Pinta Miami (Estados Unidos): con el foco en el arte latinoamericano

Una crónica primigenia sobre la nueva capital del arte es el disparador para presentar esta feria en ascenso, en la que participaron ocho galerías argentinas. 
Por Manuel Quaranta

 

Es difícil armar una cartografía precisa sobre Pinta Miami sin tomar en cuenta la locación específica donde se desarrolla la feria, o sea, Miami, la ciudad con mayor carga ideológica y simbólica del continente americano, por lo menos para un argentino con inclinaciones progresistas. 

Antes de pisar suelo estadounidense, Miami representa al menos tres cosas: exilio, consumo y palmeras. Es la Santa Trinidad caribeña, el paisaje escenográfico, los aires de una gloria que nunca llega. Lógicamente, la ciudad desborda la arboleda tropical, el exilio cubano y el estricto consumo de lo innecesario, sobre todo cuando se escuchan las historias que circulan por las calles: prestar atención a la palabra extranjera para dislocar la percepción propia, repleta de prejuicios y normalizaciones. Pero ¿no es esa la posibilidad que funda el arte: percibir de otra manera, corrernos, aunque más no sea un milímetro, de nuestro modo de ver (y de ser) habitual? 

 

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Coconut Grove, Miami.

 

Más allá de que mis ínfulas sociológicas me insten a escribir sobre la estructura social de Miami, el texto debe concentrarse en la feria Pinta. Quiero ser claro, cada vez que emprendo una acción, el objetivo principal no es esa acción, sino proveerme de algún pretexto para hacer otra cosa, porque si me dedicara a cumplir con mis obligaciones, inmediatamente decaería el interés. Escribir sobre Pinta, entonces, es la oportunidad ideal para contrabandear dos o tres ideas sobre Miami. 

La feria nos recibe en el magnífico Hangar, ubicado en Coconut Grove, a metros del océano azul y fugaz. El Hangar tiene un peso histórico inestimable, fue, entre otras cosas, base de la línea aérea Pan American. El vecindario acuático lo habitan principalmente yates y otras embarcaciones lujosas. La visión hacia el horizonte es cristalina, todo parece pulcro, imbuido en un clima sacro que invita a la contemplación meditativa, algo inesperado, en apariencia, en una ciudad como Miami. 

 

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Pinta Miami 2023.

 

Según los conductores de la empresa Uber, fuente privilegiada de información, a partir del 2020, luego de las primeras aperturas pandémicas, ocurrió una explosión de emigrantes y a partir de la llegada masiva se activó un boom de la construcción que aún continúa. Ese boom provocó, a la vez, considerables aumentos de precios. (1) “Miami está cara”, repiten propios y extraños. Uno de los conductores de Uber aseguró que con los USD 7000 que obtiene por mes (2) necesita conseguir un segundo trabajo para vivir dignamente. Es su visión, no sé hasta dónde el discurso refleja el verdadero estado de cosas. En lo que sí coinciden conductores de todos los géneros y orígenes es en las dificultades para afrontar los costos mensuales. Hipotecas, rentas, luz, gas, comida. En el interior de los autos (desde Teslas último modelo hasta coches básicos de USD 5000) emerge la otra Miami, no la de los ricos y famosos, sino la de los trabajadores, ávidos de contar sus historias.

 

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Pinta Miami 2023.

 

Sin embargo, a pesar de la inflación out of control, los conductores de Uber saben que durante la semana del arte la ciudad se altera. La mayoría de ellos conoce sólo Art Basel, que es la feria de arte más importante del mundo. Pinta es menos popular, pero incluye una porción del campo del arte sin representación en la feria suiza (en este sentido, es más popular), aunque no deberíamos tomar a Pinta como una feria destinada a quienes están fuera de los millones de Art Basel (hay otras: Untitled, Scope, NADA), sino ponderar su trama identitaria, más allá de las comparaciones. 

Este año, de las más de cincuenta galerías internacionales, que representan a artistas de todo el mundo, ocho son argentinas: The White Lodge y Sasha D. (Córdoba), Crudo y Subsuelo (Rosario), Moria, Rosas, Pabellón 4 y Valerie’s (Buenos Aires). Cada una de las galerías trata de imponer un concepto singular y consolidar su perfil. Artistas jóvenes o consagrados, arte naif o arte trash. Entre la heterogeneidad de propuestas, convergen los protagonistas excluyentes de la edición 2023: pinturas, tejidos y bordados.

 

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Georgina Valdez de The White Lodge.

 

Diego Costa Peuser es el director de la feria. En una charla en off (no vine a la feria como cronista, lo que me motiva a escribir esta crónica) repasa aspectos de su biografía. Cuenta el fin de ciclo en Argentina, la mudanza familiar a Miami, los recuerdos de la revista fundada por su padre, Arte al día, y declara que Pinta además de ser la primera feria de arte latinoamericano, es una plataforma para darle visibilidad.

Georgina Valdez (The White Lodge) resalta la importancia de la feria, justamente, por el emplazamiento: “Es arte latinoamericano en el corazón de una ciudad en donde por momentos se dificulta escuchar a alguien hablando inglés”. Por eso es una feria fundamental para atraer a un público alejado de los grandes centros: “Pinta no es una feria más dentro de la semana del arte, es la feria latinoamericana”. Daniel Andrino (Subsuelo) adhiere a esa visión y diferencia a las otras ferias por la “ausencia de alma”, como si en Pinta algo del espíritu latino sobreviviera. 

 

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Pinta Miami 2023.

 

Pinta puede transitarse sin entrar en pánico, en una hora el público, especialista o no, puede armarse un mapa mental de lo que la feria propone. Quizás, para futuras ediciones haya que fomentar la presencia de coleccionistas estadounidenses y así enriquecer los intercambios.

Miami, tierra de evasión, lujos y excesos, se ha convertido, según el conductor más verborrágico de Uber, en “la capital del arte de vanguardia”. Plena de contradicciones (como cualquier vanguardismo), con un peso ideológico inagotable (de izquierda a derecha), Miami, al menos para este cronista casual, en su visita iniciática, ha cambiado el semblante. Esta gracia sucede cuando atravesamos el velo de la fantasía y damos un paso hacia la realidad.

 

1. Nelson: “Hace cinco años el alquiler representaba el 30% de tus ingresos, hoy es el 60%”.

2. La jornada laboral dura entre nueve y once horas, los siete días de la semana.

 

 

 

 

 

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