MOUA (Australia): estatuas en las profundidades

Sumergido en la mayor barrera de coral del planeta, se encuentra este exótico museo submarino que mezcla arte, biología y entretenimiento de aventura.
Por Ignacio Marchini

 

El arte participativo exige al espectador involucrarse en una obra, desde lo físico y lo mental, para generar nuevos significados a partir de la interacción entre la idea del artista ausente y el cuerpo presente. De esta manera, la obra deja de ser el foco y la contemplación pasa al segundo plano, para fomentar una toma de responsabilidad por parte del observador, que pasa así de ser un mero receptor a un emisor de nuevos mensajes. Es decir, la clave está en el proceso simbiótico que se genera y no en el objeto como resultado.

Si de demandar participación al espectador se trata, el Museo de Arte Submarino (MOUA, por sus siglas en inglés) ciertamente lleva esa exigencia a un nuevo nivel. Ubicado en las proximidades de Townsville, una ciudad en la costa noreste de Australia, el MOUA es, como su nombre lo indica, una atracción subacuática. Emplazado en el lecho del Mar del Coral, es el único museo de estas características en el hemisferio sur, y es de muy reciente creación: fue inaugurado en 2020.

Además de fomentar el turismo y explorar las posibilidades del arte en ambientes extremos, el MOUA fue creado para salvaguardar la Gran Barrera de Coral, el mayor sistema de arrecifes de coral del mundo. Esta maravilla de la naturaleza, que fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO, se extiende a lo largo de más de 344 mil kilómetros cuadrados, la estructura formada por organismos vivos más grande del mundo. Para tomar noción de la magnitud que tiene, es posible observarla desde el espacio.

El Museo de Arte Submarino se ubica específicamente en el Arrecife John Brewer, nombrado en honor a un barco militar que partió de Australia hacia la India a mediados del siglo XIX. El museo está compuesto por decenas de instalaciones subacuáticas, que se pueden visitar contratando un servicio de buceo o snorkel.

Antes de sumergirse, es posible ver a la Sirena Oceánica, una escultura iluminada de cuatro metros de altura. La obra, emplazada en un pilar a pocos metros del muelle, está inspirada en Takoda Johnson, una joven indígena de la tribu Wulgurukaba. La escultura muestra a Takoda sosteniendo una concha Bayliss, un elemento de la naturaleza que los integrantes de su comunidad utilizaban para comunicarse. 

La estatua tiene la particularidad de que cambia de color según la temperatura del agua, a la manera de los pequeños lobos marinos que se pueden comprar en la ciudad de Mar del Plata. Esta representación visual busca generar conciencia sobre los riesgos que el calentamiento global implica para los mares y los arrecifes de coral. La estructura de la Sirena Oceánica está fabricada con acero inoxidable y acrílico, en la que se inserta una matriz de luces LED que son las que generan los cambios graduales de color.

Ya una vez bajo el agua, el museo tiene dos grandes atractivos. En primer lugar, está el Invernadero de Coral, una estructura hecha de acero inoxidable y hormigón que mide diez metros de altura y pesa más de ciento sesenta toneladas. Esta edificación abierta (es una especie de esqueleto metálico) contiene una serie de estatuas de niños que simbolizan la importancia de preservar los océanos para las generaciones futuras. Piezas de arte hechas de coral y representaciones de herramientas vinculadas a la investigación marina completan la colección del invernadero.

Por último, una serie de ocho esculturas de más de dos metros de altura cada una conforman lo que se conoce como los Centinelas del Océano. Son la representación de distintas personas que tuvieron y tienen un rol importante en la preservación de los océanos, en un intento por entablar un diálogo con la comunidad científica. Entre ellos podemos encontrar, por ejemplo, al profesor John Charlie Veron, que aspira a recoger y preservar 400 especies de coral, o a Molly Steer, que a los nueve años se esforzó por eliminar las pajitas de plástico en las escuelas australianas con el proyecto Straw No More (No más pajitas). También están incluidos activistas y figuras locales, como la líder indígena Jayme Marshall, representante de los wulgurukaba y los yunbenen, como una forma de honrar la conexión ancestral entre la comunidad local y el mar.

Las obras, fabricadas con un hormigón ecológico y resistente que no daña la tierra, están diseñadas con un centro de gravedad bajo para resistir las poderosas corrientes acuáticas. Con sus superficies diseñadas intencionalmente para atraer la vida marina, se espera que las esculturas se transformen con el tiempo, a medida que los corales y las esponjas subacuática las colonicen, como muestra de la naturaleza dinámica del arrecife.

Tanto las esculturas como la estructura del invernadero fueron diseñadas por Jason deCaires Taylor, un escultor ecologista y fotógrafo submarino, creador del primer parque de esculturas submarinas del mundo. El objetivo de utilizar materiales biorreceptivos y respetuosos con el medio ambiente en sus creaciones tiene que ver con estimular el crecimiento orgánico, para que las obras evolucionen y desarrollen nuevas formas híbridas, al interactuar con la ecología marina. Una forma novedosa de mezclar la biología con el arte.

 

 

 

 

 

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