En foco: “¡Libros!” de Aleksandr Rodchenko

El fotomontaje del artista ruso es considerado una de las imágenes más icónicas de las vanguardias del siglo XX y una pieza clave del diseño gráfico moderno y la publicidad.
Por Luciana García Belbey

 

Aleksandr Mijáilovich Rodchenko (1891-1956) fue uno de los artistas más prolíficos y multifacéticos de inicios del siglo XX. Se desempeñó con gran destreza y habilidad en variados ámbitos: dibujo, pintura y escultura; pero también en diseño gráfico y publicidad. A la vez, tuvo una celebrada labor dentro de la fotografía y el cine. Fue fundador, junto con Vladimir Tatlin y El Lissitzky, de uno de los movimientos más revolucionarios de las vanguardias históricas: el constructivismo. Este radical movimiento brindó una “identidad visual” a la revolución rusa, y tuvo como principal objetivo llevar el arte al pueblo, y rescatarlo, así, de las élites. En vez de producir arte para ser exhibido en el ámbito tradicional o en galerías burguesas, el constructivismo produjo arte para el pueblo, para ser mostrado en las calles, en las marquesinas, en las revistas, y en distintos ámbitos de circulación masiva, a partir de una fusión utópica entre diversas disciplinas bajo un único plan. 

Ródchenko nació en 1891, en San Petersburgo, en una familia de clase obrera. En 1905 se trasladaron a Kazán, donde asistió a la Escuela de Arte local. Allí conoció a Varvara Stepanova, otra destacada artista de la vanguardia rusa, quien más tarde sería su pareja y compañera de trabajo por el resto de su vida. Luego de instalarse en Moscú continuó sus estudios en el Instituto Stróganov. En 1915 hizo sus primeros trabajos abstracto-geométricos, relacionados al suprematismo de Kazimir Malévich. Al año siguiente, participó de una exhibición organizada por Tatlin, quien ejercería un gran influjo en el joven artista. En aquellos años también tomó contacto con el futurismo, movimiento introducido –junto con el cubismo- por Mijaíl Lariónov y Natalia Goncharova (también fundadores del rayonismo entre 1909-1915), y que causara un gran impacto en los artistas rusos deseosos de cambiar los paradigmas establecidos. Con la llegada de la revolución en 1917, como muchos de sus colegas, se alineó con los bolcheviques, y en 1920 fue nombrado Director de la Oficina del Museo y del Fondo de compras. Estuvo a cargo de la reorganización de las escuelas y los museos de la enorme Unión Soviética. Ahí descubriría la propaganda como forma de arte al servicio de la revolución.

En 1922 conoció al legendario cineasta Dziga Vertov (1896-1954), autor de obras experimentales, como El hombre de la cámara (1929), que revolucionó el género documental; de allí en más crearon una alianza de lo más fructífera. Entre 1922 y 1930 fue docente en los Talleres Superiores Artístico-Técnicos. Su principal objetivo fue enseñar el diseño de objetos multifuncionales, cotidianos y transformables. Hacia 1924 Rodchenko abandona la pintura, y se dedica exclusivamente a la fotografía, al cine y al fotomontaje. En su fotografía se refleja la nueva arquitectura soviética e identifica por medio de enérgicos retratos, a las figuras claves del movimiento constructivista. Utilizará la fotografía de un modo poco habitual, es así como realiza fotos abstractas, utiliza ángulos y encuadres complejos e imposibles, mezcla superficies y texturas, hace fundidos, desenfoques y otras técnicas sumamente originales para la época. Esto le valdrá que su obra fuera conocida fuera de Rusia.

En 1925, Ródchenko recibió del gobierno bolchevique el encargo para la realización del Pabellón Soviético para la Exposición Universal de Industria y Artes Decorativas de París. En este pabellón diseña un espacio muy inédito para la época: la sala de los obreros, un espacio en el que se unían la educación y el ocio. En ella los trabajadores podían acceder de manera simple y, sobre todo, gratuita a recursos que no solían estar a su alcance como libros, revistas y periódicos. También podían jugar al ajedrez o ver los últimos noticieros de la cadena estatal soviética. Ródchenko volvió a pintar recién a finales de 1930 y dejó de fotografiar hacia 1942, en aquellos años comenzó a producir obras abstractas expresionistas. Durante todo ese período igualmente continuó organizando exhibiciones de fotografía para el gobierno. Murió en Moscú en 1956, a los 65 años.

 

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Aleksandr Rodchenko (1928)

 

Rodchenko y el constructivismo

Con la llegada de la Revolución de Octubre en 1917, Rodchenko comienza a aplicar al diseño sus anteriores experiencias con la abstracción geométrica. Transforma a la pintura en un fértil terreno en el que experimentar con formas abstractas, que van a influenciar directamente en las primeras teorías de la arquitectura constructivista y las nuevas ciudades socialistas. Estos artistas estaban convencidos de que el lenguaje abstracto tenía el potencial de alterar la vida cotidiana. 

En Moscú en 1921, poco después de que el constructivismo se definiera como movimiento, junto a Liubov Popova, Varvara Stepanova, Aleksandr Vesnin y Aleksandra Ekster, realiza la emblemática exhibición '5 x 5 = 25' en la que reniegan de la pintura. Esta experiencia puede pensarse como el momento en el que esta vanguardia se radicaliza. Allí Rodchenko exhibió un tríptico llamado Color rojo puro, color azul puro y color amarillo puro, con el sugestivo subtítulo La muerte de la pintura o La última pintura. La obra se compone, como su nombre lo indica, a partir de tres lienzos monocromos, sobre la que el propio autor expresaría: “Reduje la pintura a su conclusión lógica y exhibí tres lienzos: rojo, azul y amarillo. Yo afirmé: se acabó”. Se trata de uno de los primeros monocromos de la historia de la pintura, búsqueda teórica y conceptual, que puede pensarse a la luz de lo aprehendido de la mano de Malevich durante los años del suprematismo, y que veremos luego profundizar con los artistas minimalistas y conceptuales, en los años sesenta.

 

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La experiencia constructivista incluye desde diseño para cine y teatro, hasta el diseño de pósters, libros, moda y muebles. Como sostiene Guilio Carlo Argan en El arte moderno. Del iluminismo a los movimientos contemporáneos: “En todas las corrientes de vanguardia animadas por propósitos revolucionarios, la única que se inserta en una tensión y, más tarde, en una realidad revolucionaria concreta y que se plantea la función social del arte como explícitamente política, es la que se desarrolla en los primeros treinta años del siglo en Rusia con el rayonismo, el suprematismo y el constructivismo”. Si bien muchos constructivistas, incluido Rodchenko venían del suprematismo, lo que les hace seguir las directrices planteadas por Tatlin es su programa concreto de acción política. Para estos artistas el arte debe estar ante todo al servicio de la revolución, producir objetos para la vida cotidiana del pueblo, como lo hacían las fábricas. También pretendían borrar toda barrera de distinción entre las diferentes disciplinas artísticas, dado que lo consideraban un reflejo de la jerarquía de clases. 

Estas ideas quedarán muy bien representadas por la pluma del poeta y dramaturgo revolucionario ruso Vladímir Mayakovsky (1893-1930). Una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX. En 1912 publicó junto con David Burliuk y Velimir Jlébnikov, su manifiesto La bofetada al gusto del público. También fue editor de la revista asociada al constructivismo LEF, donde Rodchenko realizó muchísimos diseños y publicó varias de sus fotografías. Suya es una de las frases más recordadas de este movimiento: “Lo que queremos no es hacer proyectos abstractos, sino tomar problemas concretos como punto de partida. Las calles son nuestros pinceles, las plazas nuestras paletas”. 

 

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Retrato de Mayakosky por Rodchenko (1924)

 

 

¡Libros! (¡Por favor!): el nacimiento del diseño gráfico moderno

Luego de dejar la “pintura absoluta” o burguesa en 1922, Rodchenko comenzó su etapa más experimental. A partir de 1924, decidió abocarse de lleno a la fotografía. En 1928 se unió al grupo de artistas Oktyabr [Octubre], pero fue expulsado tres años después acusado de ''formalista''. Entre finales de 1920 y comienzos de la década del treinta, se desempeñó como fotógrafo de prensa; en esos años, participó de importantes exhibiciones. En 1928 adquirió una cámara Leica, que gracias a su formato manejable y su rapidez de utilización, se convirtió en su herramienta favorita para trabajar. Con ella logró dar vida a sus aportes más novedosos como sus insólitos puntos de vista, sus escorzos bien definidos y, de ese modo logró atraer la mirada a los detalles más sorprendentes.

Si pensamos rápidamente en el constructivismo, probablemente la primera imagen que se nos venga a la cabeza sea ¡Libros! (¡Por favor!) o Propaganda -como también se la conoce popularmente- el impactante fotomontaje que Aleksandr Ródchenko realizó en 1925. Afiche creado para la editorial Lenguiz (Editorial Estatal de Leningrado), y que también sirvió de anuncio publicitario de la sección de la Gozizdat (Imprenta Estatal) de Leningrado. 

 

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Libros (Por favor!) En todas las ramas del conocimiento (1924). Afiche con fotomontaje.

 

Esta pieza, que combina diseño, pintura abstracta geométrica y fotografía es considerada hoy una joya del diseño y la publicidad. A nivel compositivo, la imagen tiene todos los condimentos necesarios para proclamarse una de las obras gráficas y publicitarias con mayor impacto visual del siglo XX. No es extraño que, años más tarde su creador fundara una de las primeras agencias de publicidad modernas, tal y como las conocemos hoy en día, junto al poeta Vladímir Mayakovski. En el centro de esos planos de color y letras de molde asoma el rostro de una joven gritando a todo pulmón. Inmediatamente, quienes la observamos, sobre todo por conocer el trasfondo político y social de la agrupación, nos la imaginamos vociferando espontáneamente en plena calle alguna consigna política, o protestando en alguna manifestación, pero en realidad es una cuidada toma fotográfica realizada en estudio. 

Este afiche publicitario retrata a quien es considerada “la musa de las vanguardias rusas” Lilia Brik. Quien, en esta icónica imagen, tomada en 1924, posa histriónicamente con pañuelo de obrera y grita con todas sus fuerzas: “¡LIBROS!”. La “modelo” es en realidad una de las intelectuales más destacadas de su generación, y su historia de vida también merece ser contada. Lilia Brik (1891 - 1978) fue escritora, directora y productora cinematográfica. Es considerada asimismo la “musa” del poeta Vladímir Mayakovski, con quien tuvo una prolongada relación sentimental. Su apellido lo toma de quien fuera su primer esposo, el escritor y crítico literario Ósip Brik, uno de los miembros más importantes del futurismo ruso e ideólogo de la revista LEF. Lilia Brik, además de ser retratada por algunos de los más destacados artistas del momento, fue por sí misma, una influyente personalidad de la cultura soviética de las tres primeras décadas del siglo XX, dada su intensa actividad en el medio artístico vanguardista, sobre todo en el terreno del cine experimental y documental. 

Esta legendaria obra es una imagen potente, en el sentido en que lo comprende George Didi-Huberman, dado que son imágenes que no buscan el poder por sí mismas, y en eso, justamente, radica su belleza. Según el filósofo alemán, son esas imágenes las que se recordarán por siempre, las que quedan grabadas en nuestra retina, y, por ende, se convierten en universales y atemporales. Cada vez que las miramos, pensamos irremediablemente en el pasado, en el tiempo en que fueron creadas, pero también interpelan nuestro presente. Con obras cómo Libros! queda demostrada la innovación y diseminación de ideas por parte de la vanguardia más allá de las fronteras de lo puramente artístico. Como se delineó  ese corrimiento de fronteras que delimitaban y, por qué no, constreñían el concepto mismo de arte; y que lograron así una fructífera fusión del arte con otras disciplinas y con la vida. Plan utópico-revolucionario que retomarán los artistas contemporáneos, una y otra vez.

 

 

 

 

 

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