Sábado, 07 Febrero 2026

Las ideas políticas de Dora Maar

Del fervor revolucionario al repliegue religioso, la fotógrafa francesa transitó caminos ideológicos tan complejos como su obra. Una exploración de esta faceta a partir de documentos y testimonios.
Por Victoria Combalía Dexeus

Victoria Combalía Dexeus es historiadora, crítica de arte y biógrafa de Dora Maar, a quien entrevistó en 1994 cuando tenía 87 años. 

 

En agosto de 1934, dos años antes de convertirse en la amante de Picasso, Dora Maar viajó a Rusia. Lo sabemos por una carta a su padre, inédita hasta hoy, en la que le explica sus impresiones del viaje, que era un crucero por los países del Norte.

 

Cher papito: Je viens de terminer l´étape Léningrad-Moscou qui a été magnifique (…) dans l´ensemble c´est quelque chose d´absolumment extraordinaire. Le peuple est absolument en guenilles. Les maisons délabrées. Mais à coté il y a de magnifiques constructions nouvelles et une foi extraordinaire de tout le peuple qui peut se comparer à la foi des ouvriers du moyen âge lorsqu´ils construisent les cathédrales. Jour et nuit les equipes d´ouvriers travaillent à d´ inmensses chantiers , les femmes comme les hommes sont maçons ,terrassers , arpenteurs. Ça a gardé une couleur locale intense. Et la jeune génération est d´un enthousiasme et d´une beauté extraordinaire. (…)” (1)

 

Dora, en pleno compromiso político, se deja seducir por los logros de una sociedad “en construcción” pero al igual que le sucediera a Stephan Zweig unos años antes y a tantos otros intelectuales, también contempla las casas viejas y desconchadas, la miseria cotidiana y la falta de artículos de primera necesidad. No hace alusión a la posición de los intelectuales, si vio a alguno, aunque no era éste un tema para hablarlo con su padre. Y aun no se habían producido los Juicios de Moscú (1936-1938), que serían inmediatamente denunciados por André Breton. El año anterior, sus amigos del Groupe Octobre -al cual ella fotografió-, habían viajado en mayo a Moscú para representar allá El Retablo de las maravillas de Cervantes, en adaptación de Jacques Prévert; los comentarios del grupo ya habían sido muy críticos sobre el control ejercido por sus anfitriones rusos.

Nada presagiaba esta concienciación política en los ideales de izquierdas porque Dora Maar había nacido en una familia burguesa, hija de un padre croata, el arquitecto Joseph Markovitch, y de una francesa de Cognac, Julie Voisin, una madre protectora y muy piadosa. Tras unos estudios en el Lycée Molière de Paris, Dora siguió los cursos de la Union Centrale des Arts Décoratifs y los de  la famosa Académie Lhote de pintura. Es entonces cuando conoció a Jacqueline Lamba, futura esposa de André Breton, y a Marianne y Marie-Rose Clouzot, hijas del conservador del Pallais Galliera, Henri Clouzot. A sus inquietudes artísticas se empezaron a añadir las intelectuales y entró a formar parte del grupo reunido alrededor de La revue nouvelle (1924-1931), una revista literaria y artística  fundada por Yotis Manuel-Lelis en donde participaba Marcel Zahar, el crítico de arte que le aconsejó que estudiara fotografía.

Uno de los primeros amantes de Dora Maar fue Louis Chavance, (2) amigo de la familia Clouzot y que sería el guionista del film Le corbeau (1943). Chavance pertenecía al grupo de la Revue Du cinéma en donde participaba su amiga Jacqueline Lamba, Philippe Soupault, Bernard Brunius y también Pierre Kéfer, quien en 1931 se convertiría en socio de Dora Maar creando el estudio fotográfico Kéfer-Dora Maar. Seguramente fueron Chavance y Jacqueline Lamba los que influyeron en la politización izquierdista de la fotógrafa: el primero había fundado en 1933 el Cercle d’étude des questions sociales et politiques, de extrema izquierda, mientras la segunda era miembro del Partido Comunista desde sus quince años. Cuando entrevisté a Dora Maar en 1994, me concretó su ideario político: “Estaba muy a la izquierda a mis 25 años, no como ahora, pero nunca me adherí al Partido Comunista”. (3)

Además, entre 1933 y 1934 entabló amistad con Michel Leiris, con Paul Eluard, con la llamada Bande à Prévert, y mantuvo una relación amorosa con el filósofo y revolucionario Georges Bataille. Ahí es donde la vemos firmar varios manifiestos de izquierda, como Appel à la Lutte, que Dora firmó junto con  Breton y un buen número de surrealistas, tras la manifestación fascista del 6 de febrero de 1934. No sabemos si Dora asistió a la contramanifestación del 12 de febrero, pero Marcel Jean la recuerda en una dedicatoria en la que se lee: “A Dora Maar, desde las mañanas hasta las vísperas de las algaradas, en un Luna-Park de ametralladoras”.

Pero donde se traduce mejor la preocupación social de Dora Maar es en su extraordinario conjunto de fotografías de calle, en donde capta con mano maestra a los desheredados de la sociedad: los menesterosos y pedigüeños, los arruinados por el crack de 1929, las madres con hijos, los viejos durmiendo en la calle, los vendedores ambulantes, los tullidos. Ella los fotografía con una gran empatía, y a veces con una suerte de piedad laica. También, como sus colegas surrealistas, extrae y expresa la inquietante extrañeza de lo cotidiano y se fija en los barrios periféricos, las zonas limítrofes, las barracas y los monumentos vistos por detrás o con una mirada llena de humor o misterio. 

En 1935 Bataille y Breton crearon el grupo de ultraizquierda Contre-Attaque, del que Dora Maar fue una suerte de portavoz. Este grupo se situaba a la izquierda del Partido Comunista, se oponía al parlamentarismo burgués, que consideraban corrupto y proponía una revolución de costumbres como la libre expresión de la sexualidad, la liberación de los niños de la tutela paterna, en un ideario inspirado en Sade, Fourier y Nietzsche.

La Dora militante continuó adhiriendo a manifiestos y asistiendo a reuniones. En agosto de 1935, firmó también el Du temps que les surréalistes avaient raison (Del tiempo en que los surrealistas tenían razón). En este texto, los surrealistas comentaban el boicot del que eran víctimas por parte de los intelectuales estalinistas en el Congreso Internacional por la Defensa de la Cultura. Se proclamaban en contra de toda idea de Patria y sobre todo, manifestaban su decepción respecto al realismo socialista y al tipo de valores morales que imponía la educación estalinista, al más puro estilo pequeño-burgués. Este escrito fue firmado, entre otros, por André Breton, Dalí, Óscar Domínguez, Paul Éluard, Max Ernst, Dora Maar, René Magritte, Meret Oppenheim, Benjamin Péret, Yves Tanguy y Man Ray.

Aunque no formó parte del grupo AEAR (Association des Écrivains  et Artistes Révolutionnaires) sí expuso con ellos en la exposición Documents de la vie sociale en 1935, en donde el crítico Paul Gilson la nombró como uno de los mejores fotógrafos “revolucionarios” del momento, junto a John Heartfield, Man Ray y Brassaï. 

No es extraño, pues, que tal y como me comentó el actor Maurice Baquet, Dora influyera en la concienciación política de Picasso durante la Guerra Civil española, una toma de posición que se tradujo en el Guernica, que Dora fotografió en todas sus etapas. 

Por tanto, mucha gente se pregunta cómo Dora pudo pasar de ser una activista de ultraizquierda a ser una católica integrista y de ideas políticas sumamente conservadoras. De hecho, superar el trauma del abandono de Picasso fue para ella como liberarse de una droga dura, y sólo lo consiguió mediante un psicoanálisis con Jacques Lacan, el retorno a la religión y la práctica diaria de la pintura. 

Cuando le pregunté si fue Lacan –como decían los rumores- el que la apoyó en su retorno a la religión, me contestó lo siguiente: “No, he vuelto de manera natural a la religión de mi infancia; es la gracia, como suele decirse”. Picasso solo podía ser suplido por Dios, pero con todo, tomó un guía espiritual en la figura del Abad Jean de Monléon, a quien conoció en 1952. Dora incluso quiso entrar en un convento de benedictinas pero el esfuerzo fue demasiado duro para ella. 

Al final de su vida, el marchante Marcel Fleiss la visitó para negociar una exposición de sus pinturas y vio en una estantería, de forma ostensible, el libro Mein Kampf de Hitler. Esto ha hecho suponer un antisemitismo por parte de Dora. Y sin embargo, entre los libros conservados en su biblioteca también estaba el Libro Rojo de Mao. Yo tuve en mis manos este Mein Kampf: no está ni leído ni subrayado, casi parece no haber sido abierto. Se trata de la edición hors commerce de los años treinta, en cuya primera página el Marechal Liautey escribe: “Tout Français doit pouvoir lire ce livre”, ya que el canciller alemán había escrito claramente: “Notre objectif principal est d' écraser la France”. El texto de Mi lucha se tradujo al francés en 1934 pero Hitler inició un pleito por violación de derechos de autor, que ganó. Entonces el editor publicó una edición hors commerce de 5000 ejemplares que se distribuyó entre políticos e intelectuales, con el fin de que se conociera el pensamiento de quien había declarado a Francia como el peor enemigo de Alemania. Bataille debió de regalar el libro a Dora, ya que él, en su ideario de Contre-Attaque, pretendía, por decirlo de alguna manera, darle la vuelta al pensamiento fascista, trocando la figura del dictador por la del pueblo. 

En la visita que le hizo el marchante Marcel Fleiss, Dora Maar le preguntó al galerista: «¿No será usted judío? Pues si lo es, no le vendo mis fotografías». A lo cual él, mintiendo, le respondió que no. Esto ha sido interpretado como otra afirmación antisemita, pero yo me inclino por otras explicaciones. Una sería la de que ella, habiendo sido asediada por tantos marchantes, hubiera sido maltratada, económicamente hablando, por algún marchante judío en la venta de alguno de sus picassos. Otra sería que Dora sintiera cierta aversión por los judíos tras el trauma que supuso el arresto de su madre el 19 de julio de 1942, no sólo por faltarle un documento (en su paso de la zona libre a la ocupada) sino también por haber sido tomada por judía, dado su apellido Markovitch. Su madre, vieja y debilitada ya por la guerra, fue liberada al cabo de cincuenta días, pero murió muy pronto, en octubre de aquel mismo año, de una hemorragia cerebral. Y finalmente también podía haber sido una pequeña provocación, como las que Picasso solía utilizar tantas veces con sus marchantes para ponerles nerviosos o dominar la situación.

¿Porqué pensar que Dora era antisemita si el mejor amigo de sus padres, Georges Voronoff, fue gaseado en Auschwitz? Y que entre sus amigos se contaba Max Jacob, Lise Deharme y Sonia Mossé. En todo caso, sí fue de derechas, pero cuando yo hablé con ella en 1994 no le interesaba la política ni el fascismo, sino San Juan de la Cruz y sus propias fotografías. 

 

 

1. La carta se halla en la Succession Dora Maar. Agradezco a los herederos de Dora Maar el haberme dado acceso a este archivo.

2. Sobre Louis Chavance, ver Allain, Patrice: «Louis Chavance. Du crime et des rêves… les héros se glissent à la faveur de la nuit » in "Temps Noir" n°21, La revue des littératures policières, mars 2019, pp. 293-359.

3. Entrevisté a Dora Maar en 1994. Mi investigación sobre la fotógrafa se volcó en Dora Maar, a pesar de Picasso (Barcelona, 2013; edición corregida y aumentada: Dora Maar, la femme invisible, éditions invenit, Lille, 2019).

 

 

 

 

 

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