Confitería La Ideal

Ejemplo máximo de la Belle Epoque de la ciudad y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; este clásico porteño reabrió sus puertas totalmente restaurado, respetando su fisonomía original.  
Por Martín Sassone

 

Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Hipólito Yrigoyen, Arturo Frondizi, Marcelo Torcuato de Alvear y Juan Domingo Perón son algunos nombres de la cultura y la política argentina que tenían debilidad por el lugar. Pero también figuras internacionales quedaron encantados con el local y su historia: el baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts; la actriz mexicana María Félix; el director italiano Vittorio Gassman; la artista conceptual Yoko Ono; y hasta Alan Parker, que filmó allí algunas escenas de Evita, el filme que protagonizó Madonna. Estamos hablando de la Confitería La Ideal, un clásico porteño que hace poco reabrió sus puertas tras varios años de reacondicionamiento. 

Ubicada en Suipacha 384, entre Corrientes y Sarmiento, a poco más de 100 metros del Obelisco porteño, La Ideal fue declarada Café Notable de la Ciudad de Buenos Aires y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue fundada en 1912 por el inmigrante español Manuel Rosendo Fernández y su logo está inspirado en la Flor de Lis, que representa la vida, la perfección y la luz.

El local es otro ejemplo vivo de la Belle Epoque porteña. Fue construido con materiales y elementos importados de Europa: arañas francesas, sillones checoslovacos, vitrales italianos, boiserie de cedro tallada artesanalmente, mármoles para las escaleras, cristal biselado para las vitrinas, bronces y hierro negro. 

El paso del tiempo, cierta desidia comercial y las modas cambiantes, casi de manera inevitable, fueron erosionando su fachada y su interior, pero no pudieron con su historia. En 2016, un grupo gastronómico la compró y proyectó una completa renovación respetando su fisonomía original. Las obras se demoraron más de lo pensado, especialmente por la pandemia, pero finalmente, la emblemática confitería reabrió sus puertas. 

La restauración, a cargo del arquitecto Alejandro Pereiro, incluyó las arañas francesas, la boiserie de cedro, que disimula los 44 equipos de aire acondicionado, 22 en el salón de planta baja y 22 en su primer piso. También se refaccionó todo el mobiliario, los vitrales italianos, bronces, mármoles, rejas y vitrinas, y el cielorraso con sus detalles dorados a la hoja. Además se recuperaron algunos de los elementos que fueron desapareciendo con los años, como los clásicos faroles del frente del edificio y los escudos de bronce, que ahora están colgados en el interior del salón principal. La zona de pastelería quedó ubicada en el mismo lugar y el salón de unos 2.000 m2 tiene alrededor de 80 mesas. 

Uno de los pocos detalles nuevos que apareció tras la reforma es una baranda vidriada alrededor del hueco central en el primer piso, que permite que la luz natural que ingresa por el vitral de la claraboya llegue al salón principal.

La Ideal sobrevive en un mundo muy distinto al de cuando abrió sus puertas, con una historia no tan dramática como la de la Confitería del Molino y más parecida a la del Tortoni, el más antiguo de la ciudad, lugares con los que comparte un lugar en la santísima trinidad de los cafés porteños. 

 

 

 

 

 

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