Edificio Varangot

Oculto en el barrio de Caballito, se encuentra este gran exponente del art déco porteño. Inaugurado en 1936, es un fiel ejemplo del poder, la elegancia y el movimiento que quiso transmitir su creador hace más de ochenta años.
Por Martín Sassone
Fotos: Alberto Brescia Fotos: Alberto Brescia

 

Es una de las obras más destacadas del art déco en la ciudad de Buenos Aires, pero pasa desapercibida para la mayoría. Es muy poco probable que los transeúntes levanten la cabeza para observarla. Mucho menos los automovilistas cuando se detienen en un semáforo. Solo los estudiantes de arquitectura o arte se toman unos cuantos minutos para contemplarla. El ancho de su frente y lo encajonado que está en una cuadra repleta de edificaciones, conspiran además para que sobresalga. Se trata del edificio Varangot, ubicado en José María Moreno 122, a poco más de una cuadra de Avenida Rivadavia, en el corazón del barrio de Caballito.

La construcción se remonta a 1936 y estuvo a cargo del ingeniero Alejandro Varangot. Esa fue la época en la que muchas de las grandes edificaciones porteñas se volcaron hacia esa corriente que desplazó al art nouveau. El Kavanagh, construido ese mismo año, sintetiza los estilos racionalista y art déco. La confitería La Perla (1930) y los teatros Empire (1934), Metroplitan (1936) y Gran Rex (1937) son inconfundibles. Incluso el Ópera, cuya obra había comenzado muchos años antes, pero se interrumpió por la fiebre amarilla, cuando se terminó en la década del treinta, también incorporó elementos del art déco.

Pero todos esos sitios son muy conocidos por el ojo del porteño y también de los turistas. En cambio, el edificio Varangot permanece oculto en medio de una jaula de cemento que se fue levantando a su alrededor con los años. Se trata de una construcción de seis pisos con una fachada que fue definida en el libro Buenos Aires, Art Déco y Racionalismo como un “puro juego de polleras, collares y tocado hecho de estrías y esferas”.

Entre el segundo y tercer piso sobresalen unos listones verticales de distinto tamaño que dan una sensación ondulante, mientras que hacia el centro aparecen dos filas de esferas que se van achicando de tamaño a medida que suben. En el sexto piso hay un diseño similar y en lo alto se recorta la cúpula con forma poliédrica, con muchas más esferas que la custodian, y que se observa desde Avenida Rivadavia. La puerta de ingreso es la original, de hierro y pintada de un color turquesa, luce esferas doradas en su diseño.

El edificio, con un deterioro visible, está habilitado comercialmente y allí funcionan un instituto de idiomas, otro de cosmetología y una escuela de arte. Con toda su rutina urbana a cuestas, el Varangot es otra de las tantas joyas arquitectónicas de la Ciudad que, pese a que está a la vista de todos, sigue oculta para la mayoría. 

 

 

 

 

 

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