Storm King Art Center (EE. UU.): el edén del land art y la escultura contemporánea

A un paso de la gran manzana se encuentra este imponente predio con cientos de esculturas de gran tamaño. Una experiencia única fuera de la ciudad en contacto con lo más destacado del arte y la naturaleza.
Por Ignacio Marchini

 

El Storm King Art Center es un paraíso de arte al aire libre ubicado en el estado de New York, a una hora en auto de Manhattan. Aunque también es muy recomendable tomarse el tren que bordea el río Hudson hasta la estación Beacon y disfrutar del paisaje cinematográfico por dos horas. Con una destacada oferta de esculturas masivas, intervenciones en el territorio, pinturas y fotografías, el predio de doscientas hectáreas de extensión contiene una de las mayores colecciones puertas afuera de arte moderno y contemporáneo. Una mezcla vibrante de creatividad y naturaleza, las visitas a las instalaciones ubicadas en el Hudson Valley jamás son iguales. Abierto durante todo el año, cada estación se combina de una manera especial con el amplio repertorio artístico, generando una experiencia única cada vez que se lo recorre.

Centrado sobre todo en las esculturas de gran tamaño, la misión del Storm King Art Center es crear un espacio único y dinámico, donde las posibilidades de explorar el arte al aire libre se vuelven ilimitadas. La colección permanente de obras monumentales se encuentra distribuida en cuatro áreas principales: North Woods, una sección boscosa ubicada en el noreste del predio; Museum Hill, lindante con el arroyo Moodna al este, es la zona que alberga el edificio central; Meadows, al oeste, un prado por donde se accede al parque; y, por último, South Fields, una extensión abierta de tierra al suroeste.

El terreno donde luego funcionaría el Storm King Art Center fue comprado en 1958 por Ralph Ogden y Peter Stern, dueños de la Star Expansion Company, una empresa dedicada a la producción de cierres metálicos de la zona rural de Mountainville, en el Estado de New York. El predio, que en un principio abarcaba sólo setenta hectáreas, pertenecía a Vermont Hatch, un amigo de Odgen que había mandado a construir un castillo de estilo normando en una colina con vista al valle, ubicado entre las montañas Schunnemunk y Storm King. Ésta última le daría el nombre al museo que, en un principio, había sido concebido por los dos millonarios como un lugar donde exponer las pinturas de los artistas de la escuela Hudson River. 

Inaugurado en 1960, el Storm King Art Center fue gradualmente incorporando piezas de mayor tamaño; en un primer momento, con la mera intención de decorar el patio que rodeaba el edificio central. Fue en 1967 cuando dio un giro decisivo hacia su configuración actual, con la compra de trece esculturas de David Smith, un artista estadounidense conocido por sus construcciones abstractas en metal, fallecido dos años antes en un accidente de tránsito. Esta tendencia a ser un reservorio del mundo escultórico se intensificaría a partir de ese entonces. Luego de la muerte de Odgen, en 1974, Stern comenzó a comprar las enormes piezas que hoy en día son la marca distintiva del lugar. Durante las décadas subsiguientes, las tierras del Hudson Valley se fueron llenando de las obras de cientos de escultores modernos reconocidos en todo el mundo, como Robert Grosvenor, Louise Nevelson y Alexander Calder, por nombrar unos pocos, a los que luego se sumaron algunos contemporáneos como Magdalena Abakanowicz, Alice Aycock y Andy Goldsworthy.

Pero la enorme colección de arte que Odgen, y sobre todo, Stern fueron acumulando a lo largo de los años no tendría el mismo impacto si no fuera por el otro factor clave que vuelve al Storm King Art Center un destino internacionalmente reconocido: el escenario bucólico que alberga estas esculturas. Para el diseño del lugar, los empresarios contrataron al ya difunto arquitecto paisajista William Rutherford, encargado de remodelar los terrenos para que puedan albergar las masivas piezas artísticas. Además, fue el responsable de planificar los senderos, arroyos, pastizales y estanques de agua de todo el predio, así como la meticulosa variedad de plantas nativas que completan la ficción de un paisaje rural natural, sin dudas hermoso. "Las obras de arte no deben verse de forma aislada, sino en un contexto bello", decía Peter Stern, fallecido en 2018. Y agregaba: "Todas las épocas de la alta civilización han mostrado grandes obras de arte en hermosas casas, hermosos jardines. Por eso tengo un sentimiento tan fuerte de dar espacio a todo, de poner las esculturas en relación con todo lo demás”.

 

 

 

 

 

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