Jan Gossaert: La deslumbrante tabla de "La adoración de los reyes" 

El pintor flamenco se hizo popular en la segunda mitad del siglo XIX y se convirtió en estándar durante el siglo XX. La adoración de los reyes es una de sus obras más emblemáticas y se exhibe en la National Gallery de Londres.
Por Gisela Asmundo

 

Jan Gossaert (Gossart según muchos autores franceses) fue un pintor flamenco con influencias del renacimiento italiano y más en concreto del romanismo. Nació en Maubeuge (Mabuse en neerlandés) alrededor de 1478 y es el nombre de su ciudad natal el que le ha servido de apodo, siendo más conocido por este, que por su auténtico nombre y apellido. Maubeuge estaba en el condado imperial de Hainault, entonces parte de los Países Bajos de Borgoña y se convirtió en parte de Francia en 1678. Gossaert pintó para varias cortes en diversas ciudades de Italia y de esta forma conoció de primera mano los estudios que sobre anatomía, perspectiva y motivos clásicos se hacían por entonces.  

 

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Autorretrato de Jan Gossaert en el Currier Museum of Art (Manchester, New Hampshire, Estados Unidos) 

 

La adoración de los reyes

La adoración de los reyes es una formidable obra sobre tabla que estalla de color y belleza en una nueva aproximación a un tema tradicional, que deja sin aliento al contemplarla. Fue creada alrededor de 1510-1515 como una pieza para el altar de la Abadía de San Adrian en Geraardsbergen o Grammont, lo que es ahora Bélgica. El artista estaba tan orgulloso de su obra que la firmó dos veces, una en el tocado de Baltasar y otra en el cuello de uno de los acompañantes situado por detrás. Fue encargada por un hombre muy adinerado llamado Daniel van Boechout que pudo emplear a un pintor líder en ese momento, como lo era Gossaert. Boechout probablemente sea el hombre con el cabello blanco arrodillado frente al niño que representa a uno de los Reyes en la pintura. 

En agosto de 1600, Alberto e Isabel, los gobernantes de los Países Bajos españoles, que regresaban de Oudenaarde a Bruselas, visitaron la abadía, vieron el cuadro y pidieron comprarlo. El 5 de abril de 1601, Alberto autorizó un pago de 2.100 libras esterlinas al abad por su obra. Debía colocarse en el altar mayor de la capilla del palacio de Bruselas. El cuadro fue reformado e instalado en la capilla en 1603. Y el mismo se menciona en varias fuentes del siglo XVII y principios del XVIII. Posteriormente fue trasladado al  Castillo de Howard y desde 1911 hasta la actualidad se exhibe en la National Gallery de Londres.

 

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Aspectos técnicos

La obra fue realizada usando pintura al óleo sobre un largo panel de roble. El panel, que mide 179,8 x 163,2 cm, está formado por seis tablas, colocadas verticalmente, y cortadas radialmente. Las líneas principales de la arquitectura están reguladas, pero el resto del dibujo es a mano alzada y no hay indicios de que se hayan utilizado métodos mecánicos de transferencia.

La virgen María lleva puesta una envolvente túnica y capa de color azul. Para el ultramar natural de dicha túnica se utilizaron diferentes grados de azurita y lagos rojos que difieren en el tono, mientras que los halos de la virgen y el niño están pintados en concha de oro. La técnica de moler el oro fue empleada por primera vez por los romanos y su uso está vinculado a las ilustraciones en miniaturas. El origen de la aplicación de esta técnica en la iluminación de manuscritos proviene del norte de Francia y se preparaba formando una amalgama con mercurio, que con la exposición a una fuente de calor daba como resultado oro en polvo. Tradicionalmente se guardaba en una concha de mar, por eso la alusión a este tipo de oro como 'oro de concha'.

Amarillo plomo-estaño y tierra amarilla se mezclaron con la pintura de la piel de las cabezas del hombre en el extremo derecho y el ángel en verde en la esquina superior izquierda, y probablemente también las cabezas de la virgen, el pastor principal y otros protagonistas. El medio es aceite de linaza y se ha detectado algo de resina probablemente de pino, en una muestra del esmalte rojo del borde carmesí del ala de un ángel. Los pigmentos del suelo develan, que es tiza con pegamento animal y está cubierto por una fina capa de imprimación de blanco de plomo. 

Diferentes análisis con reflectogramas infrarrojos revelaron cantidades considerables de dibujo subyacente, que parece estar en un medio líquido y que se aplica sobre la imprimación, y una gran cantidad de cambios realizados en todas las etapas de los procesos de dibujo y pintura, lo que en arte se denomina pentimento (en italiano, plural pentimenti, de pentirsi: arrepentirse) es una alteración en una obra que manifiesta el cambio de idea del artista acerca de aquello que estaba pintando.

 

La escena y el espacio

Gossaert fue un maestro a la hora de atraer y adentrar al espectador en la pintura, en sus detalles y en su drama, con una inmensa habilidad en el uso del espacio y sus contrastes. Viendo esta deslumbrante pintura, seguimos la historia cristiana de la misma manera que está escrita en el Nuevo Testamento de la Biblia. Se narra el nacimiento de Jesus, situado en el medio del cuadro sobre los brazos de su madre. 

Detrás de la virgen y el niño a la izquierda del cuadro se asoma José con una túnica roja y encima de la escena brilla la estrella de Belén que, según la tradición cristiana fue el astro que guió a los Reyes Magos al lugar del nacimiento de Jesucristo. El Evangelio según San Mateo (2:1) menciona que los Reyes la vieron aparecer: “Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén (2:2) y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en el este y hemos venido a adorarlo".

En la escena creada por Gossaert los Reyes se ubican a la izquierda y a la derecha, junto a un numeroso séquito, y una multitud que se puede apreciar incluso a lo lejos, que desciende desde una colina serpenteando por el camino. Al fondo y en el centro se divisa además un grupo de pastores que también quieren ver al niño Dios. Al nivel del suelo, sobre el piso, descansan el sombrero y el cetro de uno de los Reyes. Se muestra un pavimento deteriorado, con baldosas rotas y hierba que crece entre medio, un perro que roe un hueso y otro pequeño can sentado e indiferente. 

Por encima de la virgen y el niño no aparece el establo usual sino un enorme y decadente palacio, construido en ladrillo que posee varias piezas elaboradas de decoración. En sus muros destruidos hay arbustos trepadores y toda la grandeza pasada del edificio muestra lo derruido del momento. En lo alto de la pintura existe otra dimensión, el artista arrastra nuestra mirada por encima del edificio hacia el cielo. Por el techo caído ingresan una línea de ángeles que parecen esperar como aviones aterrizar en el centro de la escena. A cada lado hay situados otros dos, más grandes y coloridos, uno con alas de arco iris y los otros con túnicas de telas sofisticadas que alternan sus colores dependiendo del ángulo en que se las mire. Los ángeles están allí porque algo extraordinario y especial ha ocurrido.

Los Reyes han sido pintados con estupendos detalles, llevan los más elaborados y costosos ropajes en completo contraste con el niño pequeño y desnudo. Baltasar lleva una extraordinaria corona de la que cuelgan delicadas perlas con bordeado de oro y su túnica está forrada con piel de lince. Sus botas son de un cuero tan delicado que hasta le marcan los dedos de los pies. 

 

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Gaspar aparece arrodillado con su regalo de monedas de oro en una copa del mismo metal, llevando una capa con el más extraordinario terciopelo bordó, forrado con una lujosa y suave piel oscura. En el capitel sobre su cabeza hay una representación del Sacrificio de Isaac, que prefigura la crucifixión; que contrasta con el otro friso a la izquierda de putti danzanti (motivos ornamentales consistentes en figuras de niños, frecuentemente desnudos y alados), que probablemente representaban los placeres de la inocencia. 

 

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En el extremo derecho, Melchor lleva todo tipo de colores en sus ropas, con telas bordadas en hilos de oro, nuevamente con detalles preciosos. Esto denota lo extremadamente ricos que son estos hombres que han acudido al nacimiento de Jesús. A su vez poseen rostros muy humanos y esto es muy importante en el tipo de historia que Gossaert quiere narrar. Esa humanidad se refleja puntualmente en el lunar que pintó sobre la mejilla de Gaspar. Los regalos pueden ser interpretados de diversas formas, una de ellas es el oro era para tributo, el incienso para el sacrificio y la mirra para enterrar a los muertos. Los tres dones denotaban los poderes de Cristo como rey, Dios y hombre. Es un momento muy especial donde el cielo y la tierra colapsan, por así decirlo, en una reverencia universal al nacimiento del niño.

 

 

 

 

 

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