Alice Neel: la coleccionista de almas

La retratista estadounidense pintó el drama y la vitalidad de la ciudad de Nueva York de mediados del siglo XX. Su mirada con un marcado compromiso social se apartó de las vanguardias artísticas de aquel momento.
Por Gisela Asmundo

 

”He tratado de afirmar la dignidad y la importancia eterna del ser humano”

A.N.

 

Alice Neel nació el 28 de enero de 1900 en Merrion Square, Pensilvania. Su padre, George Washington Neel, fue contable del ferrocarril y con su esposa Alice Concross Hartley tuvieron cinco hijos. Alice fue la cuarta de una familia de clase media. 

Parte de la vida de Alice Neel fue signada por la tragedia, su hermano Hartley falleció por difteria al poco tiempo del nacimiento de la artista. Esa misma enfermedad en el futuro se cobraría también la vida de su primera hija.

Asistió a la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia en 1921. En 1925 finalizó sus estudios y recibió el premio Kern Doge a la mejor pintura de su clase. Es posible que en esa institución haya conocido al pintor y retratista Robert Henri, líder de la Escuela Ashcan. Para Henri, el arte no podía separarse de la vida, y dicho lema parece haber influido profundamente en Alice.   

El 1º de junio de ese mismo año se casó en Colwyn, Pensilvania con el pintor Carlos Enríquez, quien pertenecía a una familia de clase alta cubana. Al poco tiempo se mudan a la Habana donde vivieron en una mansión y llevaron una vida acomodada. En la ciudad se relaciona con la vanguardia cubana, jóvenes pintores, escritores y músicos y a partir de ese momento se acentúa su compromiso político y social.    

El 26 de diciembre de 1926 nació su hija Santillana. Al poco tiempo abandonan la Habana y se trasladan a Nueva York, pero desgraciadamente antes de cumplir un año la pequeña fallece a causa de la difteria. Gran parte de ese trauma se ve reflejado en su obra. 

En marzo de 1927 expuso en el XII Salón de Bellas Artes junto a su marido. Esta exposición contó también con la participación de artistas del Movimiento Vanguardista Cubano, integrado por Amelia Peláez, Víctor Manuel García Valdés, Marcelo Pogolotti y Eduardo Abela.

El 24 de noviembre de 1928, nació en Nueva York su segunda hija, Isabella Lillian, llamada Isabetta. En la obra Clínica de Bebes Sanos, que pintó inspirada por el nacimiento de la misma, se puede observar el sentimiento de ansiedad, ocasionado por la pérdida de su primer bebé: más que un hospital de maternidad parece una clínica neuropsiquiátrica. La obra se exhibió en la primera muestra de la “Exposición de arte al aire libre en Washington Square”.

 

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Well Baby Clinic, 1928.

 

En la primavera de 1930, su marido regresa a Cuba llevándose consigo a la hija de ambos, para luego marcharse a París. En su madurez, Alice argumentaría que su esposo pertenecía a una familia rica, pero que era incapaz de ganar dinero por sí mismo: “Carlos se fue. Las noches fueron horribles al principio... Soñé que Isabetta moría y la enterrábamos justo al lado de Santillana".

Neel fue hospitalizada en varias ocasiones por intento de suicidio y fue enviada a la sala de suicidios del Hospital General de Filadelfia. Enríquez la visitó, pero luego regresó a París. Posteriormente fue trasladada a la sala de suicidios de Gladwyne Colony, un sanatorio privado también en Filadelfia, dirigido por el doctor Seymour DeWitt Ludlum, en donde, como parte de la terapia, la animaron a seguir pintando y creando. 

En 1934 las cosas se encaminaron y volvió la estabilidad en su vida. Ese mismo año alquiló una casa junto con su madre en Belmar, la costa de Nueva Jersey. Su familia pasó el verano con ella, y también pudo visitar a su pequeña hija de seis años Isabetta, que para entonces vivía en Cuba. Allí pintó un bello retrato de la niña.

 

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Retrato de Isabetta, 1934.

 

Al año siguiente, el amor de otro hombre llegó a su vida, esta vez el portorriqueño José Santiago Negrón, un cantante de clubes nocturnos, quien dejó a su mujer e hija para irse a vivir con la artista. Se trasladaron al Harlem hispano. En 1939 nació Richard, el hijo de ambos. Pero la felicidad duró poco y nuevamente Alice fue abandonada por su pareja en 1940. 

Existen una serie de retratos conmovedores de su estancia en el Harlem, incluso uno que realizó ese último año a Carlos Negrón, hermano de su ex pareja. Lo pintó convaleciente en su cama, tras haber sido operado: le habían extraído unas costillas. Ese doloroso tratamiento formaba parte en ese entonces de la praxis médica para los pacientes enfermos de tuberculosis. 

 

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 T.B. Harlem, 1940, retrato de Carlos Negrón.

 

En enero de 1940, dos meses después de su separación con José Santiago Negrón, Alice Neel conoció a Sam Brody en una reunión de Works Progress Administration (WPA). Se lo presentó la escultora Blanche Angel, con la excusa de que sería un buen fotógrafo para retratar a su hijo Richard.  

Sam Brody fue un miembro fundador de la Liga de Trabajadores de Cine y Fotografía, una organización de cineastas, fotógrafos y escritores que comenzó en 1931, dedicada a utilizar el cine y la fotografía para el cambio social, y presentar, en formato documental, la Gran Depresión desde una perspectiva marxista. Alice Neel recordaría en una entrevista de 1959: “Era un fanfarrón, tan intelectual. Vino a casa conmigo esa noche. Y, por supuesto, se enamoró de mí de inmediato. Fue muy galante cuando se enamoró. Me traía flores y venía todos los días. Me dijo que se había divorciado de su esposa porque ella tenía una aventura con un viajante".

El 3 de septiembre de 1940, nació Hartley Stockton Neel, hijo que tuvo con el cineasta. Aunque fue una relación tumultuosa y abusiva por parte de Brody, un hombre muy celoso, la pareja perduró. Vivieron juntos, con intervalos, por casi veinte años. 

En noviembre de 1942 se mudó con sus hijos a un departamento en 21 East 108 Street, entre la Quinta Avenida y Madison Avenue, en el Harlem hispano, donde vivió y trabajó durante dos décadas.

En diciembre de 1951 realizó su primera exposición individual y mostró diecisiete pinturas en la Galería ACA. Ese mismo año se exhibieron veinticuatro pinturas en una muestra individual en el New Playwrights Theatre, de Nueva York. Mike Gold, organizador de la muestra, sostuvo en el folleto de la exposición: “Alice Neel es una pionera del realismo socialista en la pintura estadounidense". En la primavera de 1960 pintó dos retratos a Frank O’Hara, poeta, crítico y curador del Museo de Arte Moderno, (MOMA). 

 

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Retrato de Frank O’Hara, 1960.

 

En 1970, su retrato de Kate Millett, considerada una escritora clave del feminismo contemporáneo, apareció en la portada de la revista americana Time, ilustrando un artículo sobre La política del sexo. A partir de esta nota, la editora de arte de la revista, Rosemary Frank, le comenzaría a pedir periódicamente retratos de figuras destacadas como Ted Kennedy y Franklin Roosevelt, para incluirlas en la publicación.   

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Retrato de Kate Millett, 1970.

 

En octubre, pintó a Andy Warhol como fue fotografiado por Brigid Berlin. En el retrato aparece con el torso desnudo, dejando al descubierto las cicatrices de la cirugía que le salvó la vida. Valerie Solanas, una mujer con trastornos psiquiátricos, había intentado asesinarlo disparándole tres tiros. "En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos", solía decir Warhol.

 

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Retrato de Andy Warhol, 1970.

 

Ese mismo año también expuso en la Graham Gallery. El crítico y artista Lawrence Campbell, en la revista ArtNews, realizó una reseña en donde sostuvo: "La señorita Neel parece detectar una debilidad oculta en sus modelos que arrastra, gritando, hacia el claro resplandor del día”.  

A mediados de los años setenta comenzó gran parte de su reconocimiento internacional. La Academia de las Artes y Letras la incluyó en 1976 y tres años después el presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter la presentó con el premio "National Women's Caucus for Art". 

En octubre de 1980 realizó su autorretrato, el cual fue exhibido por primera vez en la muestra Autorretratos Estadounidenses Seleccionados del Siglo XX en la Galería Harold Reed. Se pintó con ochenta años, desnuda y sin idealizar ningún aspecto. En la obra se vislumbra coraje y determinación en la manera en la que se retrató. 

 

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Autorretrato, 1980.

 

Para esa época, Alice Neel sufrió complicaciones de salud y sus hijos Richard y Hartley decidieron internarla en el Hospital General de Massachusetts en Boston, donde le insertaron inmediatamente un marcapasos para regular su frecuencia cardíaca.

Pero las exhibiciones siguieron: en 1981 se realizó una retrospectiva en la C. Grimaldis Gallery de Baltimore. En julio de ese año viajó a la Unión Soviética con sus hijos, nueras y varios nietos para una exposición individual de su trabajo en la Unión de Artistas de Moscú, organizada por Phillip Bonosky, corresponsal del Daily Worker de dicha ciudad.

Murió el 13 de octubre de 1984, a los ochenta y cuatro años, en su amada Nueva York, época en la que ya era merecidamente consagrada. En 2021, el Museo Metropolitano de Nueva York realizó la retrospectiva Alice Neel: People Come First (La Gente es lo Primero).

 

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 Alice Neel en su estudio.

 

“Peggy,” el triste retrato de abuso doméstico 

 

Según escribió Denise Bauer en su ensayo sobre Alice Neel Retratos de mujeres feministas e izquierdistas, Peggy era la vecina de Alice y para la época en que se pintó el cuadro, la artista vivía en Harlem con sus dos hijos pequeños, Richard y Hartley, y su pareja, el fotógrafo y cineasta Sam Brody. 

Alice solía contar la historia de que Peggy fue encontrada muerta en su cama una mañana después de tomar una sobredosis de pastillas para dormir y su marido borracho había dormido junto a su cadáver toda la noche.

 

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“Peggy”, 1949, óleo sobre tela, 45,7× 91,4 cm. Colección perteneciente a James Kenyon, Los Angeles. 

 

En este retrato, la joven mujer golpeada por su pareja está recostada sobre un almohadón azul eléctrico que contrasta con el verde estridente de su remera, el espacio circundante es impersonalizado solo a un costado se observa una naturaleza muerta con tres frutas en un bowl.

Sus brazos se extienden y flexionan de tal manera que las manos son las encargadas de señalar, sin intención, la tragedia personal. Una de las mismas se retuerce y se apoya sobre la mejilla como si ella misma tratara de efectuarse un puñetazo y en la otra mano, el dedo índice nos conduce al magullón de su rostro en donde el rulo que forma parte de su flequillo encierra otro de los hematomas. 

Los apéndices de sus dedos son tan enérgicamente bellos como los que pintaba el exultante Egon Schiele, solo él alcanzaría ese estridente gesto nervioso.

Pero lo que más conmueve es la deslustrada mirada de Peggy, absorta y resignada al preludio de su desenlace. Porque ella sí existió, ella fue de carne y hueso como sus espectadores.  

El poema La esencia humana de William Blake exalta la empatía que  experimentamos ante el dolor ajeno:

 

No existiría la Piedad

si no hiciéramos pobre a alguien;

y no haría falta la Misericordia

si todos fuesen tan dichosos como nosotros

 

En la publicación Alice Neel pinta escenas y retratos de la vida en Harlem de 1950, la artista sostuvo: “Nunca me he sentido extraña en East Harlem debido a la excelente y hospitalaria humanidad que encuentro a mi alrededor. East Harlem es como un campo de batalla del humanismo, y yo estoy del lado de la gente de allí”.

Nueva York fue su musa, la ciudad de los rascacielos abrumadores donde las almas de los transeúntes próximos a estos gigantes se volvían frágiles y vulnerables al esplendor de las luces. Vivió y trabajó en la ciudad, ya sea el Bronx, Greenwich Village, Harlem o el Upper West Side.

Considerada una de las grandes retratistas del siglo XX, por el curador Barry Walker, su estilo evolucionó hacia un singular manejo expresionista del color y la línea que enfatiza el espíritu y la personalidad de los retratados.  

 

El momento de reivindicación

En los últimos años ha estado ocurriendo en el campo del arte una revalorización de las artistas mujeres que muchas veces fueron olvidadas y excluidas en la historia del arte. Estas manifestaciones no son nuevas, llevan décadas de reclamo por parte del feminismo. 

En 1971, Linda Nochlin publicó el artículo ¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres? (Why Have There Been No Great Women Artists?) en la revista ARTnews. Se trata de un texto fundacional de la teoría artística feminista. La respuesta a ese interrogante, es que sí las hubo, pero la verdad es que gran parte de ellas fueron excluidas del relato histórico. 

Actualmente se viven tiempos de cambio y por lo visto más justos con los derechos de la mujer. Un claro ejemplo es Marginalias la mayor y más exhaustiva retrospectiva que se está llevando a cabo de la artista feminista Ida Applebroog, en el Museo Reina Sofia de Madrid. Lo que comparte Applebroog con Neel son las preocupaciones constantes que la han acompañado a lo largo de su vida como la violencia, el poder, las políticas de género o la sexualidad femenina.

En el caso La Gente es lo Primero, la gran retrospectiva de Alice Neel en el Metropolitan Museum, se incluyeron los primeros paisajes urbanos de los años treinta y también los artistas, celebridades, vecinos, mujeres embarazadas, inmigrantes, activistas y miembros de la comunidad LGBTQ que formaban parte de las redes personales de la pintora. 

En cada retrato existe una contemporaneidad absoluta, que emana esa vitalidad de vida que Neel se encargó de capturar. Muchos de sus retratados se convirtieron en amistades que duraron para toda la vida.

Neel se corrió de lado del avant garde artístico de los años cuarenta y cincuenta llamada La Escuela de New York, en la que imperaba el expresionismo abstracto, porque lo que más le interesaba era pintar retratos de la gente. En una entrevista para The New York Times en 1976 delclaró: "Pinto para intentar revelar la lucha, la tragedia y la alegría de vivir”. Prefirió ser, como ella misma se definía, “una coleccionista de almas”. 

 

 

 

 

 

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