Francis Bacon: la animalidad a flor de piel

Una aproximación a la vida y obra del artista irlandés a través de Perro (1952), uno de sus cuadros más emblemáticos. Una imagen potente que evoca la vulnerabilidad humana y transmite la angustia de la vida contemporánea.
Por Gisela Asmundo

"Siempre he intentado comunicar las cosas de la forma más directa y más cruda que he sido capaz, y tal vez porque les llegan directamente, porque las comprenden directamente, la gente piensa que son horribles". F. B.

 

Francis Bacon llegó a ocupar el primer lugar entre los artistas vivos siendo el único pintor británico del siglo XX en alcanzar fama internacional. Dotado de una técnica extraordinaria, se había vuelto un maestro ante los problemas que planteaba la pintura figurativa contemporánea al óleo.

Bacon nace en el seno de una familia rica y fervientemente religiosa en Dublín el 28 de octubre de 1909. Fue el segundo de cinco hijos y su madre Christina Firth, era una heredera de la industria del acero. Su padre, Edward Bacon, con quien siempre tuvo una relación turbulenta y tormentosa, era entrenador de caballos de carreras y ex capitán del Ejército. Su infancia en Cannycourt, Kildare (Irlanda), transcurre afectada por el asma que sufrió durante toda su vida. 

En la adolescencia se escapa repetidamente de la escuela en Cheltenham (1924-1926) y a los diecisiete años tiene una revelación que le devela el sin sentido de la vida. Declarada su homosexualidad, el padre termina echándolo de la casa, lo que lo lleva a recalar en Londres (1926). Allí iniciaría los años fundamentales de su formación artística. Comienza a pintar y visitar exposiciones y galerías de arte.

En 1927 viaja a Berlín donde frecuenta el circuito de clubes nocturnos homosexuales. Luego visita París y queda impresionado por una exposición de Picasso (Galerie Paul Rosenberg). Nuevamente en Londres se establece en Queensbury Mews West, South Kensington, donde trabaja como diseñador de muebles e interiores de estilo modernista para Eileen Gray. Exhibe sus diseños en una muestra junto a los pintores Jean Shepeard y Roy de Maistre (1930).

En 1934 realiza la primera exposición individual de sus obras, patrocinada por el empresario Eric Hall, quien se convertiría en su amante (c.1934-c.1950). Durante la segunda guerra es eximido del servicio militar debido a su asma, y pasa esos años pintando en Hampshire, donde conoce a Lucian Freud y Graham Sutherland.

A partir de 1945 su vida se ve plagada de éxitos y excesos. Ese año expone "Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión" en Lefevre Gallery que lo posiciona como uno de los pintores más destacados de la posguerra y referente indiscutido para las nuevas generaciones de artistas; pero que a la vez provoca reacciones violentas de sus detractores que lo consideran un mal artista y una persona promiscua, propensa  al alcohol, el juego y los amantes. Esta obra, que demuestra su madurez artística, está basada en las Furias de la Orestíada de Esquilo y en los biomorfos de Picasso. En un comentario acerca de la misma, el crítico de arte John Russell declara que hay un antes y un después en la pintura inglesa a partir de los Tres estudios. Bacon se vuelve el epicentro del entorno artístico del Soho londinense de posguerra, que incluye a personas como Michael Andrews, el fotógrafo John Deakin, Henrietta Moraes e Isabel Rawsthorne, entre otros.

 

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Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión (1944). Oleo en tres paneles. Soporte, cada uno: 94 × 73.7 cm. Tate Gallery.

 

Tras un viaje a Egipto y Sudáfrica en 1950 surge una tonalidad más clara en sus pinturas de esfinges y animales. Durante este período, Peter Lacey se convierte en su amante y comienza una serie de imágenes homoeróticas de luchadores inspiradas en fotografías de Eadweard Muybridge (Animal Locomotion [Filadelfia, 1887], Animals in Motion [Londres, 1899] y The Human Figure in Motion [Londres, 1901]).

 

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En 1953, Bacon pinta su obra maestra "Estudio después del Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez", una versión distorsionada del famoso cuadro de 1650 que se encuentra en la Galería Doria Pamphilj, Roma. Es el comienzo de una serie de alrededor de cincuenta variantes del cuadro de Velázquez que Bacon ejecuta a lo largo de la década del cincuenta y principios de los sesenta. 

 

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Estudio después del Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez (1953).

Óleo sobre lienzo 153 x 118 cm. Centro de Arte de Des Moines (Iowa).

 

A partir de una serie de pinturas sobre la figura de Van Gogh (Hanover Gallery, 1957) se produce un repentino alejamiento del monocromatismo hacia un color realzado, y las referencias a pintores como Miguel Ángel, Velázquez, Ingres y Van Gogh, se vuelven casi obsesivas. En esos años encomienda su producción a la galería Marlborough Fine Art, quienes se aseguraron que destruya menos lienzos y organizan grandes exposiciones para pagar sus crecientes deudas de juego. 

En 1961, se instala en Reece Mews, South Kensington, donde permanecerá por el resto de su vida. Su reputación internacional se consolida con una retrospectiva en Guggenheim de NY (1962) y la publicación de un catálogo razonado por Ronald Alley. Rechaza el Premio del Instituto Carnegie (1967) y dona el Premio Rubens a las restauraciones que siguieron a la inundación de Florencia.

En vísperas de una gran retrospectiva en el Grand Palais de París (1971), su amante George Dyer se suicida y este evento deja marcas inquietantes en sus obras posteriores. Ambos se habían conocido en circunstancias poco usuales cuando Dyer (veinticinco años menor) cayó por el tragaluz de su casa una noche de 1963 con la intención de cometer un robo. Supuestamente Bacon le dijo: "Sos muy torpe para ser ladrón… sacate la ropa, metete en mi cama y después llevate lo que quieras". La tierna y brutal relación dura ocho años hasta que Dyer muere de una sobredosis en su habitación de hotel en París. "Después de la exposición de París, estoy decidido a comenzar a pintar mi autobiografía", declara Bacon, refiriéndose a In Memory of George Dyer, su tríptico de 1971. "Espero con esta serie cristalizar el tiempo, de la misma forma que lo hizo Proust en sus novelas".  

 

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In Memory of George Dyer (1971). Óleo en tres paneles. Soporte: 198 x 147,5 cm.Colección Beyeler, Riehen (Basel).

 

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Francis Bacon y George Dyer (1964). Archivo John Deakin / Getty Images.

 

En 1974, John Edwards se convierte en su nuevo compañero y modelo. Durante esa década viaja regularmente a Nueva York y París y se establece la imagen popular de su obra como un reflejo de la ansiedad de la condición moderna. En 1985 la Tate Gallery lo honra con una segunda exhibición retrospectiva y el director Sir Alan Bowness lo describe como "el pintor vivo más grande", aunque él rechaza tal denominación.

Bacon consideraba que muy pocas personas en Inglaterra tenían un verdadero sentimiento por la pintura, porque la misma no había sido realmente un arte iniciado en tal territorio. Sostenía que los ingleses poseían una cultura más literaria que había comenzado y terminado con Shakespeare, y que aún así la gente ni siquiera lo entendía mucho. 

Fallece en 1992 a los ochenta y dos años a causa de un infarto repentino en Madrid.

 

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 El artista frente al panel izquierdo de su "Tríptico" en una exhibición en la Tate Gallery (1985). Foto: Michael Ward / Getty Images.

Perro (1952)

En la obra "Perro" Bacon sintió que podía acercarse más a la comprensión de la verdadera naturaleza de la humanidad observando el comportamiento desinhibido de los animales. Fascinado por sus movimientos, observándolos en su hábitat durante sus viajes a Sudáfrica, su estudio estaba repleto de libros sobre la vida salvaje. Las fotografías de Eadweard Muybridge del siglo XIX de humanos y animales en movimiento también fueron referencias claves para su propia creación. 

Bacon manchó el óleo para sugerir el movimiento demente y agresivo del perro, en contraste con el escenario circundante, pulcro, casi sin pintar del resto del lienzo. La figura aislada se equilibra en el vacío de la tela transmitiendo a su vez una sutil belleza agresiva. El artista utilizó al animal para evocar la vulnerabilidad humana y transmitir la angustia de la vida contemporánea. La frágil línea entre los mismos se difumina, para evidenciar que nuestros instintos primarios se encuentran justo debajo de la superficie.

 

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El aislamiento en las figuras de Bacon genera rechazo y desasosiego al contemplarlas. El arquetipo de las mismas es el hombre "solo" y sus bocas muchas veces están en un grito. "En realidad, quería pintar el grito más que el horror. Y creo que si realmente hubiera pensado en qué es lo que hace gritar a alguien -el horror causante del grito-, los gritos que intentaba pintar hubieran sido mucho más logrados. De hecho, eran demasiado abstractos. Originariamente empecé a pintarlos llevado por esa conmoción que siempre me han causado los movimientos y la forma de la boca y los dientes. Podríamos decir que me gusta el brillo y el color que sale de la boca, y, en cierto sentido, mi deseo siempre ha sido el ser capaz de pintar bocas como Monet pintaba puestas de sol".

En el libro Francis Bacon: Lógica de la sensación, el filósofo francés, Gilles Deleuze sostiene, a propósito de los trazos pictóricos del artista: " [...] sobre todo, son trazos manuales. [...] Es como si la mano adquiriera independencia, y pasara al servicio de otras fuerzas, trazando marcas que ya no dependen de nuestra voluntad ni de nuestra vista". " [...] tiene una cara vuelta hacia el sujeto (el sistema nervioso, el 'instinto', el 'temperamento', [...] y una cara vuelta hacia el objeto, 'el hecho', el lugar, el acontecimiento). O, más bien, no tiene del todo caras, es las dos cosas indisolublemente, es ser-en-el- mundo, como dicen los fenomenólogos: a la vez devengo en la sensación y algo ocurre por la sensación [...]. Y, en último término, el cuerpo mismo es quien la da y quien la recibe, quien a la vez es objeto y sujeto [...] la sensación es maestra de deformaciones, agente de deformaciones del cuerpo".

 

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Mujer reclinada (1961). Óleo sobre tela. Tate Gallery.

 

Para el reconocido crítico y autor John Berger, Bacon es lo opuesto a esos pintores apocalípticos que esperan que ocurra lo peor, porque para él lo peor ya ha ocurrido. Percibió el absurdo de una forma que no tiene nada en común con el existencialismo de Samuel Beckett que "concibió la desesperación como cierto debate interno, como el resultado de intentar desenmarañar del lenguaje todas las respuestas convencionales". Para Bacon, en cambio, el hombre es "un simio infeliz sin saberlo" que no intenta dilucidar el significado ni lo inverosímil de la existencia. Sus pinturas viscerales y explícitamente sexuales pueden ser tomadas como catarsis; un postulado visual ante el rechazo y la no aceptación por parte de los otros. "Lo que quiero hacer es distorsionar la cosa hasta tal punto que pierda su apariencia, pero dejando constancia de ésta en esa misma distorsión". Las distorsiones del rostro y del cuerpo humano en sus figuras, son la consecuencia de una búsqueda pictórica para lograr que la pintura "llegue directamente al sistema nervioso".

 

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Estudio para chimpancé (1957). Óleo sobre tela. Colección Guggenheim.

 

Bacon puede ser considerado un artista que de algún modo, a lo largo de sus años de carrera, logró desplegar una coherencia totalmente articulada entre el desarrollo de su trabajo y su visión del mundo. Su obra a través del tiempo es la secuencia repetitiva de imágenes aisladas, el reflejo silencioso de la aceptación del dolor y la soledad, sin evocación de esperanza. Plantea la resignación del individuo ante la violencia que ejerce el mundo circundante, por eso es tan carnal, tan visceral, porque apela a la sensación y no al intelecto. Nos interrelaciona con esa línea de contacto culturalmente anulada adrede que es nuestra "animalidad primitiva".

 

 

 

 

 

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