aquellos años.

Más allá de sus dimensiones, el edificio sobresale por la calidad de su ejecución y por la riqueza de sus terminaciones. Mármol de Carrara, roble de Eslavonia, vitrales artísticos, frescos pintados en paredes y cielorrasos, herrajes ornamentales importados, revestimientos de granito y azulejos decorados a mano forman parte del conjunto que convirtió al Palacio Ceci en una pieza singular dentro del patrimonio arquitectónico porteño.

Entre sus elementos más destacados aparecen la gran escalera revestida en mármol, las carpinterías originales, las molduras decorativas y una serie de adelantos tecnológicos poco frecuentes para la Buenos Aires de comienzos del siglo pasado, como antiguos montaplatos que comunicaban los distintos niveles de la residencia, además de instalaciones especialmente modernas para la época.

La restauración, iniciada en mayo de 2023, demandó un trabajo interdisciplinario orientado a recuperar la autenticidad del inmueble. Especialistas en conservación analizaron cada uno de los materiales originales para intervenirlos con técnicas específicas, mientras que artesanos restauraron vitrales, superficies de mármol, maderas, revoques ornamentales, pinturas murales y la característica cúpula que corona el edificio.

Al mismo tiempo se incorporaron sistemas contemporáneos de seguridad, climatización, iluminación e instalaciones sanitarias y eléctricas, procurando compatibilizar la preservación histórica con las necesidades funcionales de un edificio que vuelve a recibir visitantes.

También fue recuperado el jardín histórico que rodea la residencia, un componente inseparable de la concepción original del proyecto, pensado como una villa rodeada de espacios verdes, en sintonía con el perfil residencial que distinguía a Villa Devoto durante las primeras décadas del siglo XX.

La historia del palacio está estrechamente ligada a la familia Ceci, inmigrantes provenientes de Camerano, en la provincia italiana de Ancona, quienes arribaron al país hacia fines del siglo XIX y desarrollaron una de las constructoras más importantes de su tiempo. Su empresa participó en obras emblemáticas de Buenos Aires, entre ellas edificios religiosos, instituciones educativas y construcciones vinculadas a Antonio Devoto, figura clave en la urbanización del barrio que hoy lleva su apellido.

En 1938 la residencia dejó de cumplir funciones privadas para convertirse en sede del entonces Instituto Nacional de Sordomudos, más tarde Escuela de Educación Especial Bartolomé Ayrolo. Durante décadas, miles de estudiantes y docentes transitaron sus salones, otorgándole al edificio una nueva dimensión social que terminó integrándose a la identidad del barrio.

Ese valor histórico, sumado a sus cualidades arquitectónicas, motivó que en 2001 la Legislatura porteña lo declarara bien protegido e inmueble de interés arquitectónico, garantizando su preservación para las futuras generaciones.

Alrededor del Palacio Ceci también sobreviven relatos que alimentan su mística. Una de las leyendas más difundidas sostiene que una empleada doméstica de la familia habría sobrevivido al hundimiento del Titanic antes de trabajar en la residencia y que, tras su muerte, deambula entre los antiguos salones. La historia forma parte del imaginario popular que desde hace décadas acompaña a la mansión y contribuye a reforzar el atractivo que despierta entre vecinos y visitantes.

Hoy, el edificio puede recorrerse mediante visitas guiadas gratuitas con reserva previa, donde se puede apreciar tanto el resultado de la restauración como la evolución histórica de una residencia que resume buena parte de la influencia de la inmigración italiana, el auge de la arquitectura ecléctica y la transformación educativa de Buenos Aires. 

 

 

 

 

 

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