Marcel Duchamp: el gran provocador

Fundador del  arte conceptual y “El hombre más inteligente del siglo XX” según André Bretón, el artista francés marcó un antes y un después en el ADN de la historia del arte contemporáneo.
Por Gisela Asmundo

“No quería que me llamaran 'artista'. Quería aprovechar la posibilidad de ser un individuo, y supongo que lo he logrado, ¿no?" M. D.

 

Marcel Duchamp nació el 28 de julio de 1887 en Blainville, Normandía, en una familia de clase media acomodada e intelectual, con una destacada tradición artística. Su padre Eugène Duchamp era un señor refinado y de gusto notable, respetuoso con las libertades de sus seis descendientes, tal es así que otros de sus hijos varones, Gaston y Raymond también fueron artistas, e incluso una de sus hijas, Suzanne, se hizo pintora.

 

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El joven Marcel Duchamp.

 

En 1905 Marcel viajó a París para estudiar en la Académie Julian, en la cual produjo sus primeras pinturas que tomaron influencias de Cézanne, el cubismo y el futurismo. La obra Desnudo descendiendo una escalera (1912) es un buen ejemplo de estas inspiraciones. Pero es a partir de 1913 que rechaza lo que describe como “arte retiniano” y se interesa por lo que luego llamaría “ready-made” (objetos que normalmente no se presentan como artísticos, pero que por consideración del artista se legitiman como tales). 

En 1915 arriba a los Estados Unidos, acuña definitivamente el término “ready-made” para describir su “arte encontrado” y se vincula con Francis Picabia, Man Ray y Beatrice Wood, entre otros, en la creación de un movimiento cultural antirracional, antiarte y proto-dada. 

Tras su retorno a Europa en 1923 se estableció en Neuilly. Halló tiempo para casarse, una primera vez en 1927 y una segunda, decisiva, en 1954, con Alexia Sattler conocida como Teeny. Ambos matrimonios fueron marcados por la discreción, y una vida privada lejos del dominio público de otros famosos de la época.

Desde los años veinte, y durante la década del treinta su investigación artística pasó por los juegos ópticos y cinematográficos, siendo en ese aspecto precursor de uno de los movimientos de vanguardia de los años sesenta, el arte cinético, aunque tenía aspiraciones aún más elevadas. Sin su influencia no hubieran existido seguramente personalidades artísticas como las de Rauschenberg, Klein y Beuys. Durante todo ese tiempo permaneció en Neuilly con esa elegancia y gentil elocuencia que lo caracterizaba, digna de un dandy del siglo XX.

El 2 de octubre de 1968 alejado del ruido mundanal y de forma discreta, Marcel Duchamp se echó a dormir para siempre. Uno de sus amigos, Arturo Schzwarz, expresó: “Era hermoso, noble, sereno… Una ligera sonrisa en los labios. Parecía feliz de haber probado suerte yéndose así, a la inglesa. Un final digno para su vida”.

 

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Jaque mate al arte

Duchamp pensaba que la pintura no tenía que ser solo “retiniana” o visual, sino que debía involucrarse con la materia gris de nuestro entendimiento en lugar de ser puramente sensorial. Veinticinco años después de su Desnudo bajando una escalera Nº 2, el pintor estadounidense Daniel MacMorris le preguntó: ¿“El desnudo” es una pintura?, a lo cual Duchamp respondió categóricamente: “No, es la organización del espacio y el tiempo a través de la expresión abstracta del movimiento”. En la ulterior obra de Duchamp y en la abstracción de sus ideas -que no pertenecen al tipo de abstracción de Malevich, por dar un ejemplo- se percibe el poder, el alcance y el influjo de su personalidad. Sus afirmaciones orientadas a entender la conceptualización de su obra se han escapado algunas veces incluso del entendimiento del más experto. Tal es el caso de la serie de interpretaciones que se han tejido alrededor de una de sus obras maestras, El gran vidrio, cuyo significado intrínseco ha quedado abierto, ya que Duchamp la dejó inconclusa y nunca la finalizó. 

 
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El crítico y curador francés Bernard Marcadé, en su libro Marcel Duchamp, relata que el gran acontecimiento de la primavera de 1912 fue el estreno de Impresiones de África de Raymond Roussel (novelista y ajedrecista francés) en el teatro Antoine, a la que Marcel concurrió en compañía de Francis Picabia y Gabrièle Buffet-Picabia, por iniciativa del poeta Guillaume Apollinaire. La obra, adaptación del propio Roussel de su novela homónima, había sido puesta en escena seis meses antes en el teatro Fémina, y según la propia declaración de su autor había sido un fracaso que provocó una protesta airada, al punto de tratarlo de loco. Pero las escenas inverosímiles y el carácter visual de la obra fue lo que impresionó a Duchamp. Roussel fue impopular en su tiempo y los críticos de la época le dispensaron comentarios negativos por unanimidad. Sin embargo, las Impresiones de África y Locus Solus de Roussel, estaban escritas de acuerdo a restricciones formales basadas en juegos de palabras, algo que fue admirado por los surrealistas y otros artistas de vanguardia.

 

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Otra anécdota de Marcadé narra algunas chiquilinadas del artista que involucran a Louise Varèse (escritora, editora y traductora estadounidense de literatura francesa cercana al dadaísmo de Nueva York) junto a su amigo y compatriota, el artista cubista Albert Gleizes. Varèse recuerda: “La mañana siguiente al baile de Webster Hall acabamos la velada en mi departamento con Marcel y otros amigos. Hambriento luego de una noche de fiesta, Marcel se precipitó sobre mi heladera, donde encontró una magnífica pata de cordero casi intacta. No era mía, sino de Gleizes, quien, como no tenía refrigerador en su departamento del piso de arriba, usaba a veces el mío y guardaba el sábado por la noche la comida para el domingo. Protesté un poco pero Marcel ya había comenzado a despedazarla y, con la boca llena, decía que yo no tenía sentido del humor. Después de comerla entera, el hueso de la pata se convirtió en un ready-made, sobre el cual Marcel, al estilo Dadá, estampó su agradecimiento. Lo depositó, junto con dos billetes de banco, delante de la puerta de los Gleizes. A todos nos había parecido terriblemente gracioso. Solo Juliette y Albert no se divirtieron cuando descubrieron que los vagos del piso de abajo habían devorado su comida del domingo. Marcel se pasó toda la mañana buscando un sustituto por algún lado”.

De gran sentido del humor, Duchamp siempre actuó bajo el influjo de una fuerte personalidad, que puede ser considerada como su verdadera obra maestra. Él mismo sostenía cosas como: “Actúo como un artista, aunque no soy uno de ellos […] el arte no me interesa. Quienes me interesan son los artistas” o “La seriedad es peligrosa. Para evitarla hay que incorporar el humor. Si se incorpora el humor, la única seriedad que podría considerar es el erotismo”. Frases que corroboran de alguna manera la idea de que no existe peor seriedad que la institucionalización del humor, que se volvería algo así como un reductio ad absurdum (reducción al absurdo). Lo que no cabe duda es que Duchamp sabía divertirse, aunque a veces se mofara de los demás, es por eso que cuesta tomar con total credulidad sus palabras y expresiones; como cuando afirmaba que uno no elige un ready-made, sino que es este último quien lo elige a uno. 

En una carta a su hermana Suzanne fechada el 15 de enero de 1916, Marcel comenta sus gestos neoyorquinos en relación a los objetos hallados y firmados, relacionándolos con sus experiencias parisinas de los años 1913-1914. Allí narra: “[…] Si has subido a mi casa (de la Rue Saint-Hyppolyte) habrás visto en el taller una rueda de bicicleta y un porte-bouteilles (porta-botellas). Lo había comprado como si fuera una escultura ya hecha. Y tengo una idea respecto al mencionado porte-bouteilles: Aquí, en New York, he comprado objetos del mismo estilo y los trato como “ready-made”, sabes bastante inglés para entender el sentido de “ya hecho” que doy a estos objetos. Los firmo y les anoto una inscripción en inglés”.

 

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Bicycle Wheel (Rueda de bicicleta, 1913).                                    Porte-bouteilles (Porta-botellas, 1914).

 

En relación a su filosofía de vida y pensamiento teórico-práctico Duchamp decía: “Hay un punto que quiero aclarar muy especialmente, es que la elección de estos ready-mades nunca me fueron dictados por una delectación estética. Esta elección estaba fundada en una reacción de indiferencia visual, nacida al mismo tiempo de una ausencia total de buen o mal gusto… De hecho, una anestesia completa”.

Está claro que a partir del surgimiento de los ready-made la noción del arte se transformó radicalmente. Se produjo un cambio sustancial de argumentación en el mercado y se consolidó la idea de que cualquiera podía ser artista y creador. En ciertos casos, tales premisas, han servido a operadores astutos para poner más énfasis en lo económico y generar la consagración de artistas cuyos mayores logros han sido su condición de celebridades. La respuesta de algunos críticos fue la adaptación a las reglas del juego, mientras que el espectador no especializado aceptó lo popularizado.

 

La Fuente (1917)

“La vida es deliciosa cuando la vivimos con placer, y esa fue mi actitud”. M. D.

 

En Nueva York, en abril de 1917, un urinario fue elegido por Duchamp para presentar en la exposición inaugural de la Sociedad de Artistas Independientes, ubicada en el Grand Central Palace. En la exhibición la orientación del mingitorio fue alterada de su posición habitual. Según una versión, Duchamp, acompañado por el artista Joseph Stella y Walter Arensberg (coleccionista y crítico de arte de la época), compró un urinario modelo Bedfordshire estándar de J. L. Mott Iron Works, en la 118 Fifth Avenue. Luego llevó el objeto al estudio que tenía en 33 West 67th Street, e invirtió la posición de uso originalmente prevista y firmó con el célebre: "R. Mutt 1917". 

En ese momento Duchamp y Arensberg formaban parte de la junta de la Sociedad de Artistas Independientes. Después de debatir sobre si la pieza era o no arte los demás miembros de la junta (la mayoría de los cuales no sabían que Duchamp la había presentado) retiraron la obra de la exposición. Duchamp y Arensberg declinaron de la junta. El urinario se expuso en la galería vanguardista 291 donde el reconocido fotógrafo Alfred Stieglitz, amigo de Duchamp, la fotografió.

Se desconoce por qué Duchamp la presentó a la exposición y cuál fue el destino de ese original. Según Calvin Tomkins (autor y crítico de The New Yorker), se podría tratar de una provocación dirigida a la facción que se tomaba más en serio las cuestiones artísticas. Los dadaístas de Nueva York provocaron diversas controversias en torno a La Fuente. La más recordada fue la publicación en el segundo número de The Blind Man (revista artística publicada en N.Y. en 1917, editada por Henri Pierre Roché, Beatrice Wood y el propio Duchamp), que incluía una foto de la pieza y una carta de Stieglitz, y escritos de Louise Norton, Beatrice Wood y Louise Arensberg.

 

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Al firmar un producto de serie industrial como el mingitorio, estaría negando abiertamente la categoría de producción individual que define a un artista. Para el teórico del arte Peter Bürger: "La provocación de Duchamp no sólo evidencia que el mercado de arte, que atribuye más valor a la firma que a las obras, es una institución cuestionable; sino que hace vacilar el mismo principio del arte en la sociedad burguesa, conforme al cual el individuo es el creador de las obras de arte. Los ready-made de Duchamp no son obras de arte, son manifestaciones”.

En otra carta  a su hermana fechada el 11 de abril de 1917, aparece un comentario que ha llamado la atención de los historiadores, en la cual menciona lo siguiente: "Una de mis amigas, bajo el seudónimo masculino R. Mutt, ha mandado a la exposición un urinario de porcelana como si fuera una escultura. No es para nada indecente. No había ninguna razón para rechazarlo. Pero el jurado ha decidido no exponer semejante cosa. He presentado mi dimisión y seguro que se hablará de ello en Nueva York. Me gustaría hacer una muestra con la gente que haya sido rechazada por la Sociedad de los Artistas Independientes, aunque sería un poco redundante. Además, el urinario estaría solo”.

La amiga en cuestión fue Elsa von Freytag-Loringhoven, más conocida como la baronesa Elsa, una artista muy nombrada en el ambiente bohemio de la Nueva York de entreguerras. Sus dotes artísticas eran variadas, se dedicaba a la escultura, la poesía y la performance. También realizaba pinturas en forma de assemblages (ensamblajes artísticos), además de diseñar vestuario. Creaba a partir de objetos encontrados y obtenía los materiales de los desechos que buscaba en la calle. Lo de baronesa era una suerte de burla, ya que era una mujer pobre, que vivía con varios perros, y que había sido arrestada en numerosas ocasiones por deambular desnuda debido a sus trastornos psicológicos. En el epicentro de una ciudad poblada de artistas de vanguardia, participaba de las tertulias de gente como Ezra Pound, Hemingway y supuestamente estaba perdidamente enamorada de Duchamp. Si es cierto lo de la carta, Duchamp además de haber sido un gran bromista habría sido también un gran impostor, ya que la famosa fuente presentada en la exhibición habría sido una idea de Elsa von Freytag-Loringhoven. 

 

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La baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven.

 

El diario inglés The Independent señaló en un artículo que con La fuente Duchamp inventó el arte conceptual y rompió para siempre el vínculo tradicional entre la labor del artista y el mérito de la obra. Es curioso  cómo algunos espectadores se plantan frente a la obra por un lapso de tiempo, en una actitud de contemplación, como si intentaran develar algún tipo de significado intrínseco (sucede lo mismo con las action painting de Jackson Pollock). Según Marcadé: “Duchamp finalmente se vio obligado a admitir que el ready-made contradijo su intención inaugural, y esto a pesar de su voluntad de limitar la cantidad”. En palabras de Duchamp: “El hecho que los ready-made sean mirados con la misma reverencia que los objetos de arte quiere decir probablemente que no logré resolver el problema consistente en tratar de acabar por completo con el arte”. 

En diciembre de 2004, el famoso urinario fue votado como la obra de arte más influyente del siglo XX por quinientos especialistas del mundo del arte británico. El segundo lugar fue otorgado a Les Demoiselles d'Avignon de Picasso (1907) y el tercero a Marilyn Diptych (1962) de Andy Warhol. El origen del reconocido y provocador mingitorio todavía parece no estar muy claro. Lo que no tiene discusión es que por ironías de la vida, la historia convirtió a Marcel Duchamp en “el padre del arte conceptual”.

 

 

 

 

 

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