El futuro después del futuro según Lu Yang 

Su serie de avatars disuelven la danza en el no cuerpo digital del live motion, mientras transitan por universos cyberfunk de animé, porno, videojuegos y deidades electro-budistas. 
Por Fernando García

 

Por 67 dólares, la plataforma Sedition (¿una evocación de Seditionaires, el primer nombre de la tienda con la que Vivienne Westwood y Malcolm McLaren inventaron el estilo punk?) ofrece una de las 100 copias digitales de Riku Riku Dance N 1, un video de la artista china con base en Tokyo, Lu Yang (Shangai, 1984). Acaso a la invasión china de productos manufacturados a un costo muy inferior del valor occidental, pero emulando sus atributos le siga la conquista aurática por otros medios. En Shanzhai: el arte de la falsificación y la deconstrucción en China, Byung Chul Han explica que para la idiosincrasia del imperio (ya fuera en su forma monárquica o en este capitalismo no-liberal) la idea de originalidad tan cara al arte desde el Quattrocento es irrelevante. “La idea de original está estrechamente entrelazada con la de verdad, y la verdad es una técnica cultural que atenta contra el cambio por medio de la exclusión y la trascendencia. Los chinos aplican otra técnica cultural, que opera con la inclusión y la inmanencia. Sólo en el terreno de esta última es posible relacionarse con las copias y las reproducciones de manera libre y productiva”. Shanzai es una palabra-concepto para designar todo aquello que vuelve indistinta la copia del original y que, desde una mirada moderna, llamaríamos artesanía. La imaginería visual que dispone la joven Lu Yang en los tres minutos cuarenta y cuatro segundos de Riku Riku Dance N 1 debería considerarse entonces como Deep Shanzai para dar cuenta de una hibridez ya no artística sino filosófica. Una chuchería china inaudita cuyo precio en dólares parece absurdo ante el mundo que se abre apenas se le da play a esta coreografía de su serie Electromagnetic Brainology (Cerebrología electromagnética). ¿¿¿WTF???? 

En su posteo en IG del jueves 20 de julio de 2023, Lu Yang le puso acaso el mejor nombre posible a su obra donde lo físico y lo virtual se entreveran en una retroalimentación sin límite. Escribió Unidentified Fabulous Object lo que vendrían a ser Objeto Fabuloso No Identificado, apropiando la sigla UFO (OVNI acá) y todo el sedimento cultural sci-fi de extrañeza, fascinación, amenaza y también ilusión por detrás. Lu Yang es ya una mutante que deviene avatar y disuelve los movimientos de la danza en el no cuerpo digital a través de una sofisticada logística de live motion. Asomarse apenas a su serie Doku es de un vértigo tal, como si toda la luminotecnia, el animé, los videojuegos, el porno y el cine de horror B japonés, más un panteón de nuevas deidades electro-budistas se fundieran en un relámpago. 

Entre mayo y junio la Neue Galerie de Berlín, la catedral vítrea de Mies Van der Rohe, exhibió su video instalación Digital Alaya (2022) en tensión con una joya de la colección: la escultura Organische Formen (1921) de Rudolph Belling, considerada parte del arte degenerado por los nazis. Lu Yang es una de-generada y cien años después su mundo no parece el del futuro (el del expresionismo Metrópolis y Belling) sino el del futuro después del futuro. Beyond the beyond

En 1996 Malcolm Mc Laren decía que había encontrado la fórmula para repetir el escándalo de los Sex Pistols en una banda de chinas lesbianas llamada Gengis Khan. Fue uno más de sus descabellados proyectos inconclusos. Sin embargo, estaba viendo (otra vez) lo que se venía. El Deep Shanzai de la joven Lu Yang rompe los ojos. Pero a no confundirse: lo de cyberpunk, tanto como lo de futurista, le queda mal, ropa vieja (y sucia) afuera. Mejor pensar sus UFO en universos paralelos como lo cyberfunk. Ninguna distopía, pura exaltación del cuerpo duplicado en busca de un nuevo bosque sagrado más allá de las fronteras del tiempo y el espacio. Y si no prueben a darle play y ver la danza Riku Riku en la plataforma Sedition.   

 

 

 

 

 

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