El cartón y sus infinitas posibilidades según Eva Jospin 

La artista francesa apuesta a trabajar, para sus enormes esculturas e instalaciones, con un material por igual frágil y económico, pero también versátil y reutilizable como pocos.
Por Luciana García Belbey

 

Es un hecho que los artistas en la contemporaneidad trabajan a partir de una variada cantidad de técnicas y medios, y con un sinfín de materiales, pero pocos tienen la maestría de transformarlos de tal modo que es casi imposible identificarlos a simple vista. La impresionante transformación que Eva Jospin otorga al cartón corrugado es pocas veces vista. La artista francesa crea, desde delicados relieves e instalaciones murales superponiendo planos de cartón, sutilmente moldeados y calados, hasta esculturas totalmente exentas con complejas e imbricadas configuraciones; en muchos casos de escala tal, que son recorribles y transitables.

Graduada en la Ecole Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París, trabaja con el cartón desde hace más de catorce años. Refiere que su predilección por éste radica en su versatilidad, a la vez que es un elemento sumamente económico, sustentable y fácilmente reutilizable. Puede romper o quitar aquello que no salió según lo esperado y volver a realizarlo sin mayores inconvenientes. A pesar de su escaso valor intrínseco, le interesa su particular acabado, con una gran diversidad de texturas y su estética monocromática de colores tierra. Gracias a su gran plasticidad, este sencillo pero noble material le ofrece infinitas posibilidades a la hora de manipularlo. Le atrae también su mezcla de crudeza y delicadeza, cualidades que no suelen convivir sino que más bien son contrapuestas. 

 

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La principal fuente de investigación e inspiración de Eva Jospin es la naturaleza y la idea de paisaje, en tanto construcción cultural. La iconografía asociada al bosque es uno de sus más recurrentes imaginarios, hasta podría pensarse como el “núcleo duro” de su obra. Concebida desde un punto de vista poético, simbólico y emocional, la naturaleza es para la artista un lugar donde experimentar la libertad, pero también un lugar lleno de misterios por descubrir. Un espacio intrigante que brinda la posibilidad de entrar en una dimensión diferente e inmersiva, y que nos permite escaparnos de nuestra vida cotidiana. Desde su perspectiva el bosque se convierte en una inagotable fuente de conocimiento, pero también propicia una especie de escape mental. Es el lugar de los miedos y de las utopías, es el escenario de incontables mitos y leyendas, también de cuentos fantásticos y fábulas.

Un muy buen ejemplo de esta práctica es Galleria, una de las instalaciones creadas especialmente para la exhibición que tuvo lugar en el parisino Museo de la Caza y la Naturaleza. Se trata de una estructura arquitectónica de lenguaje renacentista con bóveda artesonada de una exquisita y delicada ejecución. En las paredes aparecen otras obras de la propia artista, enmarcadas con sumo cuidado, haciendo las veces de “decoraciones” propias de este pabellón señorial. Algo que remite, a su vez, a la idea de “gabinete de curiosidades”. Estas veinticuatro vitrinas contienen obras que también aluden a lo natural, a partir de dioramas, rocallas, bordados de seda, dibujos y bosques calados en miniatura. Las piezas simbolizan la idea de paisaje y de naturaleza domesticada. En cambio, la parte exterior de la construcción está íntegramente recubierta por un frondoso y espeso bosque. En éste reina el abigarramiento y el caos propio de lo orgánico, que contrasta de manera contundente con el pormenorizado ordenamiento del interior, donde queda exaltada la idea de artificio e ilusión. 

 

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Completan esta exhibición piezas de menor escala, pero igualmente asombrosas, protagonizadas por bejucos, cabañas, templetes, cenotafios, caprichos y ninfeos. De este conjunto destaca La Forêt (El Bosque), instalación de la serie homónima, de más de 2,50 m de altura, cuya laboriosidad es comparable a la de un trabajo de “orfebrería”. La potencia semántica de este material evoca, por un lado, la lamentable deforestación que azota al planeta, a la vez que es indicativo de las prácticas ligadas al reciclaje y a la reutilización. De este modo se evidencia, asimismo, la preocupación medioambiental que circunscribe la obra de Jospin. 

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En julio de 2021, es convocada por Maria Grazia Chiuri de la Casa Dior, y tomando de base la misma temática, pero con otra materialidad, Jospin realizó un tapiz de cuarenta metros de largo, que sirvió de marco escenográfico para el desfile de presentación de la colección de Alta Costura de esa temporada. Evento realizado, como desde hace varios años, en el jardín del Musée Rodin (Museo Rodin) de París. El imponente mural enteramente bordado a mano, tiene por título Chambre de Soie (Habitación de seda), en referencia a la sala de bordado del Palazzo Colonna de Roma y a la novela de Virginia Woolf Una habitación propia (1929). 

 

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Para la artista, concretar esta obra, fue un sueño hecho realidad, y pudo llevarse a cabo gracias a la colaboración de las bordadoras y tejedoras de la Escuela de Artesania Chanakya en India, entidad que apoya y preserva la artesanía tradicional. Para configurar el paisaje bucólico que predomina en estas escenas, se bordaron hilos de cáñamo, lino y algodón sobre un fondo de seda, en una rica y variada paleta de tonos suaves. Trabajo que les demandó más de tres meses y para la artista la clave estuvo en resaltar la solidaridad entre mujeres. Su investigación, muy cercana a la de Chiuri, subraya la importancia que siempre han tenido las comunidades que se han formado tradicionalmente en torno a la creación de textiles. Trabajo manual, de profunda laboriosidad y sumo cuidado. 

 
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Hasta hace muy pocos días, en Le Domaine de la Garenne Lemot, en Clisson, a orillas del río Sèvre podía verse su más reciente exhibición titulada Un Grand Tour, en alusión a la típica práctica educativa-recreativa que solían hacer los jóvenes de las clases altas en el siglo XIX. En este viaje iniciático de la vida adulta se recorría durante un año sabático las ciudades destacadas de Europa, con el objetivo de tomar contacto directo con las principales obras de arte, sitios históricos y monumentos arquitectónicos. En este caso el vínculo tiene que ver con la historia personal de la artista, dado que este antiguo coto de caza de estilo e inspiración italiana, le recuerda a su paso por Roma, cuando fue residente de la Villa Medici, para perfeccionar sus estudios en 2017. Este recodo de cultura italiana en pleno Francia, está rodeado por un utópico e idílico jardín, lo que lo convierte en un emplazamiento ideal para sus instalaciones que recrean lo orgánico y lo vegetal de manera excelsa. 

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Las estructuras que produce Jospin, por sus características materiales, recuerdan asimismo, las decoraciones y arquitecturas efímeras que solían realizarse durante el Barroco en conmemoraciones y celebraciones en la vía pública. De hecho, la artista ya está pensando en llevar la gran escala un paso más allá, y producir estructuras decorativas para fachadas de edificios. Aunque monumentales e imponentes las obras de Jospin transmiten fragilidad, como los tiempos en los que nos toca vivir.

 

 

 

 

 

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