MACA (Uruguay): un faro artístico en orillas rioplatenses

Inaugurado a principios de 2022 en Manantiales, cerca de Punta del Este, el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry combina un destacado proyecto arquitectónico junto a un gran predio verde con un circuito escultórico.
Por Ignacio Marchini

 

Así empezó esta aventura, charlando con mis amigos Flor y Robert Van Zuidam y Wifredo Díaz Valdés. Hay una preocupación común entre artistas y coleccionistas, que consiste en pensar dónde irán a parar sus obras, el fruto de una vida, la pasión que los acompañó siempre. Así que hace ya algunos años nació la idea de construir un museo, aquí mismo en la Fundación Pablo Atchugarry, que es de alguna manera la herencia cultural que yo dejo para el Uruguay”.

El que habla es Pablo Atchugarry, escultor uruguayo y creador de la Fundación y el museo que llevan su nombre. El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) fue inaugurado a principios de 2022 con el fin de promover el arte uruguayo y rioplatense, principalmente, además de colocar a Uruguay en el mapa del circuito de exhibiciones internacionales.

La colección permanente incluye más de cincuenta obras de artistas predominantemente latinoamericanos, aunque también cuenta con la presencia de algunas creaciones provenientes de Estados Unidos y Europa. Entre sus destacados nombres podemos encontrar a Carmelo Arden Quin, uno de los fundadores, junto a Gyula Kosice, del movimiento Madí, una corriente del arte abstracto que elimina cualquier referencia con la realidad y las formas de la naturaleza; Joaquín Torres García, el pintor y teórico del arte uruguayo creador del universalismo constructivo, una doctrina estética que busca expresar la comunión del hombre con el orden cósmico; o Carlos Cruz-Diez, una figura importante dentro del arte cinético latinoamericano.

Además de la colección permanente Pablo Atchugarry, el museo cuenta en la actualidad con dos exposiciones temporales hasta septiembre: Construcción de un lenguaje, un trabajo de la artista plástica uruguaya Verónica Vázquez sobre la “huella del tiempo”; y Línea Merín, una obra de Martín Pelenur que explora sobre la línea divisoria entre Brasil y Uruguay, con una puesta en escena pensada especialmente para una de las salas de exposición del museo. Para su inauguración, en enero de este año, las muestras temporales seleccionadas fueron una exposición retrospectiva internacional titulada Christo y Jeanne-Claude en Uruguay y Heliografías, una serie de veintisiete grabados heliográficos de imágenes compuestas con figuras de Letraset (de transferencia en frotado), del legendario artista argentino León Ferrari.

Uno de los puntos álgidos de visitar el predio de la Fundación Pablo Atchugarry es, sin dudas, el Parque Internacional de Esculturas, distribuido a lo largo de veinticinco hectáreas. El diálogo entre las esculturas monumentales con el paisaje que las rodea potencia la experiencia de recorrer el hermoso predio campestre, plagado de obras tanto de artistas nacionales como internacionales, en una verdadera exposición de land art que engloba distintas técnicas. 

Entre las setenta y dos esculturas que integran el Parque se destaca La Piedad,  uno de los trabajos en mármol del fundador del museo, una composición abstracta de dos cuerpos que retoma una de las temáticas predilectas de Miguel Ángel. También son protagonistas el imponente Golden Bear, hecho de fibra de vidrio y mosaicos, a cargo de Cracking Art, un colectivo comprometido con el medio ambiente que refleja a través del arte los vínculos de la vida natural con la realidad artificial; y el Cavernaculum, de Octavio Podestá, una forma abstracta hecha de hierro policromo que tiene capacidad de movimiento debido a las articulaciones que tiene incorporadas, algo característico del trabajo del escultor uruguayo. 

Ubicado en la localidad de Manantiales, en Uruguay, el predio ocupa en su totalidad cuarenta hectáreas de un bello paisaje natural y alberga no solo al museo, sino también al taller del escultor, un auditorio, un anfiteatro, una biblioteca, una capilla y una posada que oficia de casa central de la Fundación. El diseño del MACA estuvo a cargo de Carlos Ott, un reconocido arquitecto uruguayo que es el ideólogo de importantes edificios como la Ópera Bastilla, en París, y el Edificio Libertad Plaza, en Buenos Aires. El museo de cinco mil metros cuadrados, separado en dos edificios que terminan en puntas que se acercan pero no se tocan, consta de cuatro salas de exposiciones, una cafetería y una sala de cine. Con la forma de un barco, está compuesto por tablones curvos de madera de eucalipto que fue traída de Francia y ensamblada por técnicos franceses en el lugar, siguiendo las curvaturas del terreno e insertándose de manera orgánica en el suelo, por lo que su emplazamiento en sí es una pieza de arte ambiental.

Pablo Atchugarry es un escultor uruguayo nacido en 1954. Si bien en sus comienzos utilizaba la pintura, su interés decantó hacia la escultura, disciplina sobre la que fundó casi toda su carrera. Su primera obra, Caballo (1971), es una escultura de cemento, material que lo acompañaría durante varios años hasta que quedó atrapado por la elegancia del mármol a finales de los años 70. A comienzos de 2007 creó la Fundación que lleva su nombre, “con el objetivo de promocionar las artes y crear un lugar de encuentro para artistas de todas las disciplinas”, según puede leerse en el sitio web de la institución. Un objetivo que, quince años después, se consolidó con la inauguración del MACA.

 

 

 

 

 

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